La Voyager dos, segunda nave en entrar en el espacio interestelar, deberá arreglárselas por su cuenta lejísimos de casa. La sonda de la NASA continuará once meses sin percibir comunicaciones de la Tierra. Esto es debido a que el primordial medio de contacto con el instrumento, una enorme antena de radio de 70 metros de ancho de la Red de Espacio Profundo en Canberra, Australia, debe someterse a mejoras críticas a lo largo de ese tiempo.

La puesta a puntito de la antena va a mejorar las comunicaciones futuras con Voyager dos, mas a lo largo de las actualizaciones, la nave no va a escuchar nuevos comandos. No obstante, a lo largo de ese tiempo, el equipo en tierra todavía va a poder percibir datos científicos llegados del borde más externo del dominio del Sol y más allí.

Más o menos del tamaño de un edificio de oficinas de 20 pisos, la antena ha estado en servicio a lo largo de 48 años. Ciertas partes, incluyendo los transmisores que mandan comandos a múltiples naves espaciales, tienen 40 años y son cada vez menos fiables. Las actualizaciones de la Red de Espacio Profundo (DSN) están planeadas para empezar ahora que la Voyager dos ha regresado a sus operaciones normales, tras sobrecargar accidentariamente su fuente de nutrición y apagar de forma automática sus instrumentos científicos en el mes de enero.

Conforme explican desde el Laboratorio de Propulsión a Reacción (JPL) de la NASA, la red marcha las 24 horas del día, los 365 días del año y se distribuye en 3 sitios en el mundo entero, en California, España y Australia. Esto deja a los navegadores comunicarse con las naves espaciales en la Luna y más allí en todo instante a lo largo de la rotación de la Tierra. Voyager dos, que se lanzó en 1977, se halla hoy en día a más de 17.000 millones de quilómetros de la Tierra. Vuela en una dirección descendente con relación a el plano orbital de nuestro planeta, donde solo se puede ver desde el hemisferio sur y, en consecuencia, solo se puede comunicar con el lugar australiano.

Además de esto, se requiere un transmisor singular de banda S para mandar comandos a Voyager dos, uno suficientemente potente para lograr el espacio interestelar y en una frecuencia que puede comunicarse con la tecnología trasnochada de Voyager. La antena Canberra de 70 metros (llamada «DSS43») es la única de esta clase en el hemisferio sur. Conforme avejenta el equipo en la antena, va a aumentar el peligro de interrupciones no planeadas, lo que añade más peligro a la misión. Las actualizaciones planeadas no solo reducirán ese peligro, sino asimismo añadirán actualizaciones tecnológicas de nueva generación que favorecerán a futuras misiones, como el rover Mars 2020 o bien las tripuladas a la Luna del programa Artemisa. «El mantenimiento es preciso para respaldar las misiones que la NASA está desarrollando y lanzando en el futuro, como asimismo para las misiones que están operando en este momento», asevera Suzanne Dodd, gerente de proyectos de Voyager y directiva de JPL para la Red Interplanetaria.

Las 3 antenas Canberra de 34 metros (111 pies) se pueden configurar para percibir la señal de Voyager dos, mas no van a poder trasmitir comandos. Mientras, el equipo de Voyager va a poner la nave espacial en un estado inactivo, lo que todavía le dejará mandar datos científicos a lo largo del tiempo de inactividad hasta enero de 2021.

«Ponemos la nave espacial de nuevo en un estado en el que va a estar bien, suponiendo que todo vaya por norma general a lo largo del tiempo que la antena esté apagada», explica Dodd. «Si las cosas no salen por norma general, lo que siempre y en toda circunstancia es una posibilidad, singularmente con una nave espacial vieja, entonces la protección contra fallos a bordo que está ahí puede manejar la situación».

Fuente: ABC.es

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