Nuestra historia ocurre en un planeta a medio camino entre la magia y la ciencia. En una tierra donde conocimiento y superchería medraban juntos, fundiéndose hasta hacerse indistinguibles. Por aquel entonces, Tukulti-Ninurta I, rey de reyes, regía desde su palacio en la legendaria urbe de Babilonia. Era el año 1.200 a. C. y quedaban 600 años a fin de que Nabucodonosor II embelleciese la urbe, transformándola en una maravilla de jardines colgantes y puertas legendarias. En aquella temporada, la medicina diagnosticaba diablos en vez de enfermedades y los astrónomos navegaban el cielo en buscando señales divinas. No obstante, en uno de los palacios de esa Mesopotamia babilónica, había 2 mujeres haciendo algo que cambiaría la historia de la ciencia. Por el hecho de que allá y en aquel instante, Tapputi y Ninu daban los primeros pasos que nos llevarían hasta la química moderna.Casi todo cuanto sabemos de ellas se reduce a una tablilla cuneiforme donde se nombra a Tapputi-Belatekallim y en la que se distinguen las últimas letras de un nombre perdido: -ninu. Cuenta la tabla que las dos se dedicaban a hacer perfumes para el Rey, en verdad “Balatekallim” hace referencia a una mujer supervisora de un palacio. Probablemente Ninu fuera la asistente de Tapputi si bien no por este motivo se trataba de una figura menor, puesto que se la nombra como autora de un texto sobre síntesis de perfumes. Sin embargo ¿puede considerarse esto como “los primeros pasos de la química”?

Los nacimientos de la química

Algunas personas apuntan que la química comenzó mucho ya antes, con la teoría egipcia de la Ogdóada. Conforme esta, existían 8 fuerzas principales llamadas “las ánimas de Thot” que daban forma a todo cuanto había existido, existía y existiría, desde el comienzo de los tiempos hasta el último ocaso. Esto es absoluta y tajantemente falso, naturalmente. Mas la verdad es que todo depende de de qué forma deseemos trazar la frontera entre química y metafísica. Por el hecho de que aunque podemos distinguir con total claridad una de otra, la ciencia ha nacido de proto-ciencias, poquito a poco y de forma gradual, haciendo imposible decir con precisión en qué momento comienza una y acaba la otra. Todo depende de de qué forma de rigurosos seamos.Hoy en día la teoría de la Ogdóada no tendría el menor valor, mas en aquel tiempo traslucía un primer intento de comprender las substancias que componían nuestro planeta, un pensamiento germinal de la química. Por otra parte, teóricos más rigurosos defenderán