El año es 1898. Los marcianos han atacado y también invadido la Tierra. Al poco tiempo, y pese a que los humanos no han sido capaces de defenderse, los alienígenas empiezan a enfermar y deciden desamparar nuestro planeta, si bien con la promesa de volver. Las psiques más refulgentes de cada país se dedican entonces a diseñar mecanismos de resistencia frente al nuevo ataque. De entre ellos, solo Thomas Edison es capaz de crear un arma que rivalice con la de los marcianos. Más todavía, Edison diseña una «Nave del Espacio» con la que alcanza primero la Luna y, poco después, traslada la batalla al hogar de los invasores. «Fue un día de orgullo para América», escribe Garret P. Serviss, autor de esta épica de ciencia ficción titulada «La conquista de Marte por Edison». Publicada un año tras «La guerra de los mundos», la novela halló a su protagonista perfecto en el «Mago Edison», como le llamaban, el hombre que alumbró, literalmente, el futuro. Salvo que las cosas no fueron precisamente de esta forma.Thomas Alva Edison ideó las primeras lámparas que podían continuar encendidas a lo largo de largas horas y diseñó el sistema originario de distribución de electricidad, el de corriente continua. Su modelo fue el primero, si bien no el terminante. Mas para 1880 Edison era la encarnación del sueño americano, el mayor orgullo de la nación. Él había cultivado esmeradamente su imagen de genio afable y ético; «jamás idearé algo que pueda matar a un ser humano», acostumbraba a decir. Quizás de ahí que, la mayor parte de nosotros no recordamos que fueron realmente Nikola Tesla y George Westinghouse quienes apostaron por la corriente alterna, el auténtico futuro de la electricidad.Durante una década, los 3 lucharon en sus laboratorios y por medio de la Prensa por proteger una corriente o bien otra, con la recta final meridianamente delimitada: conseguir el contrato para alumbrar la Feria Mundial de la ciudad de Chicago, que se inauguró en mayo de 1893 y que se transformaría en «la urbe de la luz», símbolo del futuro. Una batalla más sigilosa y breve, mas no menos dura, libró Alfonso Gómez-Rejón por finalizar «La guerra de las corrientes», el filme en el que relata el enfrentamiento entre Edison y Westinghouse. Ya antes de poder estrenarla en cines reventó el MeToo con las acusaciones contra Harvey Weinstein, cuyo estudio había producido el filme. Eso paralizó la posproducción. Un par de años después, Gómez-Rejón presenta por último una cinta que el «New York Times» ha descrito como «carne para los Oscar». La protagonizan Benedict Cumberbatch en el papel de Edison, Michael Shannon en el de Westinghouse y Nicholas Hoult, que interpreta a Tesla.

Moldear la verdad

El Thomas Edison de «La guerra de las corrientes» tiene considerablemente más sombras de las que al genio le habría agradado ver retratadas. En un instante determinado, un personaje recuerda que se le ha llamado «el peor esposo del mundo» pues pasó su noche de bodas encerrado en el laboratorio. Asimismo vemos de qué forma es capaz de moldear la verdad usando a la Prensa para desacreditar a Westinghouse y su sistema de distribución. «Benedict fue clave pues tiene la habilidad de hallar la parte alcanzable de los personajes más complejos. Si bien una de las luchas con el estudio fue justamente que no deseaban enseñar tanto las sombras de Edison», explica el directivo.Parte de ese lado menos cautivador del inventor es su obsesión por ser recordado, lo que le diferencia de su contendiente. «Edison era muy siendo consciente de su iconografía, prácticamente como una Kardashian. Deseaba ser recordado no solo por su trabajo, sino más bien asimismo por su nombre. Westinghouse, en cambio, no deseaba esa permanencia. En verdad, el día de hoy no sabemos que fue Westinghouse quien ganó la guerra, pues a él eso no le importaba. Si bien, en muchos sentidos, acabó triunfando Edison, que es a quien relacionamos con la luz eléctrica», asegura Gómez-Rejón.En efecto, el nombre de Westinghouse es mucho menos popular. Ingeniero y emprendedor, se hizo rico merced a su invención del freno neumático ferroviario, si bien con los años patentó cientos y cientos de inventos más. En un inicio, Westinghouse deseó unir fuerzas con Edison pues estaba persuadido de que lo idóneo era conjuntar las lámparas del Mago con su sistema de distribución. No obstante, Edison aducía que era imposible crear un motor de corriente alterna y que esta, además de esto, sería mortal. Tras años de intentos errados, Westinghouse se unió a Nikola Tesla, que sí había conseguido diseñar el motor preciso para repartir la electricidad de forma más eficaz y económica.

Para matar

¿Cuántas veces no se han usado los grandes descubrimientos del hombre como armas en vez de como herramientas para progresar el planeta? Como la ecuación de Einstein le valió al físico el injusto título de «padre de la bomba atómica», la guerra de las corrientes entre Westinghouse y Edison derivó en la creación de la silla eléctrica. Hasta finales del siglo XIX los condenados a la pena de muerte en USA morían ahorcados, mas el empeño de Edison en probar que la corriente alterna podía ser mortal inspiró la creación de esta, considerada un procedimiento más «humano» de ejecución. El propio inventor ofreció su conocimiento de cara al desarrollo de la silla a cambio de que se publicitara que era la corriente promovida por Westinghouse la que se usaría para electrocutar al preso. Su nombre era William Kemmler; su crimen, matar a su esposa con un hacha. Murió electrocutado el seis de agosto de 1890. Ahí quedó la promesa de Edison de nunca crear algo que pudiese matar a un humano.Tres años después, 100 mil lámparas incandescentes alumbraron la Feria de la ciudad de Chicago merced a los motores de Tesla. El Mago había perdido la guerra, mas para entonces asimismo había pasado al siguiente gran invento: el cinescopio. «Edison estaba ofuscado con hacer lo imposible: capturar la naturaleza. Deseaba amaestrar el sonido y la luz. Su gran guerra no es con Westinghouse realmente, sino más bien con la Tierra», asevera Gómez-Rejón. Si bien Tesla fue quien consiguió explotar la potencia eléctrica de las cataratas del Niágara, Edison asimismo alcanzó su sueño: atrapar el poder de la naturaleza en una imagen en movimiento. Terminada la guerra de las corrientes, nacía el cine.Luchando contra Harvey Weinstein«La guerra de las corrientes» se estrenó en un inicio en el Festival de la ciudad de Toronto de 2017. No obstante, el filme no estaba listo en aquel entonces: «Faltaban meses a fin de que llegase a los cines y proseguía trabajando en ella. Harvey y estábamos batallando en el cuarto de montaje por miles y miles de razones», explica Gómez-Rejón, que padeció mucho con las críticas negativas que recibió de esa versión inconclusa. Poco tras Toronto, además de esto, se hicieron públicas las acusaciones de abusos sexuales contra Harvey Weinstein «y todo se paró. Quedó una versión de la película congelada en el tiempo sin que supiese qué iba a pasar con ella», recuerda el directivo. Mientras que trataba de recobrar su filme, la Weinstein Company se declaró en ruina. Entonces intervino Martin Scorsese, con el que Gómez-Rejón ha trabajado como asistente personal y asistente de dirección. «Por fin, Scorsese consiguió por medios legales el corte final de la película y también de manera inmediata me lo dio a mí a fin de que la terminara como deseaba. Le metimos más dinero, grabé 5 escenas nuevas, la volví a editar y comencé a enamorarme de ella otra vez», recuerda.

Fuente: larazon.es

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