Muere Ronnie Spector, legendaria cantante de las Ronettes


El trote de tambores desbocados de ‘Be My Baby’, las taquicardias adolescentes del pop de los sesenta, el poderío de los grupos de chicas dominando las listas de ventas a golpe de hit… Sí, el envoltorio, ese arrollador muro de sonido wagneriano ideado por el pérfido Phil Spector importaba, pero nada hubiese sido lo mismo sin Ronnie Spector. Ella fue, con su apariencia menuda y su voz desbocada, con sus peinados de equilibrio imposible y su mirada gatuna, llama y fuego de la joven América. La
chispa que incendió tocadiscos y calcinó corazones con esas canciones de amores de los que no se olvidan y fogosos desamores.

Una luz que deslumbró en los sesenta, sobrevivió como buenamente pudo a los setenta y se ha apagado definitivamente este jueves.

«Ronnie ha dejado este mundo tras una breve lucha contra el cáncer», ha anunciado la familia en un comunicado que despide a la cantante, de 78 años, recordando que vivió «con un brillo en los ojos, una actitud valiente, un perverso sentido del humor y una sonrisa en su rostro».

Así que «bye bye baby», que cantaba la propia Ronnie hace más de dos décadas junto al también desaparecido Joey Ramone, uno de los muchos, muchísimos artistas, que la menuda Ronnie, poco más de metro y medio y un carisma que desbordaba cualquier costura, acabó arrastrando hacia a su campo gravitacional. La lista, imponente e interminable, incluye a John Lennon, Patti Smth, Ketih Richards, George Harrison o un Bruce Springsteen adolescente que, según cuenta la leyenda, se encaramó sobre un escenario para besar sus zapatos de tacón durante un concierto. También, claro, a Phil Spector, productor maníaco y maniático que la aupó al estrellato e hizo de su vida una auténtica pesadilla.

Nacida en 1943 como Veronica Bennett en una familia con raíces afroamericanas, cherokees e irlandesas, con apenas dieciséis años ya había puesto en marcha The Dolly Sisters, formación primeriza que compartía con su hermana Estelle Bennet y su prima Nedra Talley. En 1961 ganaron el concurso de talentos del Teatro Apollo de Harlem y en 1962 el grupo se convirtió en The Ronettes, bandera bajo la que Ronnie acabaría haciendo historia. «Tomamos la calle, la mezclamos con la moda y el estilo y la llevamos al escenario. Sí, éramos rock and roll. En la Motown eran aseados y tenían sus coreografías, mientras que las Ronettes éramos sudor, temblores y energía. Pero lo que nos hizo especiales fue que éramos diferentes a cualquier otro grupo de chicas», recordaba la propia cantante en 2018 coincidiendo con su primera gira por España.

‘Meet The Beatles’

Antes de que la ‘british invasion’ y los Beatles cambiasen las reglas de juego, los sesenta fueron suyos: ‘Be My Baby’, ‘Baby I Love’, ‘Walking in the Rain’, ‘Do I Love You?’, ‘(The Best Part Of) Breaking Up’… Con un éxito detrás de otro, las Ronettes se convirtieron en la sensación del momento, el grupo al que pedían conocer Lennon y McCartney durante la primera gira británica de las neoyorquinas y la clase de banda que podía contratar como teloneros a los Rolling Stones. Duró poco, sí, pero la intensidad fue deslumbrante y cegadora. «Fueron tiempos mágicos, los mejores momentos de mi vida», evocaba Ronnie.

Las Ronettes, en una imagen de archivo

Los peores, sin embargo, tampoco tardarían en llegar: casada con Phil Spector desde 1968, el productor la arrastró a un infierno de sobrecontrol, paranoia y maltrato psicológico. «Cada vez que llego a Los Ángeles vomito; allí pasé la etapa más miserable de mi vida», reconocía para resumir su vida junto a un enloquecido tirano que la encerró (literalmente) en su mansión californiana, donde la atemorizaba encañonándola con alguna de sus pistolas y amenazándola de muerte día sí día también. El productor,
que falleció el año pasado en la cárcel en la que cumplía condena por asesinato, también hizo todo lo posible por hundir su carrera en solitario.

Ronnie logró huir en 1972, pero la herida nunca llegó a cicatrizar del todo y durante años cualquier mención a su exmarido era tema vetado en las entrevistas. Tampoco ayudó que los intentos por remontar el vuelo junto a Billy Joel y la E Street Band primero y los Asbury Jukes de Southside Jonny después no acabasen de cuajar y su carrera se fuese desintegrando poco a poco.

El alcohol fue entonces su refugio, una adicción que arrastró durante años y de la que consiguió librarse justo a tiempo para, ahora sí, renacer a lo grande arrimándose al punk de los Ramones y Johnny Thunders y dejándose agasajar por fans como Keith Richards y Patti Smith en ‘The Last Of The Rock Stars’, álbum de título premonitorio con el que dejó sellada una carrera repleta de corazones hechos trizas, emociones a flor de piel y rock and roll en estado puro y salvaje. «Siempre supe que iba a ser una gran estrella del rock and roll», dejó dicho en una de esas frases que bien vale un epitafio.


Fuente: ABC.es .

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *