El discute sobre el futuro de las pensiones nutre 5 ilusiones que se resisten a desaparecer, conforme un un informe de Juan Francisco Jimeno, doctor en Economía por el Instituto Tecnológico de Massachusetts y consultor de la Dirección General de Economía, Estadística y también Investigación del Banco de España, que aparecerá en el próximo número de Papeles de Economía De España, la publicación estrella y decana de Funcas (Fundación de las Cajas de Ahorros), uno de los primordiales y más reputados centros de pensamiento y también investigación económica –think tank– españoles. Jimeno identifica 5 ilusiones sobre las pensiones, si bien no descarta que haya más, que describen un horizonte sombrío y alejadísimo de la opinión más extendida entre los españoles, tal vez por la falta de conocimiento general. El Gobierno aprobó en 2011 una ley por la que se comprometía a informar a cada ciudadano de cuál sería su futura pensión prevista. Han pasado más de 8 años y esos datos no se han facilitado a ningún pensionista. En Europa, Alemania facilita esos datos anualmente a los ciudadanos desde el instante en que cumplen 27; en Francia desde los 25 a los 55 y en Italia, asimismo cada año, desde el instante en que se genera la primera cotización. El mantenimiento en la ignorancia a la población sobre el importe previsible de su pensión, aparte de tener serias consecuencias, nutre esas ilusiones. 1) La ilusión de la substitución de rentas. La cuantía de las pensiones del futuro cada vez va a estar más distanciada del último sueldo percibido en activo por los trabajadores. Jimeno, que ha adelantado ciertas de sus conclusiones en «Nada es gratis», defiende que el llamado dividendo demográfico –aumento desarrollo de la población en edad de trabajar superior a la población jubilada– «se ha evaporado». Los españoles aguardan que su pensión pública de jubilación sea igual o bien similar al sueldo que percibían en activo. Es lo que tiene por nombre la tasa de substitución y la de España es una de las más altas de Europa, en tanto que roza el 80% del sueldo y, sencillamente, apunta «no podemos continuar aspirando a que las pensiones de jubilación públicas cubran una parte tan elevada de nuestras rentas laborales a lo largo de periodos de jubilación poco a poco más largos». En verdad, la Comisión Europea prevé que esa tasa de substitución se reduzca al 50% del último sueldo en las próximas 3 décadas. dos) La ilusión de la financiación con impuestos generales. Hay quiénes esgrimen que, frente a las contrariedades financieras de la Seguridad Social, las pensiones contributivas se financien con impuestos generales. Jimeno lo ve utópico por 2 motivos. El margen para usar impuestos o bien deuda para financiar pensiones es escasísimo en un escenario con déficit público esencial, una deuda del 100% del Producto Interior Bruto y un horizonte de ralentización económica. Puede ser un recurso temporal, mas descarta que sea una alternativa «permanente o bien definitiva». tres) La ilusión de la productividad. Los robots no van a pagar las pensiones futuras, pese a las tesis de ciertos teóricos. Jimeno está a favor de prosperar la productividad y piensa que todo es mejor si aumenta. Sin embargo, advierte de que la productividad ha disminuido en los últimos tiempos y que la Revolución Industrial cuatro.0 –robótica– no garantiza productividades mayores en un largo plazo. Y si esta creciese, esos incrementos se trasladarían a subidas salariales que, por su parte, producirían derechos mayores, lo que complicaría –en la práctica haría imposible– que hubiese pensiones con cuantías afines a los últimos sueldos. Sin embargo, defiende que se garantice una cierta suficiencia de las pensiones, aun con posibilidades auxiliares para eliminar la pobreza y con complementos de mínimos, que sí deberían financiarse con impuestos. cuatro) La ilusión de la capitalización. Los fondos de pensiones privados, individuales o bien colectivos, tampoco son la solución terminante. Jimeno es tajante: «Aspirar a amontonar un capital suficiente para complementar substancialmente las pensiones públicas de jubilación es una quimera». Cuenta 3 motivos diferentes. En un escenario de géneros de interés bajos, que todo señala que se alargará, «está fuera del alcance de la mayor parte de las familias» producir los volúmenes de ahorro que serían precisos, sin olvidar las muy elevadas comisiones de los planes de pensiones. Por otro lado, es realmente difícil diseñar medidas que promuevan ese género de ahorro y las presentes desgravaciones fiscales no son, en ningún caso, la mejor opción alternativa. Para finalizar, aun si se logra amontonar el capital preciso, la restauración del mismo, en forma de rentas de por vida, «en un contexto de bajos géneros de interés y longevidad creciente» plantea enormes contrariedades. cinco) La ilusión del Acuerdo de Toledo. Jimeno es incrédulo sobre la utilidad del Acuerdo de Toledo para la reforma de las pensiones. Apunta que la experiencia prueba que, hasta el momento, «no lo ha sido» y ve con fatalismo el futuro frente a la fragmentación parlamentaria poco a poco más elevada, unida a Gobiernos breves y la celebración usual de elecciones, que producen una «preocupación por el corto plazo considerablemente mayor que por el largo plazo». Concluye que «partidos políticos con situaciones ideológicas muy, muy diferentes sobre la equidad intra y también intergeneracional –y audiencias electorales diferentes– difícilmente van a poder ponerse conforme, en especial en ese contexto político».

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