La Provenza es un tradicional entre los especialistas en escapadas. Lleva un buen tiempo apresando sensibilidades de todo género. Es tierra de artistas, escritores y viajantes que piensan más en el camino que en el destino, y afirman que siempre y en todo momento se halla algo nuevo que descubrir. Es seductora, imprevisible, prudente… Es un viaje très chic.

Para ubicarnos, la zona administrativa se llama Provenza-Alpes-Costa Azul y está situada en el sureste de Francia, sobre el Mediterráneo. Limita al norte con la zona de Ródano-Alpes, al este con Italia (zonas de Liguria y Piamonte), al oeste con la zona de Languedoc-Rosellón, y al sur con la costa, donde está su capital, Marsella.

El puerto viejo de Marsella

Obviamente se puede llegar a la Provenza desde España yendo de forma directa en turismo o bien en tren. No obstante, el medio más cómodo y veloz es el avión. Los aeropuertos primordiales (y los más económicos) son los de Marsella, al oeste, y Niza al este. Las 2 son buenas opciones para comenzar una senda por la zona. Esta senda que planteamos merece la pena hacerla desde Marsella. Hay tarifas low-cost
muy accesibles desde múltiples urbes españolas – Barna, la capital de España, Valencia o bien Málaga, entre otras muchas – al aeropuerto internacional de Marsella Provenza. Por servirnos de un ejemplo, para este otoño, hemos encontrado bastante disponibilidad de vuelos, ida y vuelta entre 50€ y 100€. Y el turismo de alquiler para una semana puede valer entre 80€ y 100€, en dependencia de la categoría y las condiciones del vehículo.

Puerto viejo en Marsella, Francia
(olrat / Getty Images)

Una vez en Marsella, hay que descubrir su puerto viejo, fundado hace más de dos.000 años por los helenos. Allá está la esencia marsellesa, y específicamente en el viejo distrito de Le Panier. En su instante considerado uno de los lugares más peligrosos de Europa, actualmente es uno de los puntos esenciales de la ciudad: con la ropa tendida en las testeras, talleres de artesanía, mercadillos callejeros, viejos pescadores charlando… y, muy aconsejable, restoranes donde sirven la conocida Bouillabaisse (bullabesa), una sopa de pescados – rape, congrio, centollo, salmonete, pez San Pedro o bien langosta – con patatas y tomate. Indispensable probarla.

Los caballos y flamencos de la Camarga

A escasos 100 quilómetros al oeste de Marsella, se alcanza una de las urbes pequeñas más bonitas del país: Arlés, puerta de entrada a la zona de la fastuosa Camarga francesa (Le Camargue). Un planeta aparte en el delta del Ródano, donde luchan las aguas dulces del río y las salobres del Mediterráneo. Con 48.000 hectáreas de humedales, arrozales, lagunas, marismas y salinas, fue declarado parque nacional en 1970 merced a su valor natural y a la riqueza y diversidad de su fauna.

La Camargue , Francia

La Camargue , Francia
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Lo recomendable es poner con rumbo al sur, cara Aigues-Mortes, una cautivadora población rodeada de canales y, desde allá, coger la carretera D58 hasta el parque Ornitológico de Pont du Gau y entonces, más al sur, desembocar en el entrañable pueblecito de Saintes Maries de la Mer. 2 animales de gran belleza dominan la zona, y son su señal de identidad: los flamencos rosas –que emplean esta llanura fluvial como zona de cría y reposo de sus migraciones – y los caballos blancos salvajes, símbolos de libertad, cuyos cuidadores –los gardians– forman una comunidad anclada en el tiempo y leal a sus tradiciones.

