Cuando Julio Verne escribió Viaje al Centro de la Tierra creó en verbo algo que parecía impensable: una gruta cuyas paredes estaban cubiertas de cristales de tamaños surrealistas, considerablemente más grandes que un humano. ¿De qué forma podía la naturaleza generar algo de esta forma? En aquella temporada la esta idea de Verne era tan falsa como el planeta de bestias prehistóricas que sus protagonistas hallaron bajo tierra. No obstante, lo que no sospechaba era que su pluma describía una realidad del otro lado del océano. Su gruta de las maravillas existía y estaba en México.Pasaron 136 años desde el instante en que se publicó el libro hasta el momento en que los hermanos Delgado descubrieron la gruta de Naica. Una cueva en plena mina de plomo, plata y cinc, a 300 metros bajo el desierto de Chihuahua. Atravesando túneles y fisuras llegaron a la imaginación de Verne, y lo que había allá superaba cualquier expectativa. Los cristales de Naica no medían lo mismo que una persona, ni que 2. En verdad, carecía de sentido cotejarlos con personas. Ciertos eran tan altos como un edificio de cuatro plantas, alzándose 12 metros sobre las cabezas de los espeleólogos. Otros habían crecido a lo ancho, engrosándose hasta medir 4 metros de diámetro. Charlamos de cristales de 55 toneladas, aproximadamente lo mismo que un cachalote. Tal y como si fuesen las espadas de un extraño truco de magia, los cristales afloraban de las paredes de la cámara en todas y cada una de las direcciones, creando el bosque de geometrías trasparentes que Verne había descrito.

El vidrio no es cristal

Antes de charlar de de qué forma posiblemente este escenario onírico sea real, es conveniente comprender algo: que tus ventanales, botellas, botes y lentes no están hechos de cristal, sin vidrio. Si alguna vez has tratado con un geólogo vas a saber que confundir estos conceptos equivale a la peor falta de respeto imaginable y que su martillo de picar rocas podría terminar participando en la discusión. Alén de la gracieta, tener claros estos conceptos es clave en la geología. Un cristal se puede delimitar como un material sólido cuya estructura microscópica está con perfección ordenada. Este es el motivo por el cual los cristales, sean naturales o bien artificiales, pueden desarrollar formas tan geométricamente precisas, tal y como si hubiesen sido esculpidos por el profesor cantero más dotado de la historia. Si sus estructuras macroscópicas, a simple vista, tienen unas formas tan precisas es por el hecho de que bajo un microscopio vamos a ver que sus partes esenciales asimismo están ordenadas, así sea a nivel iónico, atómico, molecular. Forman una red cristalina, que tiene por nombre, de la que se infiere en general las formas que va a poder adquirir el cristal entero.El vidrio, en cambio, es un desastre al microscopio. Sus constituyentes están tan ordenados como la leonera de un adolescente. Se forman sometiendo a otros materiales, como ciertos géneros de arena, a temperaturas de miles y miles de grados. Sin embargo, si bien no sea del modo que piensas sí que usamos cristales diariamente, solo que nos los comemos. Por poner un ejemplo, si observamos un puñado de sal muy de cerca vamos a ver que está compuesta de cubos prácticamente perfectos, y estos están constituidos por una red cristalina. Lo que pasa es que cuesta verlos por el hecho de que son demasiado pequeños, lo que nos lleva de vuelta a los cristales de Naica ¿Qué los hace tan diferentes de la sal de mesa?

Una cuestión de tiempo

Existen múltiples formas por las que pueden formarse cristales, mas la mayor parte ocurren en el agua. La idea es que en ella está disuelto el mineral que deseamos cristalizar, mas no de cualquier forma. La cristalización se genera cuando se fuerza al mineral a que deje de estar disuelto, y eso se puede hacer de múltiples formas. Una es evaporando toda el agua, haciendo que la concentración del material a cristalizar aumente tanto que el líquido se sature y no pueda sostenerlo a todo disuelto, empezando a cristalizar parte. El otro truco es jugar con la temperatura. Los líquidos calientes pueden disolver más soluto ya antes de sobresaturarse. Así, podemos calentar un vaso de agua y disolver en ella tanta sal como haga falta para llegar al punto de saturación, donde el líquido ya no deja disolver ni un gramo más. Ahora, con el agua aún caliente, solo deberemos aguardar a que se enfríe. Esto forzará a una parte del soluto a cristalizarse, puesto que ahora la saturación se alcanza con concentraciones menores de sales.No obstante, si pruebas a hacer esto en casa posiblemente el resultado te defraude. Si no tienes cuidado lograrás un montón de cristales minúsculos que difícilmente van a parecer algo singular. Habrás cometido el fallo de la impaciencia. Cuando forzamos al mineral a que cristalice veloz no le damos tiempo de ir orientando sus partículas para organizar adecuadamente su estructura, mas si lo tomamos con calma vamos a ver de qué forma se forma un cristal alrededor del que se marchan depositando otros poquito a poco, por capas, tal y como si partiesen de un mismo núcleo. Y esto es lo que hace tan singular a los cristales de Naica, la infernal temperatura de la gruta.

