Los ministros de Economía y Finanzas de la zona euro (Eurogrupo) se reunieron el día de ayer en Luxemburgo con el propósito de llegar a un pacto para arrancar un fondo concreto para los países de la divisa europea. Mientras que la ralentización de la economía del club comunitario empieza a ser una realidad y no un mero nubarrón en el horizonte, la zona euro prosigue disintiendo sobre el alcance de este nuevo instrumento. Leal al guion de los Eurogrupos épicos, al cierre de esta edición no se había producido aún ningún pacto. Pese a esto, los ánimos de partida eran algo más optimistas que en citas precedentes. En la maratoniana asamblea de junio, los titulares de los países europeos se limitaron a convenir ciertos principios de esta nueva herramienta, mas no fueron capaces de acordar el modo perfecto de financiación ni el tamaño. Este instrumento formará una parte del nuevo marco financiero para los años 2022-2027 que se negocia entre las capitales europeas, mas Francia y Alemania pretenden que su cuantía pueda acrecentar mediante fondos auxiliares de los países de la zona euro. Como base del pacto, los halcones del norte, capitaneados por Holanda, han logrado que este nuevo fondo se dedique tan solo a fomentar la competitividad y la convergencia entre los países de la moneda única, con el propósito de premiar a los Estados que pongan en marcha reformas estructurales para estimular la economía. Así, se deja fuera la primordial reivindicación de los Estados del sur, que asimismo pretenden que este fondo pueda salir en socorro de aquellos países en apuros como modo de sostener las inversiones en periodos de crisis y de no caer en espirales peligrosas. El propósito radica en eludir que se repita el patrón de lo sucedido en países como España, cuando el estallido de la burbuja inmobiliaria desencadenó la caída de la inversión pública y el empeoramiento de la crisis. Por el momento, ni los más optimistas aguardan que la palabra «estabilización» aparezca en el pacto final, puesto que este termino se ha transformado en anatema para los defensores de la ortodoxia fiscal. Se temen que la recepción de fondos desincentive la puesta en marcha de reformas económicas en el sur. Mas si bien las palabras importan, el demonio está en los detalles. Y los países del sur confiaban en introducir por la puerta de atrás esta función de ayuda en instantes de crisis con efecto contracíclico. España defiende que este nuevo presupuesto tenga «valor añadido» con respecto a otros instrumentos ya de pie y para esto estaba presta a pelear a fin de que prosperasen ciertos elementos presentes en el borrador: posibilidad de que el porcentaje que deban cofinanciar los Estados sea mayor o bien menor conforme su coyuntura económica, una cantidad de reserva asignada conforme las circunstancias o bien priorizar unas determinado género de inversiones sobre otros. «Son múltiples los mecanismos que podrían favorecernos ese carácter anticíclico que defendemos», aseguró la ministra de Economía en funciones, Nadia Calviño. Aunque hace meses la delegación de España conminó con vedar una posible solución descafeinada, ahora todo señala que el pragmatismo se ha apropiado del Ministerio de Economía de España, que prefiere avances, si bien sean leves, ya antes de la parálisis.

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