A todos nos agradan las cosas singulares. Las que resaltan sobre la media en cualquier aspecto. Nos vuelven locos los récords y los rankings y hay quien se aprovecha de ello. De ahí que, cuando escuchamos algo como “superluna” no podemos eludir que un tanto de emoción recorra nuestros cerebros. La describen como más grande, más refulgente y ya puestos, hasta mágica. No obstante, vez tras vez, quienes caen en el embrujo de los titulares vuelven de ver la Luna con indiferencia o bien aun decepción. El motivo es fácil, las superlunas no existen, mas llaman la atención.Una superluna, conforme nos cuentan, ocurre cuando nuestro satélite está en fase llena y en especial cerca de nosotros. Poco más nos afirman sobre ello, en cualquier caso se aliña el atractivo nombre con algo más de poesía, como “superluna de sangre” o bien “superluna de nieve”. Enfrentados a esta moda se hallan los astrónomos profesionales y apasionados, aquellos que verdaderamente conocen al astro y le rinden culto cada noche que pueden, tomando los telescopios y desplegándolos bajo su sutil brillo. Ellos tienen un nombre mucho menos místico que darle a este fenómeno: perigeo-sizigia. Mas lo que diferencia los dos conceptos va mucho alén del propio nombre.

Astrología y otros bulos

El origen del término de superluna se remonta a la astrología, una seudociencia que pretende leer el futuro y conocer el presente mediante la situación que muestran los astros en el firmamento. Todo semejante con la ciencia es puro espejismo. Se trata de una vieja hermana de la astronomía, la auténtica ciencia capaz de desentrañar las contestaciones del universo y que ha logrado llevarnos alén de nuestra pequeña roca, trayéndonos imágenes de los propios confines de nuestro Sistema Solar. Mientras, la astrología se limita a horóscopos, tarotistas y adivinos. Ninguno de ellos ha probado que sus supuestos saberes sean capaces de hacer lo que afirman: ni adivinar, ni pronosticar el futuro, ni tan siquiera conocer el pasado.No obstante, estas seudociencias prosiguen abundando y muchos de sus términos se han hecho hueco en nuestro día tras día. La creencia de que la Luna llena desencadena el parto, accidentes o bien aun brotes psicóticos es pura fantasía más que negada por miles y miles de datos de cruda realidad. En todo caso, posiblemente esto ya lo sepas y que dieras por sentado que la superluna no lleva consigo ningún género de premonición o bien poder místico, mas, si describe un fenómeno real ¿qué más da de qué forma le llamemos?

El incremento es inapreciable

Hay que reconocer que la Luna sí se ve más grande a lo largo de este fenómeno. El hecho de estar llena ya nos hace percibirla en su esplendor, como un ave que ahueca su plumaje y también llene su pecho para parecer más grande. Mas, al fin y al cabo, no es tan singular. Cada 29,53 días la Luna completa un ciclo entero, lo que quiere decir que prácticamente todos los meses tenemos (cuando menos) una Luna llena pavoneando su blancura desde la negra noche. Dicho de otra manera, una Luna llena es lo que pasa cuando los 3 astros se ubican en una línea recta (a lo que llamamos sizigia) estando nosotros en el medio. Los rayos del Sol bañan un lado de la Tierra y pasan de largo, rebotando contra la superficie de nuestro satélite y volviendo a la superficie por el lado contrario, en el que es a la noche. La Luna nueva ocurre cuando es nuestro satélite el que se interpone entre el Sol y , y el resto de las fases lunares son puntos intermedios.La una gran diferencia es que estos ciclos no lo son todo, pues la órbita de la Luna no es circular, sino más bien alargada, elíptica. Como no estamos en el centro de la elipse, sino más bien en uno de sus focos, hay ocasiones en que la Luna está más cerca (perigeo) y otros en que se halla más lejos (auge). Entre un perigeo y otro pasan unos 27,32 días, y esa es la clave. En ocasiones, el auge y la Luna llena, el ciclo de 29,53 y 27,32 coinciden, dándonos una Luna supuestamente más grande. Por lo menos esa es la teoría y no debería importarnos si le llamamos superluna o bien perigeo-sizigia, si no fuese por otro pequeño detalle. Pues que sea más grande no quiere decir que la percibas más grande.

Perfecto, mas ¿de qué forma de grande?

