Llegó el día. José Enrique Abuín Gey, «El Chicle», ha entrado esta mañana a los juzgados de S. de Compostela vestido con cazadora y pantalón vaquero, con la barba recortada y con apenas un hilo de voz (ronca) mas con la lección bien aprendida. Ha tenido la fortuna de contar con una letrada, Fernanda Álvarez, que ha efectuado un impecable relato de defensa, sembrando dudas sobre el jurado (inevitablemente condicionado) desde el primer minuto y cuestionando el rosario de rastros que pesan sobre Abuín. «No la metió viva al vehículo, no la violó. Sino más bien, habría pruebas. No las hay por el hecho de que no se cometieron esos delitos», afirmó tajante. La verdad es que se apreció que había preparado realmente bien la declaración de su usuario, que se juega la cárcel permanente revisable si se puede acreditar que hirió sexualmente a Diana Quer ya antes de matarla la noche del 22 de agosto de 2016, como mantienen Fiscalía y acusación. Mas a lo largo de su declaración, dio a comprender que, prácticamente, fue todo fruto de un fatal accidente, que la mató prácticamente involuntariamente, tratando de desviar el crimen cara el asesinato para rebajar substancialmente el tiempo que le espera en cárcel. «El Chicle» empezó a charlar a las 12:48 horas y lo hizo para explicarle a la fiscal, Cristina Margalet, lo que fue a hacer aquella noche en A Pobra do Caramiñal. «Fui a hurtar diesel a los camiones de los feriantes», explicó con una voz tan ronca que apenas se le comprendía en la sala. De ahí que aparcó en las proximidades, bajó con las garrafas y se dirigió a 2 camiones. «El primero no tenía apenas diesel. Miré el segundo, metí la manguera y saqué garrafa y media». Fue al regresar cara el vehículo cuando, según él, «me hallé con la chavala de frente». «Pensé que era alguna persona de los feriantes y tuve temor de que me delatara», explicó. Abuín afirmó que tenía antecedentes por nacotráfico y podía entrar en cárcel. De ahí que «y por temor a los gitanos» actuó de este modo. «Le eché la mano derecha al cuello y la izquierda tras la cabeza, sin darme cuenta de la presión que hacía. En el momento en que me di cuenta ya estaba parada. No se movía». Entonces, afirma que la dio unas palmadas en la cara a fin de que reaccionara mas nada. «Mi pretensión no era matarla», remarcó. La fiscal le preguntó si tenía tanta fuerza en las manos (de qué forma para romper el hueso hioides, a la altura de la garganta, como descubrió la necropsia) a lo que respondió con un absurdo ejemplo, fuera de lugar: «Antes de que me operasen sí. Yo podía levantar mi peso con 2 dedos de una mano», dio como dato. Tras matar a Diana, «El Chicle» afirmó que la cogió en brazos y la echó sobre los asientos traseros del vehículo. Cogió su bolso y su móvil y lo dejó en el asiento del copiloto. «¿Por qué razón no informar mejor a la Policía?», le preguntó la fiscal. «Me atemoricé y reaccioné de este modo. Se que lo hice mal mas reaccioné así». Todo esto debió suceder cuando apenas faltaban unos diez minutos ya antes de las 3 de la madrugada por el hecho de que fue a las 2:38 horas cuando Diana escribió su último WhatsApp a un amigo, contando su miedo por el hecho de que un gitano le había dicho el conocido «morena ven aquí». Si bien afirma que a las 3:15 o bien 3:30 ya estaba en su casa, todavía debió llevarla a Asados, tirarla al pozo y retornar a su casa. Abuín afirma que salió del pueblo y cogió la autovía AG-11, donde a la altura del puente de Taragoña, tiró por la ventana el móvil de la chavala. «Mi pretensión era dejar su cuerpo en la ría mas había gente en el muelle» con lo que siguió cara la nave descuidada de Asados. «Accedí por el portal que hay a mano izquierda». Después abrió desde dentro el portón y metió el vehículo. Sacó a Diana, según él, ya fallecida, y la bajó al sótano «con el cuerpo en brazos», donde sabía que había un pozo. Conocía bien la nave por el hecho de que había entrado a hurtar madera y todavía quedaban en el interior muebles abandonados. Ya antes de tirarla al mismo, afirma que le quitó la ropa «por temor a que quedasen restos del coche» y su análisis pudiese delatarle, justificando de este modo el cuerpo desnudo de Diana. «El Chicle» asegura que no le quitó el tanguita «porque no estaba en contacto con el coche», dando a comprender que si estaba en el pozo lo habría ido sacando el agua. Ni la fiscal ni el letrado de la acusación se les ocurrió preguntarle por qué razón, conforme este argumento, sí tiró el bolso al pozo. Pese a que lastró el cuerpo con un cable atado y 2 bloques. El cadáver de Diana «quedó flotando». La ropa la metió bajo el asiento del copiloto y, afirma, al tiró al día después a los contenedores de un pueblo próximo. Tras todo esto, Abuín tuvo la sangre fría de continuar mudo prácticamente 500 días, sabiendo toda vez que iba a su pueblo, que ahí oculto estaba el cuerpo de una joven cuyos progenitores y hermana se estaban volviendo locos. “Mírame a la cara” Aparte de Abuín, esta mañana ha sido el turno de que declarasen los progenitores de la víctima, que el día de ayer ni se miraron en la sala de vistas. Primero lo hizo Juan Carlos Quer, que narró el dolor que ha ocasionado este crimen en la familia: «Este señor ha generado 4 víctimas», en referencia a su hija fallecida («fue asesinada, no fallecida», corrigió Quer a la fiscal), a su ex- mujer, a su hija Valeria y a él. Exactamente sobre Valeria centró su relato. «Ha sido asolador para ella», y explicó que ha estado ingresada en centros de salud mental y que en una ocasión «se provocó 15 quemaduras por el cuerpo con un mechero» para expresar su dolor. Él, por su lado, explicó que «dejas de trabajar, de vivir. Vegetas» y afirmó que aquella noche visualizaba a su hija Diana «como un cervatillo» en frente de su predador. Ahora entró en la sala Diana López Pinel, que sí miró al asesino de su hija mas no subió la mirada. Se desmoronó al describir a su hija. «Era una pequeña formidablemente benevolente, era buena, un ángel». Cuando la fiscal le preguntó si era frágil dijo: «No sé, preguntarle a su asesino ¿verdad Chiquilín». Al salir le espetó a Abuín a unos centímetros: «Mírame a la cara», mas la Policía se llevó al acusado fuera. Del sollozo a la negación: de este modo se portó “El Chicle” a lo largo de la primera sesión: No separaba la mirada del suelo mientras que los fotógrafos inmortalizaban su imagen: cazadora y pantalón vaquero, zapatillas de piel azules con 2 rallas blancas y barba arreglada, dejando solo rasurada la línea sobre la quijada. “El Chicle” continuó a lo largo del relato de los hechos con los ojos cerrados y negó con la cabeza hasta en 9 ocasiones, cuando mentaban su ánimo sexual, la violación de su cuñada, cuando afirmaban que la introdujo en el maletero o bien que la puso la rienda al cuello. Asimismo daba la sensación de que lloraba (se enjugó los ojos) cuando charló su letrada y al decir la madre de Diana que su hija era «un ángel».

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