El impresionismo de Les Alpilles

Del otro lado del Ródano, dirección este, nos adentramos en el parque natural Les Alpilles, un rincón hermoso para explorar al volante de un turismo. Hay una breve senda de 4 quilómetros que passa entre pinares, barrancos y viejas fortificaciones, desde el pueblo medieval de Les Baux-de-Provence y la presumida Saint Remy-de-Provence. Allí pasó sus últimos años el excelente Van Gogh, cuando fue trasladado – se había mutilado la oreja – desde Arlés a un centro de salud muy cerca de Saint Remy.

Pueblo de Les-Baux-de-Provence, Francia

Pueblo de Les-Baux-de-Provence, Francia
(ArtMarie / Getty Images/iStockphoto)

Hoy día, se puede visitar el viejo monasterio de Saint-Paul, reconvertido después en o centro de tratamiento de enfermedades mentales y donde estuvo ingresado el pintor, aún puede visitarse su habitación. Maravillado por la magia de su luz y el tono de los paisajes de la zona, el artista pintó, en un año, unos 150 cuadros y muchos de sus dibujos. Ciertas de sus obras más señaladas son exactamente de esa época: “Los lirios”, “Jardín del asilo Saint-Paul”, “Jarrón con lirios”, “La Noche estrellada”, “La habitación del pintor”… una senda del impresionismo.

La urbe romana de Glanum

Tras los paisajes impresionistas que recorren la cordillera de Alpilles, bajamos al sur hasta Glanum, la urbe romana más interesante de la Provenza. Sus ruinas se preservan en unas geniales condiciones. La conquista de la Galia por Julio César y la atrapa de Marsella en el 49 a.C. comenzó una nueva era de gloria para los habitantes de Glanum; el encontrarse en el camino de la Vía Domitia favoreció el desarrollo de un nuevo foro de discusión, múltiples templos y otros edificios públicos. Mas nada es eterno (salvo Roma, claro) y en el siglo III d.C. la población fue asolada por los alamanes.

Antiguos monumentos romanos en Glanum, St Remy, Provenza, Francia

Viejos monumentos romanos en Glanum, St Remy, Provenza, Francia
(elmvilla / Getty Images/iStockphoto)

Es como hacer una visita a la Vieja Galia. Solamente entrar, se puede ver Les Antiques, el conjunto monumental formado por un arco del triunfo, un mausoleo – en un impecable estado de conservación – y los templos gemelos levantados entre los años 30 y 20 a.C. A lo largo de las excavaciones se hallaron 2 retratos en mármol de la esposa y también hija del emperador Augusto. Una vez allá, tampoco se debe olvidar que estamos en una zona donde hay una cultura gastronómica muy refinada, y que cuenta con múltiples restoranes de talla mundial, como el legendario L´Oustau de Baumaniere.

La buena vida por Luberon

Sostenemos dirección este hasta el valle del Luberon. Una maravilla natural poquísimo famosa. Allá se vive de una forma plácida y sencilla: caminar pueblecitos con encanto, charlar con sus gentes, conocer sus tradiciones, probar vinos deliciosos, hacer degustaciones en sus terrazas y, sobre todo, practicar el noble arte de pasear. La lista de caminos en este val es interminable. Más de 1.000 quilómetros de recorridos señalados.

La villa de Gordes en otoño, Francia

La villa de Gordes en otoño, Francia
(thelinke / Getty Images)

Hay sendas y lugares muy aconsejables que es conveniente no perderse: como los cañones del río Calavon, la Véloroute du Calavon – vía de tren para recorrer en bicicleta -, o bien por pueblos considerados entre los más bellos de Francia como Gordes, Ménerbes o bien Rousillon y su “sendero de Ocres”, que transcurre por medio de barrancos colorados y dorados, o bien asimismo el pueblo colgante de Bonnieux o bien el refrescante bosque de cedros Foret des Cèdres. Esta una parte del viaje es pura calma, como un paréntesis.

