Derrumbados. De esta forma están terminando sus jornadas los empleados de los supermercados estos días. Desde el momento en que el primer día de la semana de la semana pasada la Comunidad de la capital de España y Vitoria anunciaran el cierre de los institutos por el avance del coronavirus, el pavor ha empujado a miles y miles de ciudadanos a invadir estos establecimientos y a hacer compras de forma apremiante frente al miedo a que se genere un desabastecimiento de productos de primera necesidad. Los llamamientos a la calma del campo, garantizando el suministro, y las medidas tomadas por el Gobierno para asegurar el abastecimiento de comestibles han devuelto algo de calma a estas superficies comerciales en las últimas horas. Pero los que trabajan en ellas amontonan una sobrecarga de trabajo y tensión que jamás ya antes habían conocido. Se sienten no solo expuestos al virus en primera línea sino más bien asimismo a la histeria de muchos ciudadanos.Begoña, tendera de un súper en la Comunidad de la capital de España, asegura que llega a casa “con la impresión de tener taquicardias”. Lo que ha visto estos días en el centro en el que trabaja no lo había vivido jamás. “He visto a la gente arrojarse sobre los palés para coger productos sin que nos haya dado prácticamente tiempo a abrirlos”, narra al paso que demanda las faltas de respeto y educación que ha debido aguantar por la parte de ciertos de estos clientes del servicio. María, otra cajera que trabaja en un súper en Murcia, va más allí. “Los camiones llegan con 2 o bien 3 días de retraso y cuando nos ponemos a descargar los carros es imposible. Los clientes del servicio se ponen a mirar dentro de ellos y a procurar sacar los productos ya antes de reponerlos”, explica. “Al abrir, una de las compañeras debe quedarse en la puerta mientras que otras se cambian pues desean entrar al momento”, asegura. La situación es tan tensa que asegura que aun “nos hemos debido enzarzar con clientes del servicio pues demandaban que les solventásemos inconvenientes que no están en nuestra mano”.El ritmo de trabajo es furioso. Verónica, empleada en un súper en Bilbao, asegura que trabajan a destajo doblando turnos para poder atender a los clientes del servicio. “No puedes ni reposar en tu desayuno, los clientes del servicio te prosiguen preguntando por los productos disponibles”, coincide María. “Algunos compañeros entran a las 6:00 de la mañana y saliendo a las 22:00 sin saber si se lo pagarán”, agrega.

Tensión física y mental

Al final de la jornada, el colectivo asegura que amontona un agobio físico y mental como jamás ya antes. Al lado de las “taquicardias” de Begoña, María describe escenas tráficas. No solo por el ahínco físico que, conforme afirma, le forzó el sábado a tirarse en el suelo tras acabar su turno pues, literalmente, no era capaz de mantenerse de pie. “Hemos roto a plañir dos veces en frente de los clientes del servicio. Mi encargada ha caído enferma del estrés”, agrega.Quizás, como afirma un vídeo que circula por las redes pidiendo ayuda y respeto para los empleados de los supermercados, los policías o bien los sanitarias estén mentalmente más dispuestos para encarar una situación de crisis como esta. Mas en los supermercados absolutamente nadie pensaba jamás que llegaría a verse en una situación de esta manera. Y, pese a todo, prosiguen yendo día a día a su puesto a fin de que la cadena de suministros básicos no se rompa. Haciendo, además de esto, un esmero no siempre y en todo momento en las mejores condiciones. Si bien Begoña asegura que a ella su empresa sí que le ha suministrado material de protección, como guantes o bien mascarillas, María afirma que, en su caso, lo han debido adquirir por su seguridad. “Estamos muy expuestas. Los clientes del servicio no guardan las distancias de seguridad y nos tocan a pesar de conocer las restricciones”, asegura. Lourdes, cajera en otra gran superficie de la capital de España, asegura que, en su caso, esta situación ha mejorado algo en los últimos días y que semeja que la gente se comienza a mentalizar de la relevancia de sostener una distancia de seguridad para eludir contagios. Además de esto, asegura que, cuando menos , comienza a percibir algo más de civismo. “Días atrás, la gente arramplaba a lo ido con todo cuanto cogía. Hemos llegado a cuadriplicar las ventas ciertos días. Ahora hay un tanto más de calma”, explica.Si el personal sanitario es esencial para combatir el virus desde determinado punto de vista médicos, el de los supermercados juega ahora un papel no menor para asegurar un servicio tan básico como el de la nutrición en tiempos de inseguridad como los presentes. “Hacemos lo que podemos, solo solicitamos calma y respeto. Si nosotras caemos, caen los supermercados”, advierten.

Fuente: larazon.es

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