¿De dónde le viene a la afición al vino?– Soy de Mérida y descendiente de los almirantes de Castilla. Por cultura familiar, el vino que se tomaba en casa era algo de lo que había que ocuparse. Me parecía algo esencial. Con 14 años, mi padre, muy avanzado para su tiempo, me mandó a estudiar a Francia. Aprendí bien el idioma y eso me amplió opciones. Había estudiado Químicas en un tiempo en el que las salidas para la mujer eran instruir ciencias o bien trabajar en laboratorio, mas siempre y en toda circunstancia como asistentes, por el hecho de que al frente estaban los hombres y, honestamente, no era mi ideal. Además de esto, tenía claro que deseaba trabajar en algo más creativo. Pude dedicarme a los perfumes, mas escogí el vino, considerablemente más vivo. Y, una vez decidido, debía hacerlo desde Burdeos, por el hecho de que en España ni tan siquiera había escuelas. Asimismo había pocas mujeres, la mayor parte hijas de dueños de «chateaux». Creí que si me formaba mejor, tendría trabajo.– ¿Fue de este modo?– Tuve una capacitación muy sólida y trabajé 3 años con Emile Peynaud, una excelencia que aconsejaba a Marqués de Riscal, y que me apoyó mucho. Procuraban a alguien que dirigiera una bodega del Bierzo y confió en mí. Jamás creí que les sorprendiera ver a una mujer, mas la sorprendida fui , cuando afirmaban que, en determinados días del mes, las mujeres estropeábamos los vinos y no podíamos entrar en las bodegas. Me terminaba de desposar con un francés destinado en la capital de España como directivo general de la BNP, mas me fui a vivir al albergue de Villafranca con el notario, el registrador y los ingenieros que hacían los accesos al túnel de Galicia. Fumaba puros, iba en motocicleta, entraba en los bares con los hombres… me criticaban, mas no era la que debía ocuparme de lo que pensasen el resto.– Su carrera es excepcional. ¿Qué resaltaría de exactamente la misma?– La cata es mi especialidad y mi pasión, mas he tocado el vino desde todos y cada uno de los ángulos. He sido secretaria general de la Union Internacional de Enólogos y jurado en abundantes concursos internacionales. Desde la Organización de la Naciones Unidas, he trabajado para impulsar el desarrollo de la industria del vino y la fijación del campesino al suelo en numerosos países. En España, fui la primera mujer en encabezar la D.O. de Valdepeñas, he sido presidente del Salón Internacional de Barna, presidente de honor de la Asociación de Cronistas y Escritores de Vino y Vicepresidenta de la Federación Internacional, soy miembro de la Real Academia de Gastronomía desde 1985…– ¿Qué nos falta en España para «salirnos» con nuestros vinos?– Comercialización y comunicación. Y comprender que el nuestro es un país agrícola y que es indispensable promover el uso juvenil y los proyectos en estos ambientes, por el hecho de que si no, los jóvenes se van a ir a las urbes, con serias consecuencias.– Mirando atrás, ¿Lo tuvo simple?– Tuve la fortuna de tener un marido que comprendió mis ausencias. Viajaba mucho, me iba a Bolivia y me quedaba mes y medio. Mis progenitores me asistieron con mi hija… sin esos apoyos, habría tirado la toalla, mas hallé muchas puertas abiertas; asimismo críticas y también incomprensión, mas, como he dicho, eso jamás me afectó. El día de hoy, puedo decir, feliz, que tenemos muy, muy grandes mujeres en el planeta del vino, en todas y cada una de las áreas: viticultura, exportación, enología… y me dan las gracias por el camino que abrí. No obstante, debo decir que las mujeres estamos hechas para el vino, que es mitad ciencia, mitad arte y las dos cosas nos sobran. Tenemos a mujeres excepcionales como Cristina Forner dirigiendo Marques de Cáceres, mas esa es la única plaza que nos queda por conquistar: los puestos directivos.

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