Entre los equipos de campaña de JxCat y ERC hay quien está instalado en el resultado de el día de hoy y quien ya avanza en lo que está por venir. Las expectativas electorales han ido ajustándose conforme avanzaba la campaña, el día de reflexión se transforma en la jornada internacional del firmaría ese o bien aquel resultado y, tras la cita con las urnas y los resultados en la mano, se transita entre el cielo y el purgatorio.

ERC llegaba a esta infrecuente cita dual –las europeas y municipales solo coinciden una vez cada 20 años– con el espaldarazo del millón de votos cosechado hace un mes en las elecciones generales y con la convicción interna de que se “merecen” ser reconocidos como la fuerza hegemónica del independentismo. El “collons, ja era hora” de Oriol Junqueras tras el 28-A había de ser el preámbulo de otra victoria. “La victoria”, del líder de ERC sobre Carles Puigdemont en las elecciones europeas. Lo más similar a la revancha del 21-D con el Municipio de Barna como guinda del pastel republicano.

La alegría se ha diluido frente al peligro no solo de ser superado por Puigdemont, sino la diferencia de 15.000 votos de las últimas elecciones catalanas sea ahora considerablemente mayor, y de que Ada Colau resista la embestida republicana en Barna. Conque ERC ha vuelto a instalarse en sus objetivos políticos en un medio plazo.
“Hay que ser más”, “la república se edifica distrito a barrio” y “convirtamos el referendo en inevitable”. Los republicanos “amplían la base” con sus más de 800 candidaturas –supera por vez primera al PDECat y su marca electoral JxCat–, lo que le garantiza un desarrollo exponencial de sus dos.380 concejales actuales para situarse como primera fuerza municipalista. Ese paso le va a abrir asimismo la puerta de consejos comarcales y diputaciones… Si bien para quitar la diputación de Barna a JxCat tal vez deba contar con el permiso del PSC.

En JxCat aceptan que ERC es el día de hoy un partido fuerte y ordenado. Todo cuanto no es el PDECat y aspira a ser aprovechando la solvencia urgente de la marca electoral JxCat. Entonces está la dirección y el liderazgo. Oriol Junqueras ha conseguido marcar el paso de su partido todavía desde cárcel. Su mensaje llega alto y claro y agrupa la tropa republicana en todas y cada una de las instituciones, ofertando una imagen de administración centrada en las políticas sociales que JxCat no logra trasladar desde la Generalitat. Mientras que, los posconvergentes se diluyen entre Waterloo, Soto del Real, el Palau de la Generalitat y un sinfín de independientes con voz propia.

El efecto Puigdemont tiene incuestionables rendimientos electorales mas hay unanimidad en que la catarsis de su espacio político no se puede ocultar tras unos resultados que maquillan la realidad. Los movimientos ya están en marcha y se desplegarán en su amplitud en el primer mes del verano en pos de una reunión excepcional del PDECat. El equipo de cooperadores más cercanos al expresident ya ha puesto encima de la mesa su particular caixa o bien faixa, la dirección del PDECat se encarará a una opa suaviter in modo, fortiter in re, y pesos pesados del PDECat en el Govern como Miquel Buch y Damià Calvet van a jugar sus cartas. Asimismo Artur Mas, uno de los líderes más activos esta campaña, está presto a implicarse para corregir los pecados originales del partido heredero de Convergència.
Puigdemont y los presos van a tener su papel, mas se ha impuesto la convicción de que las resoluciones ejecutivas no pueden someterse a un acuerdo triangular. Entonces está la amenaza de escisión que puedan presentar Marta Pascal, Jordi Xuclà o bien Carles Campuzano. “Que se pregunten quién ha dejado el partido y ha triunfado”, alarma un alto líder, persuadido de que son “recuperables”, si bien para eso JxCat debería aspirar a ser la “casa gran” que fue CDC.

La competencia electoral entre independentistas no se resolverá el día de hoy. El resultado puede contraer la predisposición pactista de los republicanos en el Congreso en frente de la estrategia de choque de la capacitación del expresident. La partida proseguirá con Puigdemont y Junqueras procurando tomar posesión de su escaño en el Parlament Europeo para la sesión constitutiva del dos de julio, el juicio del 1-O bien terminará el 12 de junio –con Pedro Sánchez procurando sortear al independentismo en la investidura–, y la sentencia del Tribunal Supremo marcará las estrategias y los calendarios tras el verano. Eso va a ser, indudablemente ya antes del 16 de octubre, cuando se cumple el máximo –prorrogable– de un par de años de cárcel temporal de Jordi Sànchez y Jordi Cuixart.
Por el momento, la única conjura entre partidos independentistas pasa por eludir una convocatoria electoral en Catalunya antes del primer trimestre del 2020. Para entonces, JxCat confía en haber redibujado su proyecto y tener aspirante –Elsa Artadi no se va a mover del Municipio de Barcelona– y la estructura de ERC se desplegará –si hay condena– con Junqueras al frente del partido y un cartel electoral alternativo. Son los deberes pendientes del independentismo.

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