Se trata de un tema de cantidades. Pensemos en Pau Gasol, es verdaderamente grande con sus dos metros 16 centímetros, mas, si encogiese mañana un centímetro, ¿piensas que podrías apreciar la diferencia a simple vista? La Luna mide 3474 quilómetros de lado a lado y la diferencia de distancia entre su auge y su perigeo es de 50.000 quilómetros. Semeja intuitivo meditar que, por enorme que sea la Luna, con este cambio tan radical de distancias deberíamos apreciar una diferencia. Todos nos enteraríamos si Pau Gasol encogiese 20 centímetros de cuajo, ¿no?. No obstante, hay otro punto a tomar en consideración, pues, ¿a qué distancia está de nosotros? Es curioso lo simple que es infravalorar esa distancia, en verdad, te planteo que trates de adivinarlo ya antes de continuar leyendo.¿Lo tienes? Perfecto. Posiblemente me confunda, mas estoy bastante seguro de que te has quedado bajo la realidad, pues el perigeo, el punto en que más cerca está de nosotros, está a unos 362.600 quilómetros. Equiparado con esto, un cambio de 40.000 empieza a parecer poco esencial. Quizá esos 20 centímetros que ha encogido Gasol no sean tan evidentes si le vemos a 500 metros de distancia. Mas hay más, pues como entenderás, es prácticamente imposible que una Luna llena, con su frecuencia de 29,53 coincida precisamente con el punto preciso en que el satélite está más cerca de nosotros. Lo cierto es que cuando se habla de superlunas o bien Lunas en perigeo sizigia hablamos de forma aproximada, con lo que esa diferencia de 40.000 quilómetros es aun menor.Y acá viene el dato, la diferencia de tamaño entre la Luna en su perigeo y la media del resto del año es, aprovechando la comparación popularizada por el astrofísico Neil deGrasse Tyson, es como recortar medio centímetro al filo de una pizza familiar. Una diferencia que, desde entonces, la enorme mayoría de personas no podría reconocer a simple vista.Y si esto no te persuade, prosigue leyendo, pues hay un razonamiento mejor. Si bien la Luna en su perigeo estuviese verdaderamente a 365.000 quilómetros, el día precedente no habría estado lejísimos de esa distancia. La Luna avanza de forma progresiva, no a trompicones, con lo que para apreciar la diferencia de la noche a la mañana deberías tener un ojo verdaderamente agudo y una memoria gigante.

Tú, tu cerebro y sus inconvenientes limitaciones

Sin embargo, hay algo que no se puede negar, y es que bastantes personas afirman haber visto una superluna, haber sentido la diferencia e inclusive tienen fotografías que lo prueban. ¿De qué forma explica esto la ciencia?Lo es cierto que las restricciones de nuestro cerebro están realmente bien estudiadas y sabemos de qué forma las esperanzas pueden influir en nuestra percepción alterando nuestros sentidos. La expectación generada por los medios y vivir la experiencia en conjunto pueden nutrir esta clase de cortes, haciendo que juremos y juremos haber visto una Luna considerablemente mayor de lo frecuente, pues, realmente, de este modo la hemos visto, solo que no por el perigeo, sino más bien por haber estado “condicionados” a verla de este modo.En cuanto a las fotografías, es fácil. Internet escoge las imágenes más sorprendentes, aquellas que logran suficientes likes para abrirse camino hasta tus recomendaciones. Para lograrlo existen 3 formas, la primera es el factor azaroso, la fortuna, mas eso no nos interesa. El segundo es editar la imagen incrementando artificialmente el la Luna, mas esa semeja bastante obvia y complicada. La más usual, es la tercera vía, la más inocente. Y es que, si retratamos a la Luna justo sobre el horizonte, como acostumbra a suceder con las superlunas, esta va a parecer mucho mayor que en las alturas debido a un efecto óptico llamado “ilusión de Ebbinghaus”.Así que, ya lo sabes, la superluna no existe. Por lo menos no como nos la presentan. Lo que sí se ha vuelto realidad es la superluna como fenómeno que toma cuerpo solo en nuestras cabezas. La superluna como una premonición autocumplida que una y otra vez se vuelve viral y logra que, cuando menos, levantemos la vista de nuestras pantallas para mirar el cielo, con suerte picándole a alguien la curiosidad por el cosmos.

QUE NO TE LA CUELEN:

La superluna no es un término científico y la diferencia de tamaño es prácticamente inapreciable por el ojo humano.La Luna llena no tiene ningún efecto sobre nosotros. No importa cuánto se busque, todos y cada uno de los bulos a este respecto han sido de manera sistemática desmontados.

REFERENCIAS (MLA):

Carroll, Bradley W., and Dale A. Ostlie. An Introduction To Modern Astrophysics.

Fuente: larazon.es

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *