Internet y las redes sociales han empezado, desde hace unos años, una guerra abierta contra los productos procesados en la nutrición, tanto para humanos para los animales. La mayor parte de dueños de perros y gatos nutren a sus mascotas con piensos secos sin saber con absoluta seguridad lo que están consumiendo, esto se genera en parte merced a los organismos públicos, puesto que las compañías del campo de la nutrición canina pueden falsear las etiquetas de ingredientes haciéndonos pensar que cierto género de ingredientes son los que más composición tienen cuando no es de esta manera. Si a esto le sumamos el enorme trabajo de las campañas de marketing que hacen las compañías, nos hallamos con un panorama de desconocimiento total donde las más desfavorecidas son nuestras mascotas. Bastante gente en frente de esta clase de aseveraciones opta por usar otro género de dietas para sus perros y gatos de las que la más proliferante en la última década ha sido la dieta BARF, basada en productos crudos y que se jacta de ser más saludable tachando de «veneno» a los piensos secos, sin informar de los riesgos inherentes a esta clase de nutrición. Para desmitificar estas acusaciones, desde LA RAZÓN hemos querido lanzar un tanto de luz y nos hemos puesto en contacto con Manuel Lázaro, diplomado en Veterinaria por la Universidad Complutense de la capital española desde hace más de 30 años y miembro del Instituto de Veterinarios de la capital española. «Cuando comentamos con compañeros de la medicina humana, sobre todo pediatras, esta clase de acusa-ciones llegan al convencimiento de que, hoy en día, la nutrición de las personas y los animales la decide internet», comentaba Lázaro, y añade: «Tienen una verosimilitud enorme, los conocidos ‘influencers’, ‘youtubers’…, toda esa gente ha logrado un peso y sus comentarios se viralizan de tal modo, que cualquier opinión vertida con poco criterio tiene en muchas ocasiones más relevancia que la que afirme un profesional o bien una investigación científico». La enorme mayoría de webs que hemos encontrado y que criminalizan la nutrición procesada fundamentan sus teorías en beneficios tan etéreos como la calidad del pelaje, el aumento de energía y vitalidad o bien la mejora del estado anímico y del sistema inmunológico, mas «son razonamientos muy retorcidos y sin base, no hay estudio científico que sostenga ese género de afirmaciones», explicaba el veterinario, a lo que aclara: «El inconveniente es que nos hemos habituado a ver lo natural como algo bueno y lo procesado como algo malo, lo que debemos ver es qué género de procesado ha tenido, por el hecho de que el jamón ibérico lleva uno de sanación y absolutamente nadie afirmaría que estos jamones son productos de mala calidad». Tema de creencias Conque, debemos examinar el proceso por el que juzgamos estos comentarios, «si le doy a un animal un producto y digo que le sentará bien, deseo ver que verdaderamente le sentará bien, mas no hay importantes diferencias, es todo considerablemente más un tema de opiniones y ganas de alterar y hacer cosas que verdaderamente probar ciencia». Es cierto que hay piensos de diferentes calidades de ahí que, como usuarios, «debemos saber que absolutamente nadie da duros a pesetas» y que «lo que es incontrovertible es que si hay comestibles en el mercado que salen a menos de un euro el kilogramo cuando en muchas ocasiones solo los ingredientes ya valen cerca de 2 a lo que hay que sumar un proceso de fabricación, envasado, y etiquetado… ¿de qué manera posiblemente al final llegue a la tienda por un euro el kilogramo?» se pregunta Lázaro. Existen abundantes riesgos a los que debemos encararnos si decidimos decantarse por una dieta BARF para nuestra mascota, puesto que, conforme los especialistas, las ventajas son pocos y los peligros de enfermedad y inconvenientes digestibles muy altos: «Está claro que si le das carne cruda tal como es considerablemente más apetecible y de entrada algo más digestible, mas es el único beneficio. Los inconvenientes son todos, la carne fresca tiene muchos peligros sanitarios, el pollo, por servirnos de un ejemplo, contiene una cantidad de bacterias altísima, por más que congelemos los comestibles lo único que hacemos es frenar el desarrollo bacteriano y si no usamos ningún proceso de calor es un enorme peligro para la salud, tanto para los animales para las personas», concluye.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *