Marcada a fuego por Lolita



La actriz Sue Lyon fue «la ninfa perfecta» para encarnar la «Lolita» de la novela de Vladimir Nabokov en el cine, escogida por el directivo Stanley Kubrick con el visto bueno, exactamente, del prosista. Por miedo a que la censura le acusase de pederastia, Kubrick aumentó a 14 años la edad del personaje de la novela, de 12 años.Sue Lyon tenía 15 cuando empezó el rodaje y dieciséis cuando acabó. No le dejaron asistir al estreno mundial y cuando leyó la novela no se enteró de nada. Pretender que no se sabía entonces que tanto la novela como la película trataban con relajación la pedofilia es un tanto ingenuo. En U.S.A. se aceptaba más que en Europa. El vocalista Jerry Lee Lewis se casó en Kansas, donde se autorizaban los matrimonios con menores, con su prima de 13 años Myra Brown. Fue al llegar a G. Bretaña cuando la Prensa lo acusó de pederasta y su vira, con su mujer encinta, se terminó, como su carrera.Escenas comprometidasKubrick hizo lo imposible a fin de que la relación entre el pederasta Humbert Humbert y Lolita no pareciese lo que sugería. Conforme con la censura, rebajó al límite las escenas comprometidas de la novela, que había ocasionado estupor al publicarse en 1955. Kubrick adquirió los derechos de la novela y al lado de Nabokov pensaron en la Lolita perfecta. La primera fue Brigitte Bardot, mas el escritor prefería a Catherine Demongeot, la pequeña de «Zazie dans le métro» (1960). En un casting de ochocientas pequeñas se rechazaron tanto a Sandra Dee como a Hayley Mills y Tuesday Weld. A Kubrick, que había visto a Sue Lyon en un capítulo de la teleserie «Letter to Loretta» (1953), le persuadieron sus pechos, muy grandes para sus 13 años de edad. Indudablemente, Sue Lyon logró encarnar a la Lolita que describió Nabokov en su libro y transformarla en un fetiche del amor a las nífulas, tan de tendencia en los años 50.Docenas de adolescentes malvadas y voluptuosas se transformaron al instante en mitos eróticos juveniles. Aun, Simone de Beauvoir escribió de «BB» que su erotismo no era mágico, sino más bien violento. «Brigitte Bardot es el ejemplar más perfeccionado de estas equívocas ninfas. Tiene el género de dignidad espontánea; algo de la gravedad de la niñez». A «BB» la imitaron Marina Vlady, Mylenne Demongeut, Pacal Petite y François Arnoul y en América Caroll Baker ocasionó una enorme escándalo con «Baby Doll» (1956), de Elia Kazan, con guion de Tennessee Williams, en la que aparecía en una cuna chupándose el dedo con lujuria. «Times Magazine» lo calificó como «el filme de Norteamérica más sucio exhibido legalmente».Pero fue la imagen de Sue Lyon en biquini la que transformó a Lolita en el objeto más deseado del pederasta, engrandecida por el cartel del fotógrafo Bert Stern, en el que la joven luce lentes en forma de corazón y chupa una piruleta. Es acá donde el mito se hace carne de escándalo. Desde ese momento el nombre de Lolita se asocia a la precocidad sexual de las preadolescentes. Su vida fue desequilibrada no solo por su gran triunfo a los 15 años, sino más bien por el hecho de que era una maniaco-depresiva medicada desde la adolescencia.Para Sue Lyon, Lolita era un personaje neurótico y patético por el desmedido egoísmo. Su estrellato asimismo fue breve. Grabó «Yah Yah Lolita», un twist con la música del filme en el que solamente afirmaba «yah, yah». Mientras que su vida, que discurrió de plató en plató y de marido en marido, era un completo desastre sensible y físico. Padeció, además de esto, un accidente de tráfico que la postró en una silla de ruedas a lo largo de un par de años. En 1971, se casó con un futbolista negro, con el consecuente escándalo. Su carrera como actriz tocaba a su fin. Sus mejores papeles fueron «La noche de la iguana» (1964), de John Huston, y «Siete mujeres» (1966), de John Ford, en su etapa final de Hollywood.A punto de ser BonnieEstuvo a puntito de que Warren Beatty la escogiera para la cinta «Bonnie y Clyde», mas el actor al final prefirió a Faye Dunaway. Ante ese rechazo, Sue Lyon decidió huir con su marido a España donde rodó «Cuatro cabalgaron» (1970) y una de ciencia ficción de Eloy de la Iglesia: «Una gota de sangre para fallecer amando» (1973). Su adiós al cine lo hizo con un filme menor, el día de hoy prácticamente olvidado, «Aligator: La bestia bajo el asfalto» (1980). La carrera de esta fue corta y, realmente, poquísimo esencial. La habitual estrella fugaz de Hollywood marcada por un papel para toda la vida. Y asimismo por su precocidad y la desgracia. Se casó por tercera vez con un presidiario, Gary «Cotton» Adamson, que cumplía condena por latrocinio y asesinato en la cárcel de Rojo, trabajando en Denver como camarera hasta el momento en que se separaron cuando Gary volvió a cárcel acusado de latrocinio. La intérprete declaró al final que su destrucción como persona procedió de su participación en «Lolita» y llegó a declarar que «esa película me expuso a tentaciones a las que ninguna pequeña de esa edad había de ser sometida».«Lolita, luz de mi vida, fuego de mis supones. Pecado mío, ánima mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de 3 pasos desde el borde del paladar para respaldarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo. Li. Ta», afirmaba el comienzo del que fue el texto más complejo de redactar para Vladimir Nabokov, hasta el punto de apreciar lanzarlo al fuego. Cuando vio la luz se le acusó de insinuar actitudes porno, lascivas, pederastas, y hasta sería prohibido por el ministro francés del Interior. Mas así como aquellos ataques, el creador ruso acuñó un término nuevo y universal a través de las palabras «lolita» y «nínfula»; además de esto, con «Lolita», Nabokov traslada a la literatura recorridos en vehículo por la América profunda de moteles y carreteras inacabables, como después el cine va a explotar hasta la saciedad, tras haber hecho un viaje para asistir a la Universidad de Stanford, cuando ya tenía confirmado en el Wellesley College de Massachussets un puesto de «escritor residente», todo lo que le va a hacer descubrir la América de las montañas, los ríos y los desiertos. Este es justamente el escenario que presentará el texto tras su prólogo apócrifo, que firma un sicólogo, antes que tome la voz narrativa Humbert Humbert, pseudónimo de un cuarentón maravillado por Dolores Haze, su futura hijastra, el que confiesa haber matado al novio de esta. En una nota de la edición de 1956, Nabokov apuntaba los orígenes de la trama: «El primer enclenque latido de “Lolita” vibró en mí a fines de 1939 o bien principios de 1940, en París». Escribe entonces un cuento donde está condensado el razonamiento, mas a sus amigos no les agrada y termina destruyéndolo, si bien a fines de la década acabe retomándolo, una vez establecido en U.S.A. tras pasar por Londres, Berlín y París. Esta historia de pedofilia, infidelidad y violencia familiar sería escrita parcialmente en ruso, francés y también inglés, las lenguas que aprendió desde bebé hasta el momento en que esta última se impuso, y pudo haberse inspirado –lo explicó Sarah Weinman en «The Real Lolita: the Kidnapping of Sally Horner» (2018)– en un secuestro que padeció una pequeña en Camden, Nueva Suéter. Ocurrió poquitos días una vez que cumpliese once años, en el primer mes del verano de 1948, a manos de un pederasta llamado Frank La Salle; en verdad, el antihéroe nabokoviano sería condenado a 35 años por violación, exactamente la misma sentencia que había recibido La Salle.Toni MONTESINOS

Fuente: larazon.es

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