las fábricas alemanas se ven obligadas a reducir su producción

Publicado el Por Julio Gracia


Las exportaciones en Alemania cayeron en agosto por primera vez en un mes desde abril de 2020. Se redujeron un 1,2% cuando los analistas contaban con un aumento de al menos medio punto porcentual. A punto ha estado de entrar en negativo el saldo de la balanza comercial alemana. La primera economía europea exportó por un valor de 113.000 millones de euros, en datos corregidos de efectos estacionales un 1,2% menos que en julio, mientras que las importaciones aumentaron 3,5% hasta los 100.100 millones de euros. El último dato de retroceso de la serie fue el de abril de 2020, cuando las exportaciones se hundieron un 23,6% durante la primera ola de la pandemia, tras una caída de 12%

 en marzo. Desde entonces, fueron progresando a buen ritmo, especialmente desde el 15,2% de junio de 2020, pero las dificultades de la industria frente a la escasez mundial de materiales y componentes electrónicos están surtiendo un efecto ya innegable. En abril, el avance de las exportaciones alemanas era de solo un 0,1% y en julio del 0,6%. La caída de agosto pone el sello a un contexto de escasez mundial de algunas materias primas, como madera, plásticos o acero, además de componentes electrónicos. El sector del automóvil, en el centro de la industria alemana, sufre especialmente la falta de semiconductores, lo que está obligando a las fabricantes a reducir su producción o incluso a cerrar plantas temporalmente. Y el parón, contra el que nadie tiene la receta, amenaza con dar al traste, no solo a las previsiones económicas alemanas sino, debido a su significativo peso en el conjunto, también a las previsiones europeas.

Alemania cierra con las exportaciones de agosto una semana de datos fatídicos. Ayer conocimos la caída de la producción industrial del 4% en agosto, un significativo bajón en un dato que avanza en zigzag desde hace meses en el registro de la Oficina Federal de Estadística (Destatis). En julio, la producción había subido un 1,3%, tras tres meses consecutivos de caídas, pero la escasez de suministros volvió a tumbarlo. Los pedidos de fábrica se han desplomado un 7,7% y la confianza empresarial se desinfla. El índice del Instituto Ifo cayó en septiembre de 99,6 a 98,8 puntos, dejando entrever un factor menos tangible que los anteriormente citados pero que sin duda tiene su porción de influencia: la salida de Angela Merkel y la incertidumbre que genera el gobierno todavía en proceso de formación. El de septiembre es el tercer deterioro consecutivo del clima empresarial alemán y los expertos hablan ya de un cambio de tendencia en la mayor economía de Europa. Los analistas comienzan a hablar de una «recesión de cuello de botella».

Las empresas de Alemania se preparan para un «otoño difícil», según Joachim Lang, director general de la Federación de la Industria Alemana (BDI), «las dificultades en las cadenas de suministro, los altos costes logísticos y las disputas comerciales no resueltas han oscurecido el horizonte económico y tienen un impacto masivo en las exportaciones». Las empresas no solo están menos satisfechas con la situación actual, sino que también son más escépticas sobre los meses venideros. El índice de expectativas, que indica las proyecciones de las empresas para los próximos seis meses, cayó a 97,3 puntos en septiembre desde la lectura de 97,5 del mes anterior. «Los problemas con la adquisición de materias primas y productos preliminares están frenando la economía alemana», traduce el presidente de IFO, Clemens Fuest, que apunta, por ejemplo, que en la industria manufacturera el índice de clima empresarial cae aún más abruptamente que en otros sectores, mientras que en el sector servicios mejora frente a la tendencia general. En este contexto, el IFO ha recortado su pronóstico de crecimiento de la economía alemana para este año, ya que las interrupciones de la cadena de suministros y la escasez de chips y otros bienes intermedios demuestran estar frenando la recuperación. El instituto ahora este prevé que el crecimiento alemán llegue solamente al 2,5% este año, 0,8 puntos porcentuales menos que su pronóstico anterior, y un 5,1% en 2022.

En esta situación, la principal preocupación de los economistas son las expectativas de inflación. Acaba de superar el 4% por primera vez en 29 años, marcando un 4,1% en septiembre, mientras que en los países del euro está en el 3,4% en promedio. «La inflación en Alemania sigue subiendo», justifica Frederic Striegler, del sindicato IG Metall, para argumentar su demanda de un aumento salarial del 4,5% y un incremento de los fondos de jubilación anticipada para los trabajadores de la madera y el plástico en Carthago y otras empresas en la región de Baden-Württemberg en el sur de Alemania.

Los minoristas y las empresas de venta por correo en la región de Hesse acaban de acordar un aumento del salario de sus trabajadores en un 3% este año y un 1,7% más en abril del próximo. Los sindicatos están entrando en las negociaciones con demandas vinculadas a las cifras actuales de inflación, no a las expectativas y envalentonados por la escasez de mano de obra que se percibe a escala europea.


Fuente: ABC.es .

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