La Senda de la Lavanda

La Provenza cuenta con 7 sendas de lavanda diferentes. Al norte de Luberon, en las laderas del mítico Mont Ventoux (1.912 metros de altura), podemos recorrer una de ellas. Allá se oculta una pequeña aldea llamada Sault. Si vamos entre junio y septiembre – a poder ser el 15 de agosto, cuando se festeja la Fete de la Lavande – el aroma a esta planta aromatizada cubre su atmosfera. Es el símbolo innegociable de la Provenza. La región del Pays de Sa

El pueblo de Sault en la Provenza, Francia

El pueblo de Sault en la Provenza, Francia
(república / Getty Images/iStockphoto)

ult y sus caminos son invadidos por el color violeta y azulado de las flores. El paisaje es arrebatador. Un esplendido punto donde observar este colorido panorama es exactamente el mirador de Sault, donde asimismo se halla el Centro de Descubrimiento de la Naturaleza y Patrimonio cinegético y, más allí, en la carretera de Gordes, se puede visitar la abadía cisterciense de Sénanque, donde los frailes se hacen cargo de la cosecha para después venderla en una pequeña tienda, y el Museo de Lavanda de Coustellet, en el que se enseñan múltiples curiosidades sobre esta planta, su cultivo y sus aplicaciones.

Aix en Provence con Paul Cezanne

Ahora descendemos cara el sur. A dos horas por carretera llegamos a uno de las urbes del planeta con más arte. Además de que tiene un centro histórico que invita a paseares entre sus numerosas plazas , aproximadamente señoriales, aproximadamente históricas, mas rebosantes de terrazas y cafeterías en las que reposar y contemplar la vida de la urbe. Mas, sobre todo, lo que tiene Aix en Provence es un patrimonio artístico inigualable. Muchos pintores impresionistas y postimpresionistas procuraron acá su inspiración.

Aix-en-Provence, Francia

Aix-en-Provence, Francia
(RossHelen / Getty Images)

Uno de los más conocidos y admirados es Paul Cézanne, que vivió allá una gran parte de su vida. Amaba esta tierra de manera profunda. Recorría los campos y las calles a solas, anclado en su planeta imaginario, creando su obra que solo mostraba en contadas ocasiones (no se fiaba de absolutamente nadie). Murió en Aix-en-Provence, en 1906, a raíz de una neumonía que contrajo tras pasar, 2 horas en el campo, pintando bajo un fuerte chaparrón. El día de hoy podemos reconocer esos lugares que el artista, con su toque trasgresor, plasmó sobre un cuadro. Para esto, solo debemos seguir un circuito señalizado que se denomina “Tras los pasos de Cézanne”, que incluye lugares como su taller, la cantera Bibémus, el Café les dos Garçons, el instituto Mignet, la casa del Jas de Bouffan…

Las calas segregas de Francia

Más al sur aún, pasado Marsella, una vez excedido el puerto de la Pointe Rouge, alcanzamos el Mediterráneo. Allá hay un tramo de costa que no supera los 25 quilómetros y cuyas calas son apreciadísimas por los marselleses. El paisaje es áspero, escarpado y duro, y las calas aparecen de súbito allá donde el mar ha podido excavar en la roca . Son las conocidas Calanques. Ciertas de ellas solamente son alcanzables por mar, o bien por medio de excursiones en navío o bien en kayak, otras se pueden hacer a pie por caminos muy sugerentes.

Calanques cerca de Marsella, Francia

Calanques cerca de Marsella, Francia
(PocholoCalapre / Getty Images/iStockphoto)

Hay opciones para todos y cada uno de los gustos. La más imponente – muy frecuentada por escaladores – es la de En Vau, cuyas aguas cristalinas color esmeralda conducen a la Cueva del Demonio. Como contrapunto, las más alcanzables, son las de Sormiou, Morgiou y les Goudes, donde cabe la posibilidad de saborear un genial plato de sardinas servido en ciertas cabañas de los pescadores que allá faenan. Ideal para acabar este viaje con un buen sabor de boca.

Es tierra de artistas, escritores y viajantes

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