Con un semáforo en colorado. De esta forma resume Pedro Sánchez las opciones de Unidas Podemos de entrar en su porvenir Gobierno. Este color, asociado al riesgo o bien a que se detenga el paso, sirvió el día de ayer para mitigar el optimismo de un Pablo Iglesias que da por sentado su desembarco en Moncloa en la próxima legislatura. Lo hizo en un desayuno informativo en el que afirmó estar «convencido de que vamos a regir juntos, mas ese punto de llegada va a implicar un proceso que será largo, va a iniciarse tras las elecciones autonómicas, municipales y europeas y que va a implicar trabajar muchas horas, dedicar muchos sacrificios, va a haber instantes mejores y peores en ese dialogo y va a haber muchas presiones». El líder morado redobla, de esta forma, el pulso sobre los socialistas para conseguir un gobierno de alianza, al paso que los presentes inquilinos de la Moncloa no cambian su plan de actuación con respecto a aplicar la «geometría variable», esto es, articular un gobierno a solas apoyado en acuerdos puntuales con el resto de formaciones. Si Sánchez señalaba el convocado semáforo públicamente –interpelado por un cronista de Telecinco que le preguntó si va a haber «luz verde» a un ejecutivo con Podemos– en privado, fuentes gubernativos tampoco reseñan avance alguno. «Hasta el 26-M no va a haber novedades. Proseguimos en exactamente la misma posición» Y esta no ha alterado desde la noche electoral, cuando el presidente en funciones tuvo la certidumbre de que le daban los números para convalidar su condición de jefe del Ejecutivo. Sánchez prosigue sin tener una mayoría holgada en el Congreso de los Miembros del Congreso de los Diputados, mas sí suficiente para forjar coaliciones con otros partidos que le dejen regir de forma cómoda. La pretensión del Sánchez es extrapolar a España el «gobierno a la portuguesa» de su colega Antonio Costa. El líder socialista ya visitó al líder portugués, como inspiración, ya antes de su primera tentativa de llegar al poder en 2015. Entonces, Iglesias frustró esa expectativa. Los socialistas desean proseguir recorriendo la ruta que abrieron en 2018 con la petición de censura. Se apoyan ahora en que su situación de fuerza es mayor –exactamente 38 escaños más– que hace un mes y que, por contra, Iglesias ha visto reducida su representación y –por tanto– su capacidad de repercusión. Sus votos de hecho son precisos mas no garantizan la «mayoría solvente» que excede los 176 miembros del Congreso de los Diputados y que deberá buscar en otros conjuntos. Si los de Iglesias se hubiesen mantenido en las cotas de la pasada legislatura, esto es, en el horizonte de los 70 miembros del Congreso de los Diputados, el gobierno de alianza hubiese sido una realidad, pues Sánchez se habría garantizado la estabilidad de la legislatura. Sin embargo, en el Ejecutivo apuestan por ser menos categóricos públicamente hasta el momento en que sucedan los comicios del 26-M. Unidos Podemos está edificando su campaña sobre la base de que han de ser definitivos en el campo territorial para tocar poder a nivel nacional y en Moncloa no desean abonar esta tesis. En verdad, la vicepresidenta del Gobierno, Carmen Pelado, emplazó el día de ayer a enfocarse en estas elecciones ya antes de abrir una negociación que no se resolverá hasta el momento en que lo haga el mapa de gobiernos autonómicos y municipales. La fuerza de Podemos tras estos comicios sí puede decantar la negociación. Tal es con lo que las dos partes, siendo conscientes de ello, decidieron darse un par de semanas de plazo para reanudar las conversaciones. La asamblea entre Sánchez y también Iglesias fue el «mejor punto de inicio posible», en palabras del secretario general de Podemos, mas el escenario que dibujan las urnas el último domingo de mayo puede mudarlo todo. En verdad, la intensificación de la agenda de Iglesias –visitará hasta diez ciudades– insiste en la relevancia que se da a esta cita. En la dirección de Podemos son siendo conscientes de que no va a ser lo mismo encarar el trabajo conjunto con los socialistas con una victoria incontenible de los aspirantes autonómicos de Sánchez que tras un triunfo de estos por la mínima que implique el apoyo de los miembros del Congreso de los Diputados morados. La fuerza de sus bancadas en los parlamentos regionales, por ende, va a ser determinante. Con calculadora en mano, apuntan a 6 comunidades –Murcia, Canarias, Aragón, Asturias, La Rioja y Baleares– en las que los socialistas precisarán prácticamente total probabilidad el visto bueno de Podemos. En estos territorios, además de esto, la capacitación de gobiernos de alianza de alcance regional asimismo van a ser bazas que podría jugar en favor de Iglesias en su tira y afloja con Moncloa. A ello se une la situación entre otras muchas 4 comunidades –Castilla-La Mácula, la capital de España, Extremadura y Castilla y León– en las que el Partido Socialista va a tener, si se cumplen las encuestas más margen, al contar con la posibilidad de convenir tanto a su izquierda –con las listas moradas– como a su derecha, con Ciudadanos. No obstante, si en estos 4 territorios, el partido de Iglesias es la única opción posible para una investidura socialista, arguyen en Podemos, la presión se va a multiplicar para Sánchez.

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