A Marta le alucinaban los piercings. Ya había probado con varios: a un lado del labio superior simulando el conocido lunar a lo Marilyn Moroe, el septum (el cartílago entre las 2 fosas nasales), en el frenillo y hasta se atrevió con dilataciones en las orejas. Tenía 25 años y, como cualquier chavala de su edad, hacía tiempo que había entrado en ese bucle infinito de la busca del ideal de belleza. Empezó por probar mil cambios de look en su pelo y en su forma de vestir mas , extraña a su belleza, no acababa de verse y llegaron las operaciones estéticas: pómulos retocados, incremento de pecho… Gente de su ambiente asegura que fue la temporada en la que comenzó a juntarse con «malas compañías». Quienes la conocieron, dibujan a una joven llena de inseguridades, buenísima persona, que fue dando tumbos hasta llegar a un modo de vida que no la hacía feliz. Nació en Estivella, un pueblo valenciano a 15 minutos del Puerto de Sagunto, y pasó su niñez estudiando en el instituto La Baronía de San Antonio Abad, en Gilet. Tras hacer un módulo de peluquería, fue alternando trabajillos aproximadamente esporádicos: camarera en diferentes negocios de hostelería, tendera en tiendas de ropa… Le apasionaba la moda y en una de sus redes sociales bromeaba con su trabajo: «modelo en Calvin Klein», puso. Sus progenitores (, constructor; , empleada en un súper) se apartaron hace unos años y supuso un duro trago para ella. Eso sí, prosiguió sosteniendo con los dos una estupenda relación y, particularmente, con su madre, tenía tal confianza que era la persona a quien le mandaba las localizaciones de WhatsApp toda vez que quedaba con un hombre, lo que prueba cierta sensatez. Acostumbraba a ser con chicos ignotos y, de forma frecuente, de madrugada. La última vez que lo hizo eran las 5:55 horas del siete de noviembre. El análisis de los posicionamientos de su móvil determinará si terminaba de llegar o bien ya llevaba un rato en esa residencia de la calle San Juan Bautista de la localidad Manuel (Valencia), alquilada por la madre del que después sería el creador de su desaparición, un colombiano a puntito de cumplir 37 años.

De gran pureza

Se trata de Jorge Ignacio Palma Jacome, al que todos por allá conocen como Nacho. El día ocho cumplía años y, para pegarse un homenaje, decidió auto obsequiarse una «fiesta blanca». Se trata de una práctica consistente en el consumo masivo de coca mientras que se practica sexo. Según parece, puede incluir que la pareja –en este caso, el chico–, impregne el estupefaciente en los órganos genitales de la mujer. De esta manera, la absorción del tóxico es prácticamente inmediata y sus efectos considerablemente más elevados que si se aspira, lo que es peligrosísimo. Más todavía si la coca es de gran pureza. Se ignora, sin embargo, qué hicieron precisamente en aquella residencia Marta y Nacho a fin de que, conforme este, entrase en parada cardiaca y muriera. Se trata solo de su versión mas, hasta el instante, no hay cadáver que pueda «contar» otra cosa. Centrados en localizarlo se hallan, exactamente, los agentes de la Policía Judicial de la Guarda Civil de Valencia, como un nutrido conjunto de especialistas de la Unidad Central Operativa (UCO). Nacho asegura que «solo» lo despedazó. Que Marta murió de forma casual, se «asustó» y mutiló en diez partes el cadáver y lo introdujo en bolsas de plástico para tirarlas entonces a diferentes contenedores de la zona. Mas ni en las plantas de reciclaje ni en los vertederos donde pararán más tarde los restos se ha encontrado nada. La carencia de cadáver y de pruebas concluyente que le incriminen tras las inspecciones efectuadas en la casa o bien en ciertos 3 automóviles que manejaba (incluyendo el Volkswagen que trató de desguazar tras la desaparición de Marta) ponen la investigación en un punto complicado. Lo que cuenta solo implicaría omisión del deber de auxilio, inhumación ilegal y favorecimiento del consumo de estupefacientes, tipificado en el 368 del Código Penal, mas algo más debe haber contra él por el hecho de que el Juzgado número dos de Alzira dictó el día de ayer la cárcel temporal comunicada sin fianza por un supuesto delito de homicidio. Nacho tiene prácticamente garantizada la mitigante de confesión por el hecho de que, tras 25 días escapado, se entregó de manera voluntaria. Los estudiosos tratan de descubrir quién le dio cobertura a lo largo de todo ese tiempo: gente del planeta del narcotráfico o bien aun su familia, puesto que su madre, Pilar Jacome, que vive en Mallorca, le asistió a adecentar la casa (llegó al día después del crimen para pasar el aniversario con su hijo) y se entregó un día una vez que fuera llamada a declarar. Si bien cuando lo hizo estuvo declarando a lo largo de 5 horas frente a los agentes, el día de ayer su letrado le aconsejó guardar silencio frente al juez de guarda y quizás lo hagan frente al titular del número seis, que instruye la causa. Por su lado, los abogados de la familia de la víctima, Pilar Jové y Vicente Escribano, apuntaron que lo primordial prosigue siendo localizar el cuerpo de Marta y lamentaron con ironía la «mala suerte» del detenido, por el hecho de que es ya «la segunda vez que le pasa». Se refiere a que, según él, le sucedió lo mismo con otra chavala mientras que participaba en una de estas «fiestas blancas».

La brasileira de Ruzafa

Así, la madrugada del pasado 25 de marzo, el 091 recibió una llamada de un club del distrito de Ruzafa, en Valencia capital. Alertaban de que una mujer estaba conmocionando y una patrulla de la Policía Nacional asistió al sitio, como los servicios sanitarios. La ramera, de origen brasileiro, se hallaba en parada cardiaca y también ingresó muy grave en el Clínico. Allá creyeron que se trataba de un episodio de epilepsia y de esta forma se lo comunicaron a la Policía, por el hecho de que los síntomas son afines a los de la sobredosis. Por desgracia, la joven murió a los poquitos días y, al practicarle la necropsia, apreciaron restos de coca en la mucosa vaginal, conforme «Levante-EMV». Las testigos del prostíbulo aseguraron a los agentes que su último usuario salió de la habitación de forma apurada. Era Nacho. La Policía Local le paró poco después en un control de alcoholemia mas el juzgado, al no tratarse de una muerte violenta, había suspendido el caso. Ni tan siquiera se le pudo atribuir omisión del deber de auxilio por el hecho de que la mujer fue atendida por sus compañeras. Él mantiene que ahora con Marta ha ocurrido prácticamente lo mismo.

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