Fue la principal urbe cristiana de la península Ibérica entre los siglos X y XII, cuando contó con más iglesias y monasterios que cualquier otra. Asimismo representó un jalón jacobeo: los peregrinos medievales que viajaban a Santiago de Compostela soñaban con aquella gran ciudad que tenía diecisiete centros de salud consagrados únicamente a su socorro y consuelo.
Tras largas jornadas de marcha por medio de estepas y pedregales, en la mitad de un frío espantoso o bien de un calor infernal, conminados por prófugos y por lobos, la capital del poderoso reino leonés debió ser una bendición para esos paseantes tribulados, a quienes ofrecía seguridad, descanso, información e inclusive lujo.

Muy cerca de la iglesia de Santa Ana nació Buenaventura Durruti, líder ácrata y revolucionario, fallecido a inicios de la Guerra Civil

Como , llego a la urbe de León por el distrito de Puente Castro, donde se segregó a los judíos locales entre los siglos IX y XII, alén del río Torío. El recuerdo de aquella comunidad pervive en la vieja iglesia de San Pedro, el día de hoy reconvertida en Centro de Interpretación de las 3 Culturas. Tras fisgonear las muchas inscripciones y lápidas de la instalación, y la variada documentación de la temporada, retomo la marcha, salvo el curso fluvial por una pasarela.

Me dirijo cara la iglesia de Santa Ana. Construida en el siglo XII, fue el primer templo local que daba la bienvenida a los peregrinos. A su lado había un osario, donde terminaron muchos paseantes poco afortunados. El templo perteneció originalmente a la orden del Beato Sepulcro, hasta el momento en que, ya en el siglo XV, pasó a la orden de San Juan de Jerusalén, fundada para ayudar a los peregrinos que viajaban a Tierra Santa. Su emblema, la cruz de Malta, aparece 9 veces en la iglesia y 2 en el exterior. Muy cerca de Santa Ana nació Buenaventura Durruti, líder ácrata y revolucionario, fallecido a inicios de la Guerra Civil.

Muralla de León
(Juan-Enrique / Getty Images/iStockphoto)

La calle Barahona lleva hasta los restos de la muralla. La traspaso por exactamente el mismo acceso que empleaban los viejos peregrinos: la Puerta Moneda, llamada de este modo por el hecho de que los cambistas acostumbraban a ejercer su oficio en las proximidades.
La calle Escurial me conduce a uno de mis rincones preferidos en León: la plaza del Grano, con su fantástico pavimento adoquinado y ciertas casas porticadas. Escenario de un viejo mercado, el espacio lo encabeza una fuente neoclásica que representa la confluencia de los ríos Torío y Bernesga en la urbe. Aparte de múltiples terrazas realmente agradables, la plaza tiene edificios con interés, como el convento de las Carbajalas, del siglo XVI, o bien la iglesia de Santa María del Camino.

Casa Botines, de Antoni Gaudí

Casa Botines, de Antoni Gaudí
(JoseIgnacioSoto / Getty Images/iStockphoto)

Retomo la marcha por la calle Herreros y emboco la Rúa, una calle escandalosa que debe su nombre a los muchos viajantes franceses que llegaron a la urbe por el Camino de la ciudad de Santiago a lo largo de la edad media. A un lado se extiende el insigne Barrio Húmedo local, zona de vinos y tapas; al otro, la concurrida plaza de San Marcelo o de las Palomas, con la iglesia de San Marcelo o la neogótica Casa de Botines, proyectada por Antoni Gaudí en 1891. En exactamente el mismo espacio, el renacentista palacio de los Guzmanes es en la actualidad la sede de la Diputación Provincial. Justo enfrente hay una pequeña capilla, la del Cristo de la Victoria, construida a fines del siglo XIX justo donde, conforme la tradición, vivieron el patrono de la urbe, san Marcelo, su esposa, santa Nonia, y sus 12 hijos.
La calle Ancha es la más esencial de León desde hace 2 mil años. La aseveración popular semeja exagerada, mas tiene un fondo de veras histórica, puesto que la calle actual se sobrepone con la Vía Principalis del campamento romano sobre el que medró la ciudad.

La catedral de Santa María no pasa desapercibida: es uno de los templos góticos más impresionantes de España

La llegada a la catedral de Santa María no pasa desapercibida: es uno de los templos góticos más impresionantes de España, uno de esos edificios que hacen tragar saliva. Se acabó en 1303 sobre un palacio precedente, propiedad del rey leonés Ordoño II. Este soberano lo donó a la Iglesia, como ademán de agradecimiento por una enorme victoria militar contra el Califato. La catedral está muy influida por la arquitectura gótica francesa. En el exterior resaltan visualmente las 2 torres de la testera occidental, con 65 y 68 m de altura cada una.
No obstante, el interior es el genuino tesoro catedralicio, merced a la presencia de 125 vidrieras que crean espectaculares juegos de luces. En conjunto son 1.800 m2 de vidrio minuciosamente trabajado, y que se reparte entre 3 grandes rosetones y 68 ventanales. El templo tiene el coro de sillería más viejo de España: artistas flamencos lo tallaron en madera de nogal a lo largo del siglo XV, incluye escenas grabadas del Viejo Testamento.

Los vitrales de la catedral de León son una de sus joyas

Los vitrales de la catedral de León son una de sus joyas
(ilia-art / Getty Images)

Pese a su apariencia imponente, la catedral de León arrastra un alarmante historial de atribuyas. Las causas primordiales son la debilidad de los cimientos, asentados sobre un suelo lodoso, poco firme; y el llamado “mal de la piedra”, la descomposición progresiva que experimentan los sillares.
Un mito local atribuyó esas enfermedades a un monstruoso encuentro que roía la edificación cada noche hasta desequilibrarlo. Los leoneses persiguieron a la fiera sin reposo hasta conseguir su atrapa. El pellejo del animal es perceptible dentro del templo, cuelga sobre la puerta de San Juan. La ciencia, un tanto aguafiestas, identifica ese resto como el caparazón de una tortuga laúd. Fuere como fuese, el templo ha experimentado una restauración tras otra a lo largo de los últimos siglos, sin que exista ninguna certidumbre sobre su evolución.
Si la catedral de Santa María es una joya gótica, la Real Colegiata Basílica de San Isidoro es una obra profesora del románico. El rey Fernando I la ordenó edificar en 1056 para proteger las reliquias de san Isidoro y a fin de que fuera panteón real.

Real Colegiata Basílica de San Isidoro de León

Real Colegiata Basílica de San Isidoro de León
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El complejo tiene 2 muy bellos accesos. La portada del Perdón muestra escenas de la Pasión de Cristo. La talló el Profesor Esteban, autor de la insigne Puerta de las Platerías en la catedral de S. de Compostela. Está consagrada a los peregrinos y solo se abre los años jubileos. La portada del Cordero, por su lado, representa el sacrificio de Isaac. Paso un rato muy entretenido descifrando los tímpanos de las dos puertas.
El interior de la colegiata acoge la hermosa capilla Mayor, gótica del siglo XVI. En ella se preservan las reliquias de san Isidoro, el erudito autor de las Etimologías, una obra que condensó todo el conocimiento existente en el siglo VII. El rey leonés Fernando I ordenó el transporte de sus restos desde Sevilla en 1063. Fue una idea avispada, puesto que los despojos protagonizaron todo clase de milagros y atrajeron a muchos devotos que asistían a León desde tierras lejanas para suplicar algún favor al santurrón.
La enorme joya de la colegiata es el Panteón de los Reyes de León, de manera frecuente convocado como “la capilla Sixtina del arte románico”». La razón es que, aparte de acoger las tumbas de los soberanos leoneses, reúne un espectacular conjunto de pinturas murales en la techumbre. Los frescos se reúnen en 3 ciclos rituales, Navidad, Pasión y Resurrección, y se complementan con un fabuloso calendario agrícola.

El convento de San Marcos es uno de las edificaciones más sobresalientes del Renacimiento ibérico y se creó asimismo como centro de salud para peregrinos

Abandono San Isidoro por la calle Sacramento cara la plaza de Beato Martino. Su instituto fue el viejo centro de salud de la colegiata, la edificación que esta dedicó para la acogida de peregrinos. Sigo por la calle Abadía, que me deja ver los restos de la muralla romana. Por las calles Renueva y Suero de Quiñones accedo a la plaza de San Marcos, mi última gran parada en León.
El convento de San Marcos es uno de las edificaciones más sobresalientes del Renacimiento ibérico y tiene su origen en el siglo XII, cuando asimismo se creó como hospital para peregrinos. Más adelante devino la sede primordial de la orden de la ciudad de Santiago en León, de los frailes-soldados que resguardaban el Camino. No obstante, llegó en muy mal estado al siglo XVI, cuando el rey Carlos I ordenó su reconstrucción. El arquitecto técnico Juan de Orozco se responsabilizó de las obras de la iglesia, que decoró con conchas y otros motivos jacobeos; Martín de Villarreal dirigió la fachada; y Juan de Badajoz el Joven, el claustro y la sacristía. El complejo ha tenido una historia difícil desde ese momento, con diferentes usos: cárcel, escuela de veterinaria, instituto de enseñanza media, cuartel de caballería… Hoy día acoge el Museo de León y un parador nacional.
Cruzo el río Bernesga por un puente del siglo XVIII. El distrito ferroviario del Crucero apunta el fin del Camino de la ciudad de Santiago en la urbe. La ruta prosigue cara el oeste, camino de las regiones de la Maragatería y el Bierzo, de Galicia y S. de Compostela.

Plaza del Grano

Plaza del Grano
(photooiasson / Getty Images/iStockphoto)

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