La investidura se retrasa y no es la primera vez en los últimos tiempos. Entre el 2015 y el 2016, España se sostuvo 314 días sin gobierno y, como ahora, los vetos mutuos tuvieron la culpa del bloqueo. El interrogante que cabe hacerse es: ¿las presentes reglas del juego concebidas para una democracia bipartidista complican la capacitación de gobierno en un escenario con múltiples actores? Alén de consideraciones sobre la falta de cultura de coalición, hay cierto acuerdo en comprender que el sistema constitucional no encaja bien con el nuevo contexto de fragmentación.
Los mandatarios políticos ya han comenzado a proponer opciones alternativas. El presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, planteó –como adelantaba La Vanguardia en su edición de ayer– una reforma del artículo 99 de la Constitución
para facilitar que rija la lista más votada. Por su lado, el líder del Partido Popular, Pablo Casado, propuso el martes reformar la ley electoral para premiar al partido más votado con un bonus de 50 escaños, siguiendo el modelo de Grecia. Las dos propuestas comparten el propósito de asistir por fuerza más votada a lograr la presidencia y supondrían reformas de la Constitución y de la ley electoral.

El agotamiento del bipartidismo y la carencia de cultura de acuerdo complican la creación de mayorías estables

La propuesta de Sánchez se inspiraría en el sistema de elección del lehendakari en el País Vasco. En contraste a lo que pasa en el Congreso, en Euskadi posiblemente más de un aspirante se presente a la investidura en una segunda votación. Tras percibir las propuestas, los conjuntos votan siempre y en todo momento en positivo a uno de los aspirantes, de forma que se impone el más votado. Trasladado al Congreso, el modelo vasco dejaría que Sánchez saliese escogido solo con los votos del Partido Socialista Obrero Español (123), toda vez que el aspirante alternativo no le superara.Introducir este sistema fuerza nada menos que a alterar la Constitución. El artículo 99 fija que el presidente del Gobierno ha de ser escogido en primera votación por mayoría absoluta y, en segunda, por simple. Al no tratarse de cuestiones nucleares de la Carta Magna, bastaría con 3 quintas unas partes del Congreso para aprobar la reforma.

Las últimas encuestas del CIS han preguntado sobre la ocasional reforma constitucional que ahora plantea Sánchez. Un 43% de los encuestados se muestra a favor en el sondeo publicado esta semana.
Ciertos especialistas sospechan de esta propuesta. “Podría llegar a regir el que solo tiene una tercera parte de los votos o bien menos.”, arguye el politólogo Ignacio Jurado, que contrapropone lo que es conocido como “parlamentarismo negativo”, un sistema inspirado en los modelos del norte de Europa.
“En Dinamarca o bien Suecia, el jefe de Estado nombra de forma directa al primer ministro, que no se ve forzado a pasar por el aval de la investidura”, explica Pedro Riese, coautor de un informe del 2008 sobre la reforma del sistema electoral para el Consejo de Estado. “El Gobierno debe ganarse su supervivencia a posteriori”, explica Riese. Este modelo, que asimismo implicaría alterar el artículo 99, tendría una contraparte. “Generaría mayor inestabilidad a lo largo de la legislatura”, acepta Jurado, que agrega que, para conservar el control del Parlamento, debería ir acompañado de cambios legislativos para poner menos trabas a las peticiones de censura o bien confianza.

La propuesta del Partido Popular resulta sencilla: conceder una prima de 50 escaños por fuerza más votada. Inspirado en el sistema heleno, los populares arguyen que su plan solo implicaría alterar la ley electoral por el hecho de que la Constitución ya deja que el Congreso pueda acrecentar desde los presentes 350 a 400 escaños. Sin embargo, este punto no está tan claro: los especialistas coinciden en ver la fórmula como la introducción de un corte mayoritario en un sistema proporcional, lo que podría dar inconvenientes de encaje constitucional. Además de esto, no resolvería el problema: el Partido Socialista Obrero Español, con este modelo, no conseguiría el día de hoy la mayor parte absoluta”, apunta Riese.
Otro modelo que supondría una revolución en el sistema electoral de España mas que resolvería por siempre los inconvenientes de gobernabilidad es el de doble vuelta. Como ocurre en Francia, los españoles escogerían en una segunda votación entre los 2 aspirantes con más apoyos. A pesar de su eficiencia, los académicos asimismo tienen sus dudas. “Es pasar de un sistema proporcional a uno mayoritario, cuando la tendencia de los últimos tiempos es que los sistemas sean poco a poco más proporcionales, y además de esto implicaría un cambio constitucional y de mentalidad política a fondo”, concluye Jurado.

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