Cada vez son más los españoles que no pueden encarar la adquisición de una residencia y a los que el alquiler les muerde gran parte de su salario. De media, en el último quinquenio, el ladrillo se ha encarecido en España 4 veces más de lo que han subido los sueldos en términos salvajes -sin contar el efecto de la inflación-. Al calor de la restauración económica truncada por el Covid, el costo de la residencia ha aumentado entre un 15% y un 16%, conforme diferentes fuentes como Idealista o bien Tinsa. No obstante, conforme la estadística de costos salariales del Instituto Nacional de Estadística, los salarios han crecido de media apenas un tres con ocho% entre 2014 y 2019, un lustro en el que la inflación amontonada rozó el cinco%.

Para medir el ahínco que supone adquirir una casa, el Banco de España realiza una estadística que divide el costo del inmueble por la renta salvaje de la familia compradora. Eso señala cuántos años de renta completa debería dedicar un hogar para abonar la casa. En el segundo trimestre del presente año, esa ratio se ubicaba ya en siete,11 años, en niveles afines a los de 2004, cuando estaba engordando la «burbuja». O sea, por término medio, la adquisición de la casa se traga ahora siete,11 años de ingresos completos de una familia media.

La «burbuja inmobiliaria» que antecedió a la crisis de 2008 disparó los costes. La rebaja que asestó la crisis calmó la situación, mas no la corrigió. España ya no ha vuelto a recobrar la situación anterior a esa «burbuja»: hasta el año 2000, el ahínco que suponía la adquisición de una residencia equivalía a entre 3 y 4 años completos de renta familiar. Ahora es prácticamente el doble que en los años 90.

El alto costo de la residencia en comparación con el salario de los españoles se ha transformado en un inconveniente endémico desde el momento en que comenzó a engordar la «burbuja» que condujo a la crisis de 2008. Y se ha agravado con la fase expansiva 2014-2019: el ahínco que demanda hoy día la adquisición de una residencia es un 12% mayor que en 2013, de media. Los casos más disparados se dan en las grandes urbes, con la capital de España y Barna al frente.

Ahora está por ver de qué forma queda la relación residencia-sueldos tras el impacto del coronavirus. Por el momento, el efecto es más reservado en el costo del ladrillo que en la utilización, que se ha desmoronado.

Alquileres indigestos
Y el inconveniente es doble, por el hecho de que la opción alternativa del alquiler sale cara. Conforme el Banco de España, el costo medio del alquiler ha escalado hasta rozar los mil euros mensuales, lastrado por los altos costes que se dan en las urbes más pobladas, con la capital de España y Barna a la cabeza. Y todo esto en un país en el que la tercera una parte de quienes tienen un trabajo a tiempo completo no cobran más de mil euros netos por mes
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En España, desde hace múltiples décadas, el costo de la residencia no va compasado a la realidad laboral y salarial del país. Ahora, eso sorprende aún más a la vista del stock de residencia que prosigue habiendo en este país.

¿Qué impide que en el mercado inmobiliario se equilibre el costo? «La ley de oferta y demanda marcha cuando se le deja marchar, mas el de la residencia es un mercado muy intervenido», explica el economista Juan de Lucio, maestro de la Universidad de Alcalá de Henares. A su juicio, el mayor inconveniente es el marco normativo, las trabas burocráticas que impiden desarrollar suelo edificable y facilitar la edificación residencial de manera ágil. Los municipios tienen la enorme llave del suelo, al supervisar las competencias urbanísticas.

Causas y efectos
Mas Juan de Lucio apunta otras causas del elevado nivel de costes que se da en el mercado inmobiliario de España. Entre ellos, «la existencia de operadores que tienen mucha capacidad financiera, lo que les deja resistir en instantes de complejidad, adquirir activos y sostener costes elevados a lo largo de un buen tiempo. Y, a nivel individual, los ciudadanos asimismo son muy reluctantes a bajar el costo de la residencia cuando la ponen a la venta, una resistencia que seguramente no aplican cuando desinvierten en otros activos o bien recursos. Todo eso hace que los costes de la residencia sean ‘pegadizos’, se mueven poco a poco en la relación oferta-demanda».

De Lucio explica que el inconveniente del acceso a la residencia extiende sus efectos a la economía en su conjunto: frena la emancipación juvenil, contribuye a retrasar la edad a la que forman una familia, daña a la natalidad y reduce la capacidad de consumo, por el hecho de que la residencia se traga una gran parte del salario.

El efecto del Covid
«Desde que comenzó la pandemia, hemos visto unos primeros ajustes en los costes, normalmente leves por el momento, si bien significativos en casos específicos, por poner un ejemplo en zonas costeras», explica Rafael Gil, directivo del Servicio de Estudios de la compañía de tasaciones Tinsa. Mas insiste en que todavía es pronto para saber hasta dónde va a llegar el efecto del Covid en el ámbito inmobiliario, cuánto bajarán los costes y si lo van a hacer en menos proporción que la capacidad económica de los hogares. «Estamos en una coyuntura inédita», asevera Rafael Gil.

El directivo de estudios del portal inmobiliario pisos.com, Ferrán Font, piensa que, por el momento, esa caída que se aprecia en el costo de la residencia «se debe, más que a la crisis del Covid, a la propia activa que venía amontonando el mercado inmobiliario desde el otoño del año pasado, cuando comenzó a caer en Barcelona». «Los dueños aún son reticentes a bajar meridianamente el precio», asevera. En todo caso, se muestra persuadido de que esta tendencia bajista que se da en los costes hará que sea un buen instante para invertir en residencia desde la perspectiva del medio y largo plazo.

Por otro lado, Font considera urgente que España suprima trabas burocráticas y libere suelo público para la creación diligente de residencia cuando hay tensiones de mercado. Y asimismo aplicar incentivos fiscales y ayudas -a oferta y demanda, en compra y venta y alquiler- que faciliten el acceso a la residencia a quienes más difícil lo tienen, caso de los jóvenes.

Fuente: ABC.es

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