A fuego lento

Todo comenzó más o menos hace 30 millones de años, en el momento en que una pluma de magma ascendió bajo el desierto de Chihuahua. La roca derretida recorrió las fisuras del terreno y abrió ciertas nuevas, compartiendo su calor con un sistema de galerías lleno de agua, enfriándose poquito a poco conforme las calentaba. Es posible que a la lava no le cueste mucho enfriarse, mas el magma encerrado bajo tierra es otro cantar. Al comienzo el agua estaba muy caliente, mas una vez igualada su temperatura con la del magma, estas empezaron a reducir a la par. Cuando el agua se hallaba a 150 grados, más o menos, tuvo lugar la primera reacción química de esta historia, en la que se formó un mineral de un gris azulado llamado anhidrita. Y acá está la clave, por el hecho de que la anhidrita tiene una particularidad, y es que bajo 58 grados Celsius deja de ser estable y también incorpora agua en su estructura molecular, formando yeso. Y sabemos que el yeso disuelto, cuando cristaliza, lo hace dando selenita, como la que forma las inmensas estructuras que atraviesan la cueva. No obstante ¿Qué ha podido mudar tanto y tan de forma lenta la solubilidad? Lo normal sería meditar que se trata de la temperatura, que al comienzo se pierde veloz, mas cuanto más se reduce más le cuesta bajar el próximo grado. El inconveniente es que, ahora, ciertos puntos de la cueva prosiguen superando los 50º C y los científicos no piensan que una diferencia de ocho grados pueda explicar un depósito de selenita tan apabullante.Se han planteado muchas otras hipótesis y se han examinando las burbujas de agua que aún poseen los cristales de selenita, no obstante, nada semeja haber alterado significativamente desde la capacitación del yeso. Por lo menos, nada que pueda trastocar lo bastante la solubilidad, como enormes diferencias en la acidez del medio.La gruta de Naica es una maravilla de la geología. Algo que suena impensable mas que, no obstante, existe. Cristales perfectos y exorbitantes temperados a lo largo de miles y miles de años, apartados del planeta, como en una realidad de hadas y seres de la noche. En apenas unos años hemos descubierto infinidad de datos sobre su historia y su naturaleza, no obstante, nos prosigue faltando una pieza clave. Mas no lo tomes como una derrota, ni muchísimo menos, por el hecho de que son esas cuestiones pendientes, centrales y también inquietantes, las que han impulsado a la ciencia desde el instante en que tenemos memoria.

QUE NO TE LA CUELEN:

Todavía no sabemos de qué forma pudo mudar tanto y tan de forma lenta la solubilidad en la gruta de Naica, por más que existan hipótesis.La capacitación de Naica no es única en el planeta. En verdad, en España tenemos la geoda de Pulpí, en Alicante. Sus cristales son considerablemente más modestos, mas del mismo modo respetables. Ciertos de sus cristales alcanzan los 2 metros de longitud.Confundir cristal con vidrio es mortal en presencia de un geólogo, de igual forma que llamar “piedra” a una roca.

REFERENCIAS:

Castillo-Sandoval I, Fuentes-Cobas L, Fuentes-Montero M et al. Light in the darkening on Naica gypsum crystals. 2015. doi:10.1063/1.4927194Van Driessche A, Garcia-Ruiz J, Tsukamoto K, Patino-Lopez L, Satoh H. Ultraslow growth rates of giant gypsum crystals. Proceedings of the National Academy of Sciences. 2011;108(38):15721-15726. doi:10.1073/pnas.1105233108

Fuente: larazon.es

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *