Marta Álvarez, la nueva presidente de El Corte Inglés, está casada con Juan Claudio Abelló
Gamazo, que procede de una saga empresarial, inversora y aristocrática. Si bien hasta hace poco más de un año, Álvarez era una enorme ignota para el enorme público, es una de las 2 hijas adoptivas del fallecido Isidoro Álvarez, precedente presidente del gigante de la distribución. Así como su hermana Cristina, controla alrededor del 60% del capital de El Corte Inglés mediante la Fundación Ramón Areces y su participación en la sociedad Iasa.
Casada desde el año 2000, tiene 2 hijos, Marta y Juan. Su madre dirigía el restaurant El Riscal, ubicado en la calle Riscal de la capital española. Tras enviudar, contrajo matrimonio con Isidoro Álvarez, que adoptó a las dos pequeñas con 3 y 4 años. Por eso Marta siempre y en todo momento haya vivido y se haya formado en un entorno empresarial.

La nueva presidente se va a apoyar en los 2 consejeros encargados para progresar la rentabilidad del conjunto

Diplomada en Derecho, entró en el consejo de administración de El Corte Inglés en el año 2014. Previamente, había ocupado diferentes puestos tanto en centros del conjunto, como en el departamento de compras. Su recorrido por la compañía se vio interrumpido con una estancia en la ciudad de Londres, donde efectuó estudios sobre el mercado del arte y trabajó en casa de subastas Sotheby’s. Es una enorme apasionada al arte y la decoración.
En los últimos tiempos, en El Corte Inglés ha sido la autor de todo el rediseño del departamento de decoración y hogar. Su última apuesta, a lo largo de este ejercicio, ha sido dirigir la reordenación de las marcas de mujer bajo la firma Woman El Corte Inglés y la consecuente desaparición de enseñas como Antea, Zendra o bien Yera.
Ahora, la directiva –que se transforma en la primera mujer en conducir el conjunto de la saga familiar– se encara a los grandes desafíos que El Corte Inglés tiene por delante. Va a ser presidente no ejecutiva, mas siendo una de las accionistas de referencia del conjunto, proseguirá muy de cerca el cada día de la compañía. Conoce perfectamente los detalles del conjunto. El año pasado no se atrevió a dar el salto a la presidencia, tras la recomendaciones de su suegro, Juan Abelló, mas tras la llegada de determinada calma al conjunto de distribución ha decidido tomar el timón. Por el momento, bajo su batuta van a estar Víctor del Pozo y Jesús Nuño de la Rosa, los 2 consejeros encargados.
En el conjunto, Álvarez tiene por delante distintos desafíos, entre aquéllos que sobresalen el salto al exterior, con el foco puesto en América Latina, y también acrecentar las ventas on-line, que apenas representan unos 630 millones, o sea, un cuatro% de los prácticamente 16.000 millones que el conjunto facturó en el 2018.
El Corte Inglés asimismo persigue progresar la rentabilidad. Y por vez primera en su historia ha cerrado ciertos de sus centros menos rentables, como Bahía Sur en Cádiz o bien el Hipercor de Los Arcos, en Sevilla. Además de esto, el cambio de contrato con las firmas que se establecen en sus centros –ahora se cobra un canon mínimo a las marcas– mejora la eficacia del gigante de la distribución.
En estos instantes, la plantilla de El Corte Inglés asciende a 90.000 personas, mas se ha encargado una investigación a la asesora AT Kearney para hacer una reordenación. Del mismo modo, se tiene a la venta activos inmobiliarios por unos 1.000 millones. Está previsto que se cierren las dos operaciones ya antes de final de año.
Y si bien, conforme directivos de la compañía, en estos instantes no está encima de la mesa la salida a bolsa, todos y cada uno de los pasos que da es para operar como una cotizada. Del mismo modo se busca progresar la calificación crediticia para poder hacer nuevas emisiones de bonos. El pulso más bastante difícil, aun judicial, que Álvarez tiene por delante es a nivel familiar: la disputa con su primo Dimas Gimeno, ejecutivo que Isidoro Álvarez escogió como su sucesor en la presidencia y que hace un año fue depuesto por el consejo. Como el expresidente lo dejó todo escrito, la sociedad Iasa –donde las 2 ramas familiares citadas tienen sus participaciones accionariales– puede romperse en diez años. Tal vez el tiempo arregle las disputas familiares.

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