Mirar al cielo es, quizá, la manera más vieja de ciencia. Mirar y descubrir el día y el año. Mirar y descubrir que ciertas cosas cambian y otras se sostienen inalterables. Leer en ellas los ciclos del tiempo. Intuir otros ciclos, preguntarse cuál es el orden secreto que se oculta tras ellos. Hemos hecho esto desde antes que tuviésemos memoria y, a lo largo de la mayoría de ese tiempo, solo hemos contado con un instrumento para mirar: nuestros ojos. Nos han servido bien, mas en algún instante les hemos sumado otros instrumentos: lentes, espéculos ordenados inteligentemente, ingenios que nos dejan manejar la luz, concentrarla y ver cosas más enclenques. Las que se les escapan a esos ojos que han resultado ser, por fin, limitados.Pero en eso consiste el juego, ¿verdad? En apresar la luz mejor, en amplificarla y ver más lejos, más pequeño, más detalles, más enclenque. Nuestro link con el planeta que hay ahí fuera es la luz. Eso pensábamos hasta el momento en que en la década de 1930 un ingeniero estadounidense descubrió que el centro de nuestra galaxia emite ondas de radio y, entonces, el juego cambió por siempre. Radio: algo que nuestros ojos nunca van a poder ver, mas que asimismo está ahí, igual que la luz, hablándonos de lo que pasa en el universo. Tras la radio vinieron los infrarrojos, los rayos X, los rayos gamma. De pronto nuestros ojos no solo parecían limitados, sino más bien asimismo un tanto provincianos.Y no obstante todas y cada una esas cosas son, realmente, similares. Son ondas electromagnéticas, radiación producida por cargas eléctricas sometidas a una fuerza. El cosmos está repleto de fenómenos de esta clase, sobre todo en los lugares donde hay temperaturas muy altas: protones que se mueven a toda velocidad y que al chocar con algo emiten rayos X; electrones que viran en un campo imantado y emiten ondas de radio; núcleos y electrones en bolas de gas caliente que chocan unas con otras y emiten luz. Esa era la nueva imagen del universo: lo que podemos ver del universo debe ver con cosas, aproximadamente violentas, que les ocurren a las cargas eléctricas.

Los universos invisibles

Esa imagen del cosmos está volviendo a mudar. En los últimos tiempos hemos aprendido a mirar al cielo de 2 formas completamente diferentes que no deben ver con las cargas eléctricas. Los neutrinos, por una parte, nos dan información sobre lugares donde ocurren reacciones nucleares, o bien donde hay gran cantidad de partículas inestables. Las ondas gravitatorias, por otro, nos charlan sobre objetos con gravedades intensísimas y que son acelerados de forma violenta. Hace apenas 4 años que sabemos de qué manera advertir estas gravitondas, mas les ha bastado ese tiempo para poner patas hacia arriba lo que creíamos saber sobre el cosmos de gravedades extremas.¿Qué son precisamente las gravitondas? En 3 palabras, son gravedad que se mueve por el espacio. Merced a Einstein sabemos que la gravedad se puede comprender como una deformación del espacio y el tiempo. Por poner un ejemplo, los relojes que están muy cerca de un objeto masivo corren más despacio que los que están lejos, por el hecho de que el tiempo está “deformado” en el pozo gravitacionales. Si el objeto que produce la gravedad no se mueve, esa deformación está asimismo quieta, a su alrededor. Mas si el objeto se mueve, y concretamente si está sometido a aceleración (por servirnos de un ejemplo, por el hecho de que está virando cerca de otro cuerpo), la gravedad es proyectada cara afuera, como el sonido que escapa de nuestra garganta cuando la hacemos vibrar. Esa gravedad en movimiento es una onda gravitatoria, y la podemos advertir por el hecho de que en el momento en que nos atraviesa hace que los átomos se aproximen o bien se distancien un tanto, como buena deformación del espacio que es.Así puesto que, las gravitondas nos traen información sobre objetos muy masivos que están sometidos a aceleraciones intensas. ¿Qué objetos son esos? Hoy solo hemos podido identificar 2 tipos: orificios negros y estrellas de neutrones. Es lógico, por el hecho de que son los cuerpos con gravedades más fuertes y sus ondas gravitatorias son más simples de ver que las de planetas o bien estrellas usuales. Y estamos de suerte: las dos clases las conocemos asimismo merced a que, en ocasiones, emiten ondas electromagnéticas, sobre todo radio y rayos X ‒ bueno, los orificios negros propiamente no emiten nada, mas si tienen materia a su alrededor esta se calienta mucho y sí emite-. Esta es la situación ideal para un científico, por el hecho de que tenemos 2 formas diferentes de observar exactamente la misma cosa, y podemos equipararlas para poder ver si coinciden.

Sorpresas inesperadas

Este punto, claro, es el que ha aprovechado la naturaleza para hacer lo que más le gusta: lo que le da la real gana. De manera sistemática, las gravitondas nos muestran objetos más masivos que los que podemos observar con ondas electromagnéticas. Esto es singularmente patente con los orificios negros: los que hemos podido ver con rayos X son parcialmente modestos, al paso que los que nos descubren las ondas gravitatorias son 2, 3, o bien aun 5 veces más masivos. No hay una explicación totalmente satisfactoria para esta discrepancia. Por una parte, podríamos aceptar que los orificios negros que conocíamos hasta el momento, prácticamente todos en nuestra galaxia, son de manera sistemática más pequeños que los que hay por el cosmos. Mas entonces ¿por qué razón nuestra galaxia es diferente?Por otro lado, podríamos meditar que las gravitondas nos están dejando ver primero los más masivos, por el hecho de que producen ondas más intensas. Esto tiene sentido: de entrada los orificios negros más grandes habrían de ser muchos menos, y podría haber dado la casualidad de que los que haya en nuestra galaxia estén ocultos o bien no tengan materia refulgente a su alrededor. Mas si escogemos esta explicación lo que nos falta es más orificios negros pequeños en el registro de gravitondas: hemos visto ciertos, mas menos de lo que cabría aguardar.A estas tensiones se les une otra que es, quizás, la más notable: ciertos orificios negros que vemos con gravitondas son tan grandes que tenemos inconvenientes para explicar de dónde narices han salido. Se supone que la mayor parte de orificios negros deben haberse formado en el momento en que una estrella vieja se desmorona sobre su núcleo, mas este proceso no debería crear muchos orificios negros de más de 25 veces la masa del Sol, y claramente no debería crear ninguno de más de 50. Lo que vemos merced a las gravitondas encaja mal en este paradigma.De las estrellas de neutrones sabemos menos, por el hecho de que hasta el momento solo se han detectado 2 parejas, y la segunda se ha anunciado esta semana. De forma considerablemente más preliminar, las gravitondas asimismo apuntan a estrellas de neutrones más masivas que las que podemos ver con ondas electromagnéticas. La primera pareja que se observó fue una pareja “normal”; en la segunda, no obstante, una de las 2 estrellas es, afirmemos, de las grandes, y la suma de las 2 estrellas está por encima de lo que conocíamos en otros sistemas binarios. Nuevamente, estas observaciones no son completamente armónicas con lo aguardado. ¿Estamos quizás viendo una población de estrellas de neutrones “pesadas”? Tendremos que esperar: hemos detectado solo 2 parejas, y es razonable meditar que las gravitondas nos estén dando acceso primero a las estrellas de neutrones más masivas, y conforme mejoren los instrumentos podamos ver otras más habituales.En terminante, estamos asistiendo en estos años a lo que siempre y en toda circunstancia ocurre cuando uno mira donde absolutamente nadie había mirado: que descubre que sus prejuicios no eran precisos, o bien que eran, simplemente, errados. ¿Hay una población de orificios negros masivos que no sabemos de dónde han salido? Es posible. ¿Son una población anormal, surgida de procesos poco probables, mas la vemos en primer plano por el hecho de que emite gravitondas intensísimas? Podría ser. ¿Es nuestra galaxia la que es anormal, y por alguna razón no tiene orificios negros de esa población? Todas y cada una estas preguntas no tienen una contestación clara hoy, mas los instrumentos para responderlas ya están en funcionamiento. La contestación está aguardándonos. Allí, en el futuro.

QUE NO TE LA CUELEN

Un objeto apartado en el espacio y también interiormente estable no emite gravitondas, si bien tenga mucha masa. Es preciso que esté sometido a una aceleración que tenga alguna dirección privilegiada, como sucede cuando 2 cuerpos viran uno en torno al otro, o bien en el momento en que un seísmo sacude a un objeto muy masivo. De ahí que todos y cada uno de los objetos que hemos visto hasta el momento son sistemas binarios. Un orificio negro apartado no emite ondas gravitatorias.Hay cierta discusión sobre de qué manera deberíamos llamar a las gravitondas en castellano. Bastante gente prefiere el término “ondas gravitacionales”, que es una trasposición directa del término inglés. Otros arguyen que “ondas gravitatorias” es un término más propiamente castellano. Tristemente, “onda gravitatoria” ya se viene usando para otro fenómeno, que en inglés lleva por nombre “ondas de gravedad”. Todo este trabalenguas lingüístico hace bastante difícil seleccionar un término o bien otro.

REFERENCIAS

Fuente: larazon.es

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