La vasta hemeroteca de ABC es el retrovisor a través del que se puede viajar al pasado y medir la trascendencia de un determinado sitio. Lhardy, conminado el día de hoy por la quiebra, devuelve cuatro.233 entradas en una busca veloz. Muchas de ellas son pequeños anuncios promocionales, es cierto. Mas tantas otras corresponden a crónicas, apuntes breves o bien grandes documentales que han quedado impresos por siempre en el papel y que dan muestra de la relevancia que ha tenido este restaurant para la vida social de los madrileños. La primera de las entradas que ofrece data de 1891, en la publicación que antecedió a este diario, Blanco y Negro, y en la que se hacía referencia sus insignes «pastelillos».

El dulce siempre y en todo momento fue uno de los mundos de Lhardy, si bien no el único. Años después, en 1905, una nueva sobre una huelga de reposteros reclamaba su situación en la capital española asegurando que la «pastelería fina» no se introdujo en la capital hasta la llegada de este simbólico restaurant fundado en 1839 por el suizo Emilio Huguenin –Emilio Lhardy, desde el momento en que vivió en la Villa y Corte–. Las curiosidades se suceden.

Resulta atractivo que en esa lista de resultados se repita habitualmente la palabra ‘banquete’ como una especie de apellido para este local de la Carrera de San Jerónimo, ocho. Una modalidad de festín en desuso en la que, a fines de siglo XIX y principios del XX, pocos podían competir con la sofisticación y el lujo que ofrecía Lhardy –tal vez el Hotel Inglés–. Creador del término moderno de restaurant como sitio dedicado al disfrute, sus 6 salones –el isabelino, el blanco, el sarasate, el gayarre, el tamberlick y el japonés– fueron el escenario de fastuosos acontecimientos. En ellos los manjares, seguro que los más escogidos de la capital española en todas y cada una de sus temporadas, no eclipsaron jamás el auténtico estrellato de lo que allá sucedía y edificaban sus comensales.

A mesa y mantel, y bajo exactamente la misma decoración que el día de hoy lucen sus paredes, la vida cultural, política, científica y social quedó allá presa por siempre. El reflejo de sus afamados espéculos se traduce en una parte de esas crónicas. En 1891, por poner un ejemplo, reseñando un banquete en honor a Mariano Benlliure tras la inauguración de su escultura homenaje a Jacinto Ruiz Mendoza –héroe de la Guerra de la Independencia–, que prosigue todavía en la plaza del Rey de la capital. O bien, asimismo, recogiendo el ágape servido tras el nombramiento de Torcuato Luca de Tena como miembro del Congreso de los Diputados por Martos (Jaén) el 11 de abril de 1898. Su apretada agenda, con presencia de las personalidades más esenciales de cada instante, hizo del restaurant un sitio frecuentado por los cronistas. De esta manera se recoge en otro artículo de finales del siglo XIX, en Blanco y Negro, en el que se traza el perfil de un ‘reporter’ citando, aparte de Lhardy, otros locales que frecuentaban como la Cervecería inglesa en el 24 de exactamente la misma calle.

Muchos de esos insignes banquetes tuvieron sitio en sus salones a iniciativa de la prensa madrileña. En el tercer mes del año de 1900, El Ecuánime festejó uno con presencia de José Echegaray, el ministro Rafael Gasset y el presidente del Consejo de Ministros, Francisco Silvela, entre otros muchos. «Con el estímulo de manjares y libaciones se han decidido derrocamientos de reyes y políticos, repúblicas, introducción de nuevas dinastías, restauraciones, regencias y dictaduras», alardea, en su historia escrita, este local a sus 182 años de vida y que ha visto sentados a su mesa a Isabel II, Alfonso XII, Alfonso XIII o bien a dictadores como Miguel Primo de Rivera. Su entorno y su muy elegante forma de obsequiar al comensal fueron escogidas en las Navidades de 1901 por el presidente del Congreso de los Miembros del Congreso de los Diputados, Segismundo Moret, a fin de que los miembros del Congreso de los Diputados de partidos contrarios enterrasen el hacha de guerra y estrecharan nudos.

Un sitio donde obsequiar al extranjero
Lhardy se labró su fama como sitio delicioso. Cualquier intento por obsequiar a las legaciones internacionales que llegaban a la capital española pasaron por el ocho de la Carrera de San Jerónimo. Y no solo políticos. En 1903, los asistentes a la celebración de un congreso médico internacional en la capital brindaron allá. Entre otros muchos, ABC resaltó la presencia de celebridades como el nosólogo inglés Paul Brouardel, el neurólogo Paolo Mantegazza, el fisiologo francés Hables Robert Richet y el urólogo de España Joaquín Albarrán y Domínguez.

