«Las artes nos pueden salvar de los nacionalismos que nos acogotan»


El Círculo de Bellas Artes de Madrid acoge el próximo jueves la European Alliance of Academies, que reúne a 70 instituciones europeas a iniciativa de la Academia de las Artes de Berlín, cuya directora, Jeanine Meerapfel, defiende la construcción europea a través de las artes. «Siempre he pensado que una reunión de las academias de arte europeas nos permitiría reunirnos en torno a la idea de la defensa de la libertad de expresión y nos daría la posibilidad de ayudarnos solidariamente unos a otros cuando la libertad de expresión, de prensa y la libertad del arte estén en peligro. Hace un año, durante la presidencia alemana por turno del Consejo se nos dio la posibilidad. Empezamos con cuarenta entidades y hoy somos setenta.

Tras un primer encuentro en Berlín y varios trabajos solidarios, por ejemplo con Hungría, donde la censura afecta a las universidades, y también en Polonia, hemos confirmado la necesidad de un ente transnacional para defender la cultura. Y esto es lo que vamos a hacer en Madrid, unos de forma presencial y otros a través de la red a causa de la pandemia: pelear por una Europa democrática, social y justa».

—¿Se trata de un primer paso hacia la Unión Europea de las Artes, o de la Cultura?

—Exactamente, creemos que el arte puede unir a través de las fronteras. Todo lo que desde la economía es difícil para unir Europa, desde el punto de vista del arte es más sencillo. Tenemos ya propuestas de las academias sobre la mesa y la mayor parte de ellas tienen que ver con la red, que nos comunica a todos. Por ahora nos encontramos cada tres meses de forma digital y nos gustaría, una vez al año, un encuentro presencial. El próximo encuentro está previsto en abril en Cracovia.

—Y en estas cumbres europeas de las artes, ¿se concibe la cultura como un bien de primera necesidad? Durante la pandemia se abrían las peluquerías, por ejemplo, mientras seguían cerrados museos, conciertos y teatros.

—Es lo que estamos pidiendo, que se afirme que la cultura es un bien de primera necesidad para nuestras sociedades, porque sin la cultura no hay pasado, ni presente, ni futuro. Creemos profundamente que la cultura nos ayuda a definir la identidad de una cultura europea que sobrepase los nacionalismos baratos, la sinrazón, es lo que nos va a salvar de perder nuestra identidad. Los artistas son muchas veces los que tienen fantasía para imaginar mundos mejores y nos pueden ayudar a traspasar los nacionalismos que nos acogotan. Es una necesidad absoluta y hay que declararlo como tal. Y además es muy importante llegar a las escuelas, a los jóvenes, con la cultura y con la convicción de que necesitamos libertad de expresión y libertad artística a las nuevas generaciones.

—En contacto con todas estas organizaciones, ¿percibe usted que hay realmente algo que podamos llamar cultura europea, basada en principios compartidos, comunes, ampliamente aceptados?

—Yo creo que hay culturas nacionales definidas. Lo que queremos es que eso no se utilice como diferencia que enfrenta al otro sino como puente de apertura al otro. Prefiero no hablar de cultura europea como uniformidad. Se trata de que a pesar de que tengamos deferentes identidades, lenguajes, que tienen que ver con nuestros países, no utilizar eso como barrera. No hablo de una cultura europea, nada de eso, no hablo de cosas tan grandilocuentes.

—¿Hay un buen entendimiento entre las academias europeas?

—Hasta ahora hay muchísimo respeto entre todos, eso me maravilla. Somos una organización muy pequeña, con dos personas en la Academia de Berlín que organizan y coordinan, y todo fluye con facilidad. Cuando nos encontramos para hablar, siento no solo respeto sino mucho cariño, desde los romanos a los ingleses, pasando por los noruegos… se respira ya ese respeto por la libertad de expresión e interés por escuchar al otro.

—¿Saldrá de Madrid una declaración conjunta o algún tipo de manifiesto?

—Ya hubo una declaración conjunta en Berlín, al comienzo, y esta vez habrá seguramente una declaración sobre a dónde vamos, una presentación de trabajos artísticos y creo que también habrá una reafirmación de nuestra actuación contra las restricciones políticas en algunos países y una declaración que de alguna manera involucre también a otros continentes. España tiene una gran responsabilidad y una gran amistad con Latinoamérica. Eso hay que tomarlo en cuenta y hay que darle un lugar también en nuestras discusiones.

—Usted ha sido la primera mujer al frente de la Academia de las Artes de Berlín y además ejerce el cargo junto con Kathrin Röggla, un dúo de mujeres. ¿Se trata de una anomalía o considera usted que se ha alcanzado ya una participación satisfactoria de la mujer en la gestión cultural europea?

—Se han dado grandes pasos, pero me parece que la anomalía no somos nosotras, sino que no haya mujeres. Creo que Europa lo tiene claro, en todos los países hay mujeres muy comprometidas con la cultura. Se hizo mucho hincapié en el hecho de que yo era la primera mujer que asumió este cargo, pero a mí me parece más importante, no si es una mujer o no, sino qué tipo de persona ocupa el cargo, cuáles son sus posiciones políticas y sociales, qué puede aportar. Que yo sea mujer me parece algo sencillamente natural.

—Usted estudió periodismo, por eso quizá pueda aportar luz al eterno dilema de las secciones de Cultura y de Ocio.

—Es que la cultura es ocio también. La cultura es divertida. Ocuparse de cultura es ocuparse también de la diversión y la distensión. No se puede separar. Y cuando la cultura escrita con mayúsculas se convierte en algo inaccesible para la gente, yo creo que ya no sirve. La cultura sirve si es para todos y eso puede ser parte de un entretenimiento cultural que a la gente le ayuda a vivir y a entender otros mundos, a abrirse al otro.


Fuente: ABC.es .

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