Los conflictos del gas condenan a España a sufrir la luz desbocada


A ninguna energética se le escapa que el precio del megavatio hora (MWh) está en niveles anormalmente altos; tampoco que en los próximos meses la tónica no será muy distinta. El propio Gobierno es también consciente de ello. Las cifras son innegables: hoy lunes se
marcará un nuevo máximo histórico superando los 154 euros, y van… En la diana de la mayoría de dedos acusadores están el gas y los derechos de emisión de CO2 como principales culpables.

La subida de la electricidad a cotas nunca vistas no será algo transitorio. Su normalización a niveles de 2020 o previos al Covid-19 todavía es una incógnita, pero el mercado de futuros hace augurar todavía un 2022 de tres cifras en

 parte del año. Durante todo el año pasado no se llegó a superar un precio medio mensual de 42 euros el megavatio hora; el máximo anual se dio en septiembre en 41,96 euros. La gran escalada llegó a partir de abril de 2021.

En el cuarto mes de este ejercicio el precio medio rebasó los 65 euros el MWh. Desde entonces todo han sido subidas. Julio y agosto encadenaron récords mensuales y este septiembre va camino de pulverizar todos los registros también; la media del mes ya ronda los 136 euros.

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Lo peor con el precio de la electricidad, según anticipa el mercado de futuros con datos de OMIP, está aún lejos de pasar. Para febrero se está moviendo por encima de los 130 euros MWh y solo de cara a marzo empezaría una bajada notable, de alrededor de 20 euros. El precio medio de los futuros para 2022 se mueve ahora en el entorno de los 95 euros, lo que supondría la primera vez que rebajaría la barrera de los 100 en más de siete meses.

Fuentes del sector sostienen que mirar más allá de esos plazos ya sería una tarea de predicción imposible porque los datos pueden variar sobremanera en cuestión de días de cara a un periodo tan extenso.
Lo que sí auguran en las eléctricas son seis meses más con precios muy altos, en niveles máximos o de casi máximos según el mes. Sería ya en primavera, a partir de marzo, cuando la bajada comenzaría a notarse en el mercado mayorista. Aquí es donde entra en juego el dedo acusador hacia el gas.

Crecimiento notable

En el gremio eléctrico sostienen que por cada euro por megavatio hora que sube el gas, el coste de la electricidad se incrementa en dos euros por megavatio hora. Y su encarecimiento ha sido también muy notable estos meses atrás, hasta llegar al entorno estos días de los 60 euros.

La previsión es que el precio del gas se mantenga en niveles muy altos hasta primavera también. Para entonces, el mercado de futuros marca ahora unos precios sobre los 33 euros, aún el doble de los niveles previos a la gran escalada pero ya algo más normalizados.

La relación de esta materia prima con el precio de la electricidad es total, por los ciclos combinados. «El precio máximo lo marca el gas, que se han multiplicado por seis en el último año como consecuencia de la creciente demanda de Asia y las tensiones en las infraestructuras que conducen
la materia prima desde Rusia hasta Europa y el canon por CO2, cuyo precio se ha duplicado. De hecho, los inventarios de gas, el que hay que almacenar de cara al invierno, son los más bajos en una década y es muy probable que no se alcancen los niveles deseados para sobrevivir al invierno. China está llenando sus almacenamientos, pero Europa no», asegura Carlos Balado, profesor de OBS Business School y director general de Eurocofin.

«El almacenamiento de gas en ambos lados del Atlántico, en América del Norte y Europa, es escaso, lo que hace que el mercado sea propenso a los próximos riesgos del clima invernal y aumenta los temores de que haya escasez», reconoce Norbert Rücker, jefe de Economía e Investigación de Próxima Generación de Julius Baer. Para evitar problemas de suministro, el Gobierno español ha ordenado a Enagás sacar 25 slots más de descarga de buques de esta materia prima para elevar las reservas de cara al invierno, entre otras medidas y ante las convulsiones internacionales.

El presidente de Enagás, Antonio Llardén, reconoció hace unos días que España afronta una situación de «tremenda volatilidad de precios y seguridad de suministro».

Por parte de la Asociación de Empresas de Energía Eléctrica (Aelec) coinciden en señalar al gas y al CO2 como culpables y van más allá en las causas del alza del primero: «Las razones que explican estos precios del
gas natural las encontramos en la fuerte recuperación económica en China e India, que demandan más gas para producir bienes, en que el suministro de gas desde Rusia no está aumentando y, en el ámbito más local, también vemos como los problemas entre Marruecos y Argelia están reduciendo el suministro a España».

Como señala la citada asociación, entre los conflictos del gas también se suma la ruptura de las relaciones diplomáticas entre Marruecos y Argelia, que tensiona el suministro español. Argelia es el principal proveedor de gas a nuestro país con alrededor de un 50% del total. Su llegada se produce mayoritariamente a través de dos gasoductos: Magreb (Argelia-Tarifa) y Medgaz (Argelia-Almería). Solo un 10% viene en buques metaneros (GNL).

«Las compañías eléctricas son una parte del mercado y se ven afectadas también por el precio final, dado que compran y venden energía para casar su oferta y su demanda, y la volatilidad de los precios del gas les afecta por completo», añade Balado.

Precios de las emisiones

Sobre lo que hay más incertidumbre, y que también condiciona la electricidad, es el precio de los derechos de emisión de CO2. Su impacto es menor, ya que por cada 1 €/t que sube el CO2 el coste de la electricidad se incrementa en 0,33 €/MWh, pero también está detrás de la subida. Así las cosas, el encarecimiento de los permisos de emisión explicaría una quinta parte del alza de la electricidad, mientras que los mayores precios del gas representarían la mitad de este (en concreto, 19,6 puntos porcentuales (pp) y 50,3 pp, respectivamente), según un reciente informe del
Banco de España.

Las eléctricas, por su parte, señalan que no pueden hacer nada sobre estos mercados y que también se ven perjudicadas. En este sentido, instaron hace unos días en un foro organizado por ‘El Economista’ a tocar aspectos de la factura sobre los que el Gobierno sí puede actuar. José Bogas, consejero delegado de Endesa, apuntó a revisar la fiscalidad de la factura y «bajar los impuestos», por ejemplo.

El coste de energía representa el 27% de la factura de los clientes residenciales. Los costes no relacionados con el suministro (impuestos, recargos y otros) suponen casi el 60% de la factura. Solo los impuestos representan el entorno del 33% de la factura de la luz. Relacionado con ello, en 2021, el Estado recaudará unos 8.000 millones de euros por estos conceptos, unos 1.650 millones más que en 2020 y tomando ya en cuenta reducción temporal del IVA al 10% y la supresión temporal del impuesto de producción del 7%.

Ángeles Santamaría, consejera delegada de Iberdrola España, también abogó por actuar sobre la parte impositiva de la factura, y recordó la importancia de incluir medidas que cumplan el marco regulatorio europeo para evitar «errores del pasado o decisiones inadmisibles desde un punto de vista legislativo», informa Teresa Sánchez.

Las eléctricas, en general, coinciden en el diagnóstico de que el gas está detrás de la escalada y que mientras este siga disparado, poco puede hacerse sobre el precio en el mercado mayorista. «Tenemos que seguir utilizando el gas para producir electricidad en el corto y medio plazo y sustituirlo paulatinamente por la nueva producción renovable que debe entrar en el mercado. Por tanto, seguiremos expuestos a estas volatilidades en los precios del mercado mayorista en los próximos meses y años», se resignan desde Aelec, al tiempo que fijan la vista en potenciar, sin duda, las renovables, un instrumento «más eficaz y económico».


Fuente:ABC.es .

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