Mas no siempre y en todo momento Lhardy fue capaz de acoger en sus suntuosos salones los fastuosos banquetes que le encargaban. De esta manera, fue frecuente que sus exquisiteces saliesen de cocinas para ágapes con cientos de convidados, como el que festejó el Municipio de la capital española en honor a Émile François Loubet, presidente de la República Francesa, en el mes de octubre de 1905. Un quinquenio después, y en el propio restaurant, en el mes de julio de 1910 V
icente Blasco Ibáñez agasajó al presidente de Argentina con un enorme festín en agradecimiento al trato recibido a lo largo de su aventura en el país. La crónica resalta la asistencia del entonces presidente del Consejo de Ministros José Canalejas; el ministro de Instrucción Pública y Hermosas Artes, Julio Burell; el regidor de la capital española, José Francos Rodríguez; Miguel Moya, primer presidente de la Asociación de la Prensa de Madrid; José Villegas, directivo del Museo del Prado; el escultor Mariano Benlliure; o bien los pintores Joaquín Sorolla y Francisco Pradilla.

Lhardy y el Teatro De España
«Doña María Guerrero y don Fernando Díaz de Mendoza encargan en Lhardy servir sus cenas en el saloncillo del teatro. Si la obra incluye escena de mesa, como en ‘Manon Lescaut’, los actores tienen ante sí el menú que les manda Lhardy», recogía ABC en 1974. Dramaturgos, actores y escritores tuvieron acá una sede permanente para el ocio y negocio. En el tercer mes del año de 1907, a lo largo de los ensayos de ‘Le Voleur’ en el Teatro De España, Jacinto Benavente ofreció a su colega el dramaturgo francés Henri Bernstein un banquete que reunió como mucho granado de las artes escénicas y la cultura: la propia María Guerrero,

Joaquín Dicenta, los hermanos Álvarez Quintero y Benito Pérez-Galdós, entre otros muchos. Como curiosidad, el cronista resaltó la ausencia de Echegaray, que no fue convidado, y que era un habitual del local.

Cuesta localizar presencia femenina en las tertulias y acontecimientos que acogió a inicios del siglo veinte. En 1912, ABC se hizo eco de una de esas contadas participaciones, la de la escritora y crítica Blanca de los Ríos y Nostench, para poner en valor la obra de Cervantes.

Escritores, toreros y el ‘Le PEN Club’
La vertiente más literaria de su clientela estuvo representada por figuras de la talla de Ramón Gómez de la Serna y José Martínez Ruiz, Azorín. Este último dejó para la memoria la oración «No podemos concebir la capital española sin Lhardy» que el día de hoy repiquetea en la psique de sus dueños y empleados frente a la agónica espera del preconcurso de acreedores en el que ha entrado.

Banquete de ‘Le PEN Club’ en Lhardy, en 1922

ARCHIVO DE ABC / José Zegri
En 1922, Ramón Gómez de la Serna así como José Martínez Ruiz, Azorín, crearon el PEN Club De España, encabezado por este último. En el mes de abril de aquel año, el fotógrafo José Zegri captó en una instantánea para ABC de uno de los primeros banquetes que el club festejaría allá antes que estallase la Guerra Civil. En el mes de abril de 1923 otra crónica narra la presencia de Azorín y Federico García Lorca entre una nutrida representación de la crema de intelectualidad de la temporada.

Mediado el siglo veinte las celebraciones en Lhardy adquirieron un tono menos solemne. En sus salones y reservados se sucedieron homenajes a versistas como Jorge Guillén, en 1953. En él, como testimonian las fotografías que conserva el Fichero de ABC, participaron el propio celebrado, Alfonso Laredo, Miguel Arteche, Pepín Hermoso, Mariano de Cossío, Claudio Guillén, Eusebio Oliver, Diaz Rizado, Germán Bleiberg, Gerardo Diego, José María Valverde, Luis Rosales, Dionisio Ridruejo, Vicente Aleixandre, Carlos Bousoño, Melchor Fernández Almagro, Luis Felipe Vivanco y Dámaso Alonso.

Homenaje a Manolete en el salón nipón de Lhardy – ARCHIVO DE ABC

Apenas año y medio ya antes de su muerte, en el mes de diciembre de 1944, Manolete fue obsequiado con una enorme comida en el salón nipón. En una fotografía, arropando al matador, se puede estimar a Raimundo Fernández Cuesta, Agustín de Foxá, Edgar Neville y José María Pemán. 53 años después, en el mes de diciembre de 1997 el homenaje a aquella cita se repetía en exactamente el mismo sitio, con el propio Pemán y bajo la presidencia de Torcuato Luca de Tena. Versistas, vocalistas, toreros y políticos recordaron al profesor Manuel Rodríguez a lo largo de un cena llena de versos. Participaron Álvaro Domecq, Juan Valderrama, Dolores Abril o bien Rocío Jurado.

Fuente: ABC.es

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