«Muchas tendencias políticas han querido apropiarse de Wagner»

Publicado el Por Sara Vargas


El crítico musical estadounidense Alex Ross vuelve a las librerías con ‘Wagnerismo’. Tras el sorprendente éxito de ‘El ruido eterno’, donde repasaba la historia de la música del siglo XX, ahora da cuenta de la influencia del compositor Richard Wagner en los movimientos culturales (no musicales) de los siglos XX y XXI. Y también en lo político: amante de escudriñar en las relaciones entre música y poder, Ross no esquiva ningún debate sobre las conexiones del nazismo con el compositor, y ahonda en la diversidad de corrientes ideológicas de todo tipo, a menudo discrepantes, que se lo han querido apropiar.

‘El ruido eterno’ empezaba con Strauss y Debussy. ¿Este ‘Wagnerismo’ es algo así como una precuela?

 una buena manera de verlo, sí. empieza antes que ‘El ruido eterno’, pero también llega hasta más tarde, porque incluye el siglo XXI. Cuando trabajaba en ‘El ruido eterno’, sentí a menudo que Wagner me distraía de mi propósito. El libro empieza en 1900, pero explicar a Strauss, Mahler, Debussy y tantos otros es imposible sin Wagner. Intenté ser muy breve, muy esquemático, a la hora de hablar de su influencia en la música del siglo XX, pero siempre estaba ahí. Cuando empecé a pensar en el siguiente proyecto, lo primero que me vino a la cabeza fue Wagner.

Le ha tomado, por lo tanto, bastante tiempo componer este volumen.

—He tardado diez años, un poco más que ‘El ruido eterno’, porque es un proyecto más complicado. El proceso de trazar la influencia de Wagner, especialmente en la literatura, implica a la mayoría de los grandes nombres del siglo XIX y XX: Baudelaire, Mallarmé, Eliot, Joyce, Woolf, Mann… Ha sido muy interesante estudiar este periodo de la cultura siguiendo el hilo de Wagner, viendo cómo la gente reaccionó a su influencia.

¿Podríamos decir que hay un Wagner diferente para cada uno?

—Hay muchas ideas diferentes acerca de Wagner, sí. He aprendido mucho acerca de cómo absorbemos el arte y cómo lo cambiamos y lo transformamos en función de nuestras experiencias. Al final te acabas preguntando quién es Wagner en realidad, porque hay tantas visiones, tanta gente que se han proyectado a sí misma a través de Wagner…

A menudo debe haber contradicciones.

—Eso se ve muy claro en el aspecto político. Se le asocia con la extrema derecha y con el nazismo, pero hay muchas tendencias políticas que han querido apropiarse de Wagner: comunistas, socialistas, socialdemócratas, liberales, conservadores, nacionalistas, fascistas… ¡y todos están escuchando la misma música! La interpretan de formas completamente diferentes. En ocasiones también se destacan algunos aspectos feministas, sobre los derechos de las personas homosexuales, activistas afroamericanos, judíos, etc. Te encuentras a un Wagner diferente vayas donde vayas. Y él sigue siendo el mismo.

¿Por qué pasa esto con Wagner, y no con otros compositores que también tuvieron conexiones con la política?

—Wagner atrae sobre sí mismo este tipo de debates. Era amante de las controversias, que yo creo que él mismo buscó. Al contrario que muchos otros compositores, él fue políticamente activo. Strauss, por ejemplo, desempeñó cargos políticos durante un tiempo, pero no se implicó en la publicación de panfletos, como sí hizo Wagner. Su panfleto antisemita, por ejemplo, es un documento bien conocido.

Y sigue siendo juzgado por haberlo escrito.

—Sí, pero tampoco hay que caer en la tentación de acusar a Wagner de todos los males. Se ha llegado a decir que la Alemania nazi fue propiciada por Wagner. Es una lectura muy pobre de la historia de Alemania. Las causas del nazismo son mucho más profundas y complejas. Es un gran error culpar a Wagner del nazismo.

¿Qué le parece la revisión de grandes figuras del pasado desde lo que hoy pensamos sobre temas como el poder, el patriarcado o el colonialismo?

—Yo soy partidario de afrontar la conversación sin evitar ningún tema, pero teniendo en cuenta que el pasado es el pasado y el presente es el presente. No podemos esperar que las figuras del pasado se ajusten a nuestra idea de lo que es un comportamiento adecuado, porque en el futuro también se nos podría juzgar a nosotros por cosas que nosotros ahora consideramos ahora correctas. Hay que buscar un equilibrio sano, y en Wagner no existe ese equilibrio. No se puede ni sacralizar a las figuras problemáticas del pasado como si no hubiera pasado nada ni culparlas por todo. Hay que negociar con ellas. Es lo más sano.

Su influencia podríamos decir que es planetaria. Su libro dedica un apartado a la fiebre wagneriana que se produjo en Barcelona, por ejemplo.

—En la presentación de ‘El ruido eterno’ estuve ahí, y tuve conversaciones muy interesantes con varias personas que me sugirieron visitar diversos lugares wagnerianos de la ciudad y alrededores, como el Liceo, el Palau de la Música y el Monasterio de Montserrat. Joan Matabosch, entonces director artístico del Liceo, me enseñó materiales y documentos, y fue una experiencia que quise reflejar en el libro. Para los lectores de Barcelona quizás no sea una sorpresa, pero lo será para el resto, porque fue muy importante ahí. Alcanzó, hay que decirlo, un punto casi ridículo, con esa representación de ‘Parsifal’ en plena noche, para aprovechar el primer minuto en que había caducado el veto que Wagner impuso para que no se representara fuera de Bayreuth. Pero es una muestra muy clara y sincera de esa pasión que Wagner despertaba, casi irracional. [En este punto, Ross se levanta para hurgar en sus estanterías y mostrar la cuidada publicación con que la Asociación Wagneriana de Barcelona conmemoró el centenario del compositor en 1913].

En Barcelona también había verdianos, y discutían entre ellos acaloradamente.

—En su día se acuñó esa oposición entre Verdi y Wagner, como también hubo disputas entre Brahms y Wagner. Es bastante ridículo. A mí me gustan todos, y quizás Brahms más que ninguno. ¿Por qué tenemos que escoger, pudiendo tenerlo todo? Fue una batalla sobre el futuro de la música, sobre las ideas que cada uno tenía. Y, por supuesto, todos se equivocaban. La música fue en una dirección que nadie esperaba en el siglo XX.


Fuente: ABC.es .

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