La Oficina Europea de Patentes (OEP) ha entregado este jueves 20 de junio a la científica española Margarita Salas Falgueras dos Premios al Inventor Europeo 2019 en una ceremonia celebrada en Viena, según ha informado la OEP. Un jurado internacional ha seleccionado a Salas como ganadora en la categoría de ‘Logro de toda una vida’ por haber puesto la secuenciación de ADN al alcance de muchos más investigadores y científicos, y allanar el camino para nuevos avances en genética». Además, el público la ha elegido también ganadora en la categoría de ‘Premio Popular’. La ceremonia de entrega del Premio al Inventor Europeo celebrada hoy en el Wiener Stadthalle en Viena y ha contado con la asistencia de unos 600 invitados procedentes de los ámbitos de la propiedad intelectual, la política, los negocios, la ciencia y la academia. El Premio es otorgado anualmente por la OEP para distinguir a los inventores destacados de Europa y del resto del mundo que hayan realizado una contribución excepcional a la sociedad, al progreso tecnológico y al crecimiento económico. Los finalistas y los ganadores de las cinco categorías (Industria, Investigación, PYMEs, Países no pertenecientes a la OEP y Logro de toda una vida) han sido seleccionados por un jurado internacional independiente a partir de grupo de cientos de inventores propuestos para la edición de este año. El ganador del Premio Popular ha sido decidido por el público a través de un sistema de votación en línea durante las semanas previas a la ceremonia. Pruebas de ADN rápidas y fiables Según destaca la organización, Margarita Salas ha liderado los avances que han hecho que las pruebas de ADN sean rápidas y fiables, lo que ha llevado a su uso en una amplia gama de aplicaciones. Tras obtener su doctorado en bioquímica en 1963 por la Universidad Complutense de Madrid, trabajó durante tres años con el Premio Nobel de bioquímica Severo Ochoa en la Universidad de Nueva York. Posteriormente, regresó a España y fundó el primer grupo de investigación en genética molecular del país en 1967 en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) en Madrid. Allí descubrió que un virus bacteriano llamado phi29 podía crear una enzima, conocida como phi29 ADN polimerasa, que ensamblaba moléculas de ADN mucho más rápido que las alternativas y con mucha más precisión, menos de un error en un millón de pares de bases. Salas aisló con éxito la enzima y demostró que también funcionaba en las células humanas, marcando el comienzo de aplicaciones innovadoras para las pruebas de ADN. Por primera vez, esta replicación de alta precisión permitió obtener resultados fiables a partir de pequeñas cantidades de material genético. Esta técnica se utiliza hoy en día en la investigación médica para estudiar microbios que no pueden ser cultivados en el laboratorio. Permite a los oncólogos hacer zoom en pequeñas subpoblaciones de células que podrían dar lugar a tumores. También presta apoyo a los especialistas forenses y a los arqueólogos, ya que las cantidades de rastros de ADN recogidas en las escenas del crimen y en los sitios históricos pueden ahora amplificarse con la phi29 ADN polimerasa para identificar a las víctimas, los sospechosos e incluso a los fósiles. Las solicitudes de patente presentadas por Salas han llevado a la comercialización de kits de secuenciación de ADN fáciles de usar. Ella y su equipo del CSIC presentaron la primera solicitud de patente estadounidense para proteger la phi29 ADN polimerasa y sus usos en 1989, y la patente se concedió en 1991; la patente europea se concedió en 1997. La patente más rentable del CSIC A lo largo de su carrera, ha obtenido otras patentes, pero la patente de su método con phi29 DNA polimerasa sigue siendo la más rentable que jamás haya presentado el CSIC. Entre 2003 y 2009, representó más de la mitad de los derechos de autor de la organización, devolviendo millones de dólares en inversión a la investigación financiada con fondos públicos, y permitiendo a Salas y a su equipo hacer nuevos avances en genética. La científica española ha utilizado sistemáticamente su visibilidad pública para promover la investigación y fomentar la participación de las mujeres en la ciencia. «Cuando empecé mi doctorado en 1961 casi no había mujeres investigando en España –recuerda–. Hoy en día hay más mujeres que hombres empezando un doctorado en nuestros laboratorios». A sus 80 años, Margarita Salas sigue yendo a su laboratorio todos los días, trabajando para ampliar aún más las capacidades de la phi29 ADN polimerasa. «Para mí, la investigación es realmente una pasión; no podría concebir la vida sin ella –explica–. Espero poder seguir investigando durante muchos años».

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