La palabra crítico viene del latín criticus, «capaz de discernir». Y en este sentido Bjorn Stevens es el crítico perfecto. Este científico, directivo del Instituto Max Planck de Meteorología, es capaz de separar, decidir y juzgar sin misericordia y con razonamientos sólidos, a políticos, científicos y sociedad por igual. Nos hallamos con él en la capital de España, un poco antes de una conferencia que va a dar en la Fundación Banco Bilbao Vizcaya Argentaria y, sin darnos tiempo a sentarnos, arranca solo.«La primera pregunta que recibo de todos –afirma este estudioso alemán– es qué espero de la conferencia sobre cambio climático, mas me semeja extraño que alguien espere que de alguna forma vamos a solucionar un enorme inconveniente con esta asamblea. No vine con ninguna expectativa. Sería excelente si la asamblea fuera vista como un punto de cambio, mas no estoy segurísimo de que se logrará esto», asegura.A punto de preguntarle cuál es entonces la segunda pregunta, escogemos tirar de la manta y también procurar descubrir hasta qué punto están separados los políticos y los científicos. «Creo que la ciencia es clarísima en que es preciso hacer algo para reducir las emisiones de CO2. Los políticos semejan estar conforme de entrada, mas no pueden traducirlo específicamente en acciones. Esto solo crea una especie de ansiedad social pues las personas ven la desconexión entre la acción y la oratoria. Al final, los políticos deben tomar resoluciones que equilibren las dos cosas. Y no creo que la ciencia se trate de persuadir a los políticos de que hagan algo. La ciencia trata de comprender de qué manera marcha el planeta y de explicarlo a las personas, es el trabajo de la sociedad decidir qué desean hacer con esa información. No es el trabajo de un científico persuadir a absolutamente nadie de que haga algo».¿Qué hace la sociedad?Stevens distingue meridianamente en 3 conjuntos la responsabilidad del cambio climático y las acciones destinadas a una solución. El papel de los científicos está claro, el de los políticos, debería pero: ¿y el de la sociedad? ¿De qué manera pueden nuestras acciones impactar para reducir el cambio climático?«Me semeja una auténtica lucha pues las personas informadas viven en este estado un tanto contradictorio: tenemos la impresión de que estamos dañando la tierra y lo único que podemos meditar es de qué manera detener eso, qué podemos hacer individualmente, qué podemos hacer de forma local y eso es todo. Es una contestación, mas una muy frustrante pues realmente no se nos dan las opciones adecuadas, con lo que para mí la solución es demandar a nuestros políticos y a nuestras sociedades que nos den opciones mejores. Un caso fantástico en Europa es la frecuencia con la que es más económico volar entre 2 urbes próximas o bien tomar el tren. De forma frecuente, el tren podría ser más recomendable, mas volamos pues es más económico. Y después nos afirman que no viajemos en aeroplano, que contamina… ¿Es una gracieta? Precisamos crear una situación en la que las personas puedan tomar mejores resoluciones (…) Esta es una enorme ocasión para Europa pues abre gran parte de la economía mundial a la innovación y emplear nuestras ventajas, la energía solar, la eólica, la geotérmica… para hacer mejor las cosas y de esta forma tener más éxito como sociedad y como economía de negocios. España, por servirnos de un ejemplo, habría de estar agitando Europa vendiendo energía solar, Dinamarca lo mismo con la eólica».Además, Steven presentó una investigación científico que habla de la carencia de simulaciones de mayor precisión para saber precisamente a qué nos encaramos en cinco,10 o bien en 30 años.«Hemos estado trabajando con exactamente el mismo género de modelos a lo largo de los últimos 40 años y han probado ser inútiles de hacerlo con el género de claridad que precisamos. Ahora, con los avances en informática, hay una posibilidad de lograrlo y tener una visión considerablemente más clara del futuro. Y esto es esencial pues ciertas personas empiezan a elucubrar sobre lo que eso significa. Y todo es posible, desde la catástrofe mundial hasta, bueno, no es tan malo. Y nos agradaría reducir ese rango de posibilidades para asistirnos a planear de forma más eficaz. En ocasiones la gente no sabe qué apasionadas son ciertas de nuestras proyecciones. Los científicos hemos hecho una enorme contribución al indicar al incremento del CO2, mas estamos tan atrapados en esta primera pregunta que nos olvidamos de la segunda: ¿en qué momento van a llegar las consecuencias y cuáles van a ser? No deberíamos conformarnos con nuestra incapacidad para mirar con más detalle el futuro. Creo que hemos sido un tanto condescendientes, en este sentido. Si contásemos con superordenadores nos podríamos poner a trabajar ya y dentro de poco tendríamos contestaciones más precisas sobre nuestro porvenir y el del planeta».

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