Los planes de Europa para reducir las emisiones de los coches y el transporte


Reducir los efectos adversos del transporte es uno de los principales objetivos políticos de la UE. Las principales líneas de actuación consisten en desplazar el transporte hacia modalidades menos contaminantes y más eficientes, hacer uso de tecnologías de transporte, combustibles e infraestructuras más sostenibles y garantizar que los precios del transporte reflejen plenamente los efectos adversos en el medio ambiente y en la salud.

La estrategia de la
Comisión Europea
persigue el objetivo de trazar el rumbo para la transición hacia las «cero emisiones netas» de gases de efecto invernadero en el conjunto de la UE en el horizonte de 2050. Por lo que respecta al transporte, subraya la necesidad de un enfoque basado en sistemas, hace hincapié en la importancia de la transición a modalidades con bajas emisiones de carbono y vehículos de emisión cero, subraya el papel central de la electrificación y de las fuentes renovables de energía, e impulsa la mejora de la eficiencia operativa.

El paquete de medidas está orientado a lograr una reducción en 2030 de las emisiones netas de gases de efecto invernadero de al menos un 55 % respecto a los niveles de 1990. La Comisión considera que esta reducción de emisiones es crucial para poder cumplir con el ‘Pacto Verde Europeo’, y convertir a Europa en 2050 en el primer continente del mundo climática-mente neutro.

Respecto a turismos y vehículos comerciales ligeros propone que a partir del año 2035 todos los coches nuevos que sean vendidos en Europa no emitan CO2. Ello puede suponer de facto la prohibición de la venta de los automóviles con motores de combustión interna., ya que todos los automóviles nuevos registrados a partir de 2035 serán de cero emisiones.

Según la Asociación Española de Proveedores de Automoción
SERNAUTO
, la legislación debe fijar objetivos realistas y alcanzables, garantizar una competencia leal en el mercado y dejar prevalecer las soluciones más eficientes. Este proceso de transición ha de llevarse a cabo de forma progresiva y debe contar con toda la gama de tecnologías de sistemas de propulsión, no limitándose a la obligada electrificación y contemplando más opciones.

Esto implica incluir las mejoras de eficiencia de los motores de combustión interna y su adaptación a los combustibles renovables y bajos en carbono (hidrógeno, biocombustibles y combustibles sintéticos). Así como la electrificación (con batería o pila de combustible) y los diferentes grados de hibridación, ofreciendo diversas soluciones adaptadas a cada necesidad.

En vez de regular un final para el motor de combustión interna en los vehículos que llegan al mercado, desde SERNAUTO entienden que es necesaria una eliminación gradual de los combustibles fósiles, incentivando la contribución de los combustibles renovables y bajos en carbono que permiten reducir las emisiones no solo de los vehículos nuevos, sino también de la flota existente.

Desde la Asociación Nacional de Fabricantes ANFAC consideran que la electrificación del transporte es una herramienta fundamental para alcanzar los objetivos de descarbonización marcados por la Unión Europea, pero los últimos datos del
Barómetro de Electromovilidad elaborado por esta asociación reflejan que «se está trabajando, pero no con la suficiente agilidad y eficacia para que la electromovilidad sea una primera opción para los usuarios».

Según José López-Tafall, director general de
ANFAC
, «el sector ya pone en el mercado una amplia oferta, pero falta ampliar la demanda». Para ello, y pese al efecto positivo de
planes de ayuda como el MOVES III o el recientemente anunciado Plan Cambia 360 en la ciudad de Madrid, es cada vez más urgente establecer una red de infraestructura de recarga de acceso público«, tanto en ciudades como en corredores, que permitan al usuario tener la suficiente confianza en su compra de un vehículo electrificado.

«Tenemos un exigente objetivo de reducción de emisiones que, para alcanzarlo, será necesario multiplicar por 30 la actual red de puntos de recarga durante la próxima década. Adoptar medidas pendientes y desarrollar un mecanismo de gobernanza, seguimiento e impulso del despliegue son acciones cada vez más críticas«, explica López-Tafall.

Además de la contaminación y emisiones de CO2 generadas por los vehículos de combustión particulares, la Comisión Europea también contempla actuaciones en materia de transportes, tanto por carretera como aéreos y marítimos.

Transporte marítimo y aéreo

Este programa propone la implantación de impuestos a importaciones contaminantes, que pasarían a ser gestionados mediante el Régimen de Comercio de Derechos de Emisión de la UE (RCDE).

Asimismo, la legislación de la UE aborda directamente los efectos del transporte sobre el medio ambiente y la salud estableciendo normas vinculantes. Estas normas incluyen límites de emisiones para coches, furgonetas, camiones y autobuses, requisitos específicos para combustibles de transporte así como mapas de ruido y planes de acción de gestión del ruido para grandes infraestructuras de transporte, tales como los aeropuertos.

El transporte consume una tercera parte de toda la energía final en la UE. La mayor parte de esta energía procede del petróleo, lo que significa que el transporte es responsable de una gran parte de las emisiones de gases de efecto invernadero de la UE y contribuye significativamente al cambio climático. Mientras que la mayoría de los demás sectores económicos, por ejemplo, la producción de energía y la industria, han reducido sus emisiones desde 1990, las emisiones del transporte han aumentado. Actualmente, éstas representan más de una cuarta parte de las emisiones totales de gases de efecto invernadero de la UE.


Fuente: ABC.es .

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