Se conocieron en un pequeño pueblo de Francia y a los 3 años se casaron. Tras darse el «sí quiero», Cristina y Lander tenían claro que el próximo paso era transformarse en progenitores. A lo largo de más de un año lo procuraron, mas el bebé no llegaba conque decidieron asistir al médico para descubrir las causas. «Nos afirmaron que somos ese porcentaje de matrimonios que sin causas aparentes es infértil. Que los pequeños podían llegar en un mes, en un año o bien nunca», recuerdan. Fue un periodo bastante difícil. Una culpa sin ningún sentido y la frustración sumieron a la pareja en una obscuridad ininteligible para quien no ha pasado por algo semejante. Los médicos les propusieron como única posibilidad la fecundación in vitro (fiv), mas desde un principio la descartaron «no solo por convicciones morales o bien religiosas, sino más bien por la cantidad de efectos secundarios que tiene para la madre», apunta Lander. «No nos agradaba, además de esto es un procedimiento friísimo y también invasivo», puntualiza Cristina. ¿Qué opción les quedaba? Las pruebas médicas no ofrecían un diagnóstico de su infertilidad, conque no sabían qué antídoto ponerle. «¿Y si debíamos dar un paso al lado o bien proponernos la adopción?» Fue una amiga irlandesa la que les propuso otra opción, un procedimiento que en España era totalmente ignoto mas que se ajustaba a la moral de la pareja. «Al principio vacilé, estaba cansadísima emotivamente, mas no veía otra salida», comenta . Y, por último, fue la naprotecnología lo que hizo posible que trajesen al planeta a su hijo Luis. Desarrollada en U.S.A. por el ginecólogo y obstetra Tomas Hilgers a fines de los años 70, la naprotecnología o bien Tecnología de Reproducción Natural (de la traducción de NaPro Tecnology), es la única ciencia médica que agrupa la planificación familiar con la monitorización de la salud reproductiva y el mantenimiento de la salud ginecológica, explica la ginecóloga Patricia Alonso. Se fundamenta en el procedimiento Creighton, consistente en la observación del moco cervical para hacer un registro ginecológico, «una gráfica que pondrá de manifiesto una serie de marcadores biológicos que son de enorme utilidad para hacer un diagnóstico exhautivo de la infertilidad». Además de esto, explica Alonso, «reduce mucho los casos de esterilidad ignota, que llega a ser del 30% cuando se asiste a técnicas de reproducción artificial». Los únicos que no son aspirantes son aquellos que padecen azoospermia, y las mujeres con una menopausia establecida y o bien una obstrucción en las trompas. En el resto casos de infertilidad, la naprotecnología «es una alternativa de tratamiento con una tasa de éxito comparable, por lo menos, a la fecundación in vitro». No solamente se trabaja para valorar las causas latentes de la anomalía reproductiva, sino el tratamiento se complementa con de un abordaje médico quirúrgico. «Se recobran técnicas que se abandonaron con la reproducción asistida para restaurar el aparato genital y restaurar la normalidad anatómica», incide esta médica. Patricia Alonso es parte de la red de especialistas de naprotecnología que ha puesto en marcha Fertilitas, una fundación no lucrativo que que ha impulsado este técnica en España, –tras el éxito en países como Polonia, Irlanda, Canadá o bien Reino Unido–, y que se hace cargo de conectar a los matrimonios con todos y cada uno de los especialistas que intervienen en el proceso. Fertilitas nació de una urgencia, mantiene su directivo Álvaro Ortega. «Detrás de la infertilidad hay mucho sufrimiento, una enorme frustración y una industria que lo mercantiliza», critica, mientras que recuerda que «España es líder mundial en reproducción artificial sobre EE. UU y el país nipón con relación a la población». Se estima que en torno a un 17% de las parejas tiene inconveniente para concebir, lo que se traduce en unas 800.000 personas, apunta Ortega. Para ofrecerles una opción alternativa nació Fertilitas con la naprotecnología como bandera, «una técnica que aborda la infertilidad de forma científica, moral y responsable con la naturaleza humana» pues no hay manipulación ni desecho de embriones . Cuando Lander y Cristina llegaron a la naprotecnología de la mano de su amiga irlandesa en España no existía esta red de profesionales y ni tan siquiera se había oído charlar de ella. Debieron recurrir a una médica especialista en la técnica que trabajaba en Gibraltar y charlaba de España, «aguantar que nos mirasen como bichos extraños cuando solicitábamos ciertas pruebas en la Seguridad Social» y sostener la esperanza en que al final todo el proceso daría sus frutos. «Los médicos me afirmaban que no tenía ningún desarreglo, que todo estaba bien, mas la naprotecnología me halló ciertos desajustes, me ofrecieron un diagnóstico y comencé a ver la luz». Por año y medio, Cristina se quedó encinta, un «hijo que jamás me tomé como un derecho sino más bien como fruto de un amor». Ahora son parte de la red de Fertilitas como natrimonio guía, para acompañar a las parejas que ahora pasan por lo mismo. El acompañamiento es el primer pilar de la naprotecnología, a fin de que las parejas que desean concebir no se sientan un número más. El segundo, observar las causas de la infertilidad y el tercero resolverlas médicamente.

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