Las puertas del infierno las abrieron los soviéticos




Aunque su nombre real es el Pozo de Darvaza, en tanto que es de este modo como tiene por nombre la localidad más próxima, un pequeño pueblo de pastores con apenas un puñado de residencias, y su historia no se remonta a los albores de la humanidad, ni tiene una explicación fabulosa con trazas de magia. Por el contrario, su existencia se debe a una razón de lo más fácil, tan frecuente como los días de sol: un fallo humano.

Ideas de bombero

Corría el año 1971 en el momento en que un equipo de geólogos soviéticos visitó esta zona en su inacabable busca de gas natural, fluyendo ricamente bajo las tierras areniscas del desierto. Rebosante en gases y petróleo, Turkmenistán ha vivido una angosta relación con Rusia desde su temporada soviética, y aún pueden verse a puñados viejos Ladas estropeados circulando por la carretera. Y fue a lo largo de la busca del codiciado gas, cuando el campamento de los geólogos padeció un fuerte temblor y la tierra se desmoronó bajo ellos, como por obra de una fuerza extraña. Múltiples miembros del equipo murieron como resultado y los supervivientes descubrieron tras el desprendimiento un enorme pozo de gas.Doloridos por lo ocurrido, miedosos de que el gas escapándose por los poros de la tierra se extendiera a las localidades próximas y envenenara el aire que respiraban, los soviéticos procuraron una solución veloz y económica. Se ignora el nombre del genio que tuvo la idea de tirar una cerilla para abrasar el gas hasta agotarlo. El resto de los geólogos pareció meditar que esta sería la opción mejor, y tras echarse a suertes quién sería el héroe, dieron una caja de cerillas al que sacó la más corta y corrieron a ocultarse tras las dunas. Asimismo se ignora el nombre del héroe, es posible que fuera exactamente el mismo genio que tuvo la idea.La idea era fácil desde un principio: quemando el gas se cercioraban de que no se extendiese por los aledaños y pasados unos días, o bien múltiples semanas, como máximo, las reservas del pozo se terminarían y el fuego se apagaría. Y acá no ha pasado nada y si te he visto, no recuerdo. Mas han pasado 49 años y el pozo prosigue en llamas. Se ignora qué fue de los geólogos. Quizá se quedaron unos meses aguardando con los brazos cruzados, hasta el momento en que el Kremlin les mandó a asaltar un desierto nuevo, o bien puede que se fuesen exactamente el mismo día que tiraron la cerilla y aún los hay que creen que su idea funcionó.

El recreo de Gurbanguly Berdimuhamedow

El imperio soviético se desmoronó, múltiples geólogos se jubilaron y el resto de las cerillas en aquella caja corrieron una suerte más natural que su compañera. Turkmenistán pasó a tener su gobierno déspota, el turismo se masificó en todo el globo. El día de hoy, el Pozo de Darvaza prosigue ardiendo alén de imperios y contratos, es una de las atracciones turísticas más interesantes para los visitantes del país. Tan renombrado es el pozo entre los turkmenos, que el presente presidente del país hizo hace poquitos meses una increíble demostración de sus destrezas automovilísticas, fue a la noche y con el pozo en llamas, dando vueltas y derrapando en torno a su circunferencia como Carlos Sainz por las dunas del Sáhara. Ahora, un vídeo del jefe del estado más déspota tras Corea del N. haciendo de las suyas:

Cómo llegar a las puertas del infierno

Algo más difícil es localizar el pozo cuando se visita. Las puertas del averno se ocultan a los vivos, y es frecuente que el aventurero perdido mire una y otra vez, rascándose la cabeza, el punto preciso que le apunta el mapa con la carretera más próxima a cinco kilómetros. Es que para llegar hace falta mancharse de arena. Las carreteras de asfalto no llegan hasta acá y es preciso tomar una serie de vías secundarias – o bien terciarias – hasta hallarlo. Para los conductores experimentados, llegar no va a suponer ningún inconveniente, siempre que sepan sortear los bancos de arena, mas si alguno duda de sus destrezas, siempre y en todo momento va a poder solicitar ayuda a un pequeño conjunto de hombres que deambula por la salida de la carretera en pos de turistas que asistir a cambio de propina.Corre el rumor de que la carretera de arena es casi imposible de deambular, aventureros fanfarrones llenen el pecho cuando anuncian que vieron las puertas del averno. Esto es falso, bravuconadas de novatos. Yo he visto subir por esa carretera a un Opel Micra sin inconvenientes. Como tantas cuestiones en la vida, llegar al pozo es bien simple cuestión de maña y saber tantear la arena. Asimismo hay múltiples que procuran cocinar una salchicha en el fuego, si bien desde el instante en que pusieron una valla para eludir accidentes no es moco de pavo (ni aconsejable) siquiera torrar el embutido. Mas tampoco haría falta. El Pozo de Darvaza es una experiencia en sí, sin precisar forzarla con gastronomía. Una noche acampados al lado del pozo, olisqueando como sabuesos el gas que escapa entre las piedras, basta para poder tantear los pomos que llaman al reino del averno.

Fuente: larazon.es

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