El enfrentamiento social propiciado por la extrema desigualdad es uno de los temas esenciales que afectan la realidad de México. O bien los ricos son riquísimos, o bien los pobres son muy pobres. Y, si hay un término medio, es escaso. Por lo menos, de esta forma lo reflejan sus películas: el cine mexicano es cada vez más perceptible internacionalmente, así sea por su calidad o bien por la carga humanitaria que ocultan sus historias. Ocurrió con «Roma», de Alfonso Cuarón, que contaba la vida de 2 criadas familiares encargadas de cuidar de 4 pequeños y que vivían encerradas en una realidad de ineludible sumisión. La cinta generó un enorme impacto internacionalmente y su trama apresó y conmovió a abundantes espectadores. Y esto lo prueban los datos: conforme un catálogo del ICAA (Instituto de la Filma y de las Artes Audiovisuales), la cinta protagonizada por Yalitza Aparicio y que se estrenó en el último mes del año de 2018 colectó 327.727 euros en el mes de enero del año en curso. Y, por si acaso estos números no fuese suficientes para probar el «boom» de la película mexicana, de esta forma lo confirman asimismo los premios que recibió. Tras ganar el Festival de Venecia, «Roma» consiguió 2 Globos de Oro y diez nominaciones a los Oscar, ganando Cuarón 3 estatuillas por Mejor Fotografía, Mejor Directivo y Mejor Película Extranjera. Esta cinta dejó al cine mexicano en un nivel bastante alto y, ahora, llega a España un filme del mismo país que, hasta el instante, no se ha quedado atrás en lo que se refiere a reconocimientos. No está nominada a los Oscar, puesto que la que representará a México tanto en U.S.A. como en los Goya va a ser «La camarista», de Lila Avilés, mas sí ha dejado huella en otras citas. En el Festival de Málaga de 2019, «Las pequeñas bien», de Alejandra Márquez, consiguió la Biznaga de oro a la Mejor película iberoamericana y la de plata al Mejor guion y montaje. Además de esto, estuvo presente en el D’A Largo Festival de Barna. Por su lado, y en sus fronteras, la cinta triunfó en los Premios Ariel de México, llevándose los galardones a Mejor actriz –para Ilse Salas, la protagonista–, Mejor vestuario, Mejor música original y Mejor maquillaje. Faldas y copas de vino Es el segundo film de la mexicana Márquez –«Semana Santa» se estrenó en 2015– y presenta, nuevamente, un razonamiento de latente carga social. Mas, esta vez, mostrando la otra cara de la moneda: «Las pequeñas bien» se remonta a la vida de las clases más altas del país a lo largo de los años 80. La cinta está basada en la obra homónima de Guadalupe Loaeza, de la que, explica Márquez, se distingue «totalmente, puesto que el libro es más humorístico y la película va más bien cara el drama». Con esto, la cineasta ha recuperado la idea de «estas mujeres que en los años 80 atraviesan una crisis económica en el distrito más acomodado de México». Si a eso se le puede llamar «crisis», puesto que la protagonista, Sofía, deberá padecer la insolente resolución de parar de comprar su ropa en U.S.A. o bien París y comenzar a entrar en tiendas de su país. «No se vayan a unir con mexicanos», les advierte Sofía a sus hijos antes que se vayan de viaje. Y es que la protagonista, el único trato que tiene con sus compatriotas es el que una mujer rica podría tener con sus empleados: dar órdenes y encontrarse la cama hecha. Mas no es la única, asimismo sus amigas, con los que se reúne en el club de tenis para conversar y criticar a las que no están, se preocupan más por qué razón falda ponerse para un entierro o bien por cuántos ponis adquirirles a sus hijos que por los estragos que está ocasionando la política de José López Portillo en el país al nacionalizar la banca. «Vivir como princesas» «Estas mujeres se comprendían a sí como pequeñas y, por este motivo, no controlaban ni sus destinos», explica Márquez, «como los hijos que no escuchan a sus progenitores, no comprendían nada de lo que sucedía y no hay solamente angustiante que esa falta de autonomía y autoridad sobre ti misma». De este modo, la cinta refleja de qué manera las mujeres de los poderosos no son ni tan siquiera poderosas: «A través de la ropa y los acontecimientos sociales defenían su estatus, procuraban subsistir y crear su ecosistema», explica la directiva. Mas alén de la moda, el alimento y las copas de vino, poco les interesaba, aun, el trabajo de sus maridos. A Sofía, sin percatarse, se le viene el planeta encima y lo único que hace para evitarlo mientras que su matrimonio se arruina es imaginarse en los corredores de El Corte Inglés y en un viaje romántico con su amor platónico: Julio Iglesias. La ansiedad femenina que explora la cinta podría resumirse en una oración que Ana Paula (Paulina Gaitán) le afirma a Sofía: «Todas deseamos vivir como princesas». A lo largo de la crisis de aquella temporada, hubo una clase social que salió mejor parada, y ese es el caso de Ana Paula. A Sofía le torturaba la idea de que la vecina organizara una celebración más increíble que la propia. No obstante, explica Márquez que «no deseaba proponerlo en concepto de buenos y malos, sino se comprendiera que es esencial aceptar que vivir como reyes es una cosa que a todos nos agradaría, mas no siempre y en toda circunstancia es posible». Si no, que se lo afirmen a las personas de clases pobres mexicanas, quienes no tienen un trono que perder y cuyo primordial inconveniente radica «en el riesgo de sus derechos», demanda la cineasta, destacando que, al paso que a unas les importa «solo vivir y tomar bien», los problemas de otras son «cosa de vida o bien muerte». A falta de dinero, siempre y en toda circunstancia nos va a quedar Julio Iglesias «En México está muy instalada la idea de la conquista, el sistema de castas que nos dejó y que hizo que, cuanto más próximo estuvieses a lo de España, de mejor clase eras», explica Alejandra Márquez. Por este motivo, la protagonista de «Las pequeñas bien» se imagina a Julio Iglesias como convidado de su aniversario o bien como su amante en una playa perdida del planeta, donde le canta al oído mientras que toma el sol. «Cuando Julio era lo máximo en el planeta, las mujeres deseaban una vida de jet set con él, aparecer en las páginas de la gaceta “¡Hola!” y pertenecer a la nobleza española», prosigue la cineasta, «y lo mismo ocurría con El Corte Inglés, la tienda que todas y cada una veían como el Olimpo: un sitio donde uno podía traer desde España las cosas más maravillosas».

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