No deja de ser paradójico que los creadores de Photoshop, el software de manipulación fotográfica que ha cambiado la historia de la fotografía, haya apoyado un estudio para que una inteligencia artificial sea capaz de detectar las fotos de personas manipuladas con el programa de Adobe.
En concreto este estudio, realizado con investigadores de la Universidad de Berkeley, intenta detectar qué fotos han sido manipuladas con la herramienta de Photoshop Face-Aware Liquify. Esta permite deformar los rostros de las personas caricaturizando o mejorando sus rasgos faciales.

Un vídeo muestra cómo se realiza un retoque fotográfico a la imagen de una modelo
(YouTube)

La inteligencia artificial que han desarrollado pretende desenmascarar qué imágenes han sido tratadas con esa función del programa. Pero lo más interesante del comunicado de Adobe es que la empresa considera esta colaboración como “un paso hacia la democratización de la imagen forense, la ciencia de descubrir y analizar los cambios en las imágenes digitales”.
Adobe además pretende seguir con la labor de trabajar por desenmascarar las imágenes, e incluso documentos, manipulados: “esta nueva investigación es parte de un esfuerzo más amplio en Adobe para detectar mejor las manipulaciones de imagen, video, audio y documentos”.

La importancia de esto es tremenda, pues es probable que de aquí a unos pocos años cada vez haya más especialistas en determinar si una imagen, fija o en movimiento, es real o ha sido sometida a alguna clase de manipulación. Como sucede con los inquietantes vídeos deepfake.
Pero en realidad ese oficio, y las empresas que se dedican a determinar si una imagen es real, existe desde hace tiempo. En el mundo del fotoperiodismo ya se han convertido en un clásico las polémicas por supuestas manipulaciones digitales en los premios World Presmartphonesartphones

Esta foto, premio princippal de los World Press Photo 2016, fue realizada sin ninguna clase de recursos de retoque digital.

Esta foto, premio princippal de los World Press Photo 2016, fue realizada sin ninguna clase de recursos de retoque digital.
(Handout / Reuters)

De hecho, el proceso de verificación de las alteraciones digitales de la imagen, válidas y no válidas, de las bases de este concurso puede considerarse uno de los principales documentos para reflexionar sobre que consideramos una imagen manipulada. Aunque lo fundamental viene resumido así: “el contenido de una imagen no debe modificarse agregando, reorganizando, invirtiendo, distorsionando o eliminando personas u objetos del marco”.
Evidentemente, algo así en muchos ámbitos de la fotografía no se sostiene. Como es el caso del mundo de la moda, que también se ha visto azotado por la polémica que causan los rejuvenecimientos y dietas milagrosas que aplican a las modelos los departamentos de retoque fotográfico.

Mucho más llamativa es la ola de retoque fotográfico realizada por muchos de los que tienen una cuenta en redes sociales. No estamos hablando simplemente de influencers. Hablamos de personas que, con cientos de seguidores, alteran sus facciones mediante aplicaciones que realizan de forma veloz toda clase de manipulaciones en el rostro.

Para ello no usan Photoshop, usan aplicaciones como Facetune, que ya va por su segunda parte, y que logran resultados convincentes si se usan con mesura. Aunque eso no es lo habitual. Lo normal es que la falta de entrenamiento de los que usan estas apps lleven a sospechar que ciertos selfies van sobrecargados de retoques. Tal es la fibre por el rotoque de nuestro rostro que muchos smartphones por defecto llevan activado el denominado modo belleza a la hora de hacernos un selfie.

Millones de personas en todo el mundo usan apps para alterar sus rasgos faciales al hacer un selfie para publicarlo en redes sociales o aplicaciones de contactos

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