Las señales de un maltrato invisible desde los 15 años

Publicado el Por Marina S.


Control del tiempo, la vestimenta y el dinero. Castigos de silencio. Dominio de su intimidad, del momento en que se tienen que mantener relaciones sexuales y cómo.
Sumisión. Pruebas imposibles de superar. Y algo más evidente: insultos y amenazas. Al lector que se le pregunte si
el abuso es lo mismo que el amor, sabría la respuesta. Pero Pilar y Sara tenían 15 años. Elisabeth, algunos más. Las tres vivieron aplastadas por sus parejas en su juventud. Sara, por dos veces. Saltó de una relación de posesión donde él acabó en prisión con orden de alejamiento a otra similar. Este tipo de maltrato de posesión es invisible, no se ve si no acaba en un parte de lesiones

 con un cardenal, dicen las responsables de sus terapias, porque las tres mujeres reconocen haberse recuperado merced a la ayuda psicológica. «Y una vida de maltrato es una vida perdida», agregan las terapeutas. Otro elemento común que se desprende cuando cuentan su historia: «Sentía que me moría sin él, pero era su propia construcción. Durante años levantan ese muro: sin él, tú no eres nadie, eres gorda y fea, y no te va a querer otro chico. Cuando rompes tu silencio, ves la luz», dice la onubense Pilar, la única que aún no se atreve a dar su nombre real.

Eli Calderón sí lo da. Tiene 37 años y en su caso el abuso no fue siendo tan jovencita. Es una conocida DJ, sobre todo en Cataluña de donde es natural y pese a esa apariencia de mujer moderna, cosmopolita y resuelta, confiesa que hasta que su ex no le apretó el cuello en un viaje a Italia y acabó en un hospital no se dio cuenta del tipo de persona con la que ya convivía. Por su naturaleza y su profesión, Eli se presenta hoy con extroversión. Durante más de un año, no pudo ser así. Cada baile era un problema; y cada sonido en el móvil. «Llegó a buscar en mi historial de consultas del ordenador que me dejé un día abierto y me rastreó un viaje en Cabify para ver si me había dejado donde le había dicho», abunda.

En las relaciones de posesión te dicen que es por amor, y te lo crees. Este maltrato no es exclusivo de los hombres hacia las mujeres. También lo hay en la otra dirección. De acuerdo con algunos estudios que han elaborado recientemente el Centro sociológico Reina Sofía para la FAD, y el Observatorio de la Juventud, tres de cada cuatro chicas dicen que han visto en sus novios comportamientos que se ajustan al abuso.
Un tercio de ellas admiten haberlos padecido. El 28% de los jóvenes identifican controlar el móvil, la intimidad de la pareja o sus movimientos como amor y uno de cada cinco considera el maltrato un «invento ideológico».

Sexo o pesadilla

Como trabajo de campo, Sara García ofrece su testimonio en los talleres que imparte la Fundación Ana Bella de supervivientes de
violencia de género en las escuelas e institutos de todo el país. Allí son más las chicas que identifican a sus novios dentro de estos patrones; algunos niños salen de las clases y otros asumen que lo que ven en sus hogares es pura y neta toxicidad.

Pilar tiene 26 años y a los 15 se enamoró de un sueño, un ideal a esa edad para una joven. Un chico de 22 años, mayor, con coche, que insistía en estar con ella. «Iba detrás de mí y al mes de mantener relaciones íntimas, todo cambió». El sexo era la obsesión de este hombre: «Me hacía tener relaciones con la regla o antes de que saliese por ahí con sus amigos porque me amenazaba con que si no iba desahogado, se iría con cualquiera que encontrara. Era una pesadilla. También me forzaba a que me doliese mantener sexo, porque si no me dolía significaba que yo me había ‘follado’ a otro. Y yo pensaba que él era mayor y que igual ‘eso’ del amor era así; me hizo creer que yo no tenía ni idea y lo llegas a interiorizar».

A Eli su vena expansiva y hedonista la ayudó a romper una rutina de abuso psicológico muy poco perceptible, comenta. En su caso fue menos tiempo –nueve meses de relación–, pero desde los primeros treinta días ya habían aparecido las primeras «banderas rojas», recuerda. «Íbamos por la calle y no sé qué dije, algo que vio inconveniente. Ahora me visualizo en esa primera vez justificando lo que había dicho para que él no se enfadase. Con el tiempo, me he dado cuenta del resto de actuaciones y más grave que esa primera discusión. Yo tenía que hacer que ‘eso’ funcionara y ya me estaba cargando la responsabilidad de esa relación. Pero la persona no era la adecuada».

Sara García abrió una línea de cosmética para donar a la lucha contra el maltrato

El exnovio de Eli la castigaba con el silencio. Días de convivencia sin una palabra y muy malos modos. Había más señales de alerta, reseña: movidas cada vez que iba a pinchar, o cada viaje. Y el arma que él más usaba era la vejación del «me avergüenzas», una de las frases del millón que Pilar, Eli y Sara repiten. «Estaba encorsetada, me hacía dudar de todo. Cambié totalmente mi personalidad. Llegué a desactivar las notificaciones del móvil porque cada vez que sonaba era un problema, un interrogatorio», afirma la catalana.

El móvil es la humillación

El móvil es otro vehículo de humillación y espionaje constante. Sara es de Gandía y se la pilla por casualidad. Sigue sin mirar demasiado el teléfono. Es una de las «cargas» que arrastra: el cielo se abrió para ella cuando nadie le robó el terminal durante tres días para ver quién le escribía ni le exigió contraseñas para reprobarle cada ‘like’ en una red social. Se tarda mucho tiempo en soltar lastre, admite. Sara había visto maltrato en su casa y secunda que en muchas ocasiones «la niña repite el patrón de su madre, el niño de su padre, así que es por ello que de mi hermano prefiero ni hablarte». Valiente y dinámica inauguró una firma de cosmética –
Kiérete
– y de cada compra descuenta un euro que va a parar a la lucha directa contra el maltrato.

Uno de cada cinco jóvenes considera que el maltrato es un «invento psicológico»

«La mayoría de los hombres son maravillosos y quieren mantener relaciones sanas. No les culpamos a ellos; solo a los ellos que por roles aprendidos o heredados no saben distinguir abuso de amor», dice Sara, que no ha querido tener otra pareja, prefiere sanar antes. Eli estuvo meses que no le salía salía «ni llorar». «El rodillo de una relación tormentosa es destructivo, como un volcán –agrega Pilar–. Ríanse del de La Palma».


Fuente: ABC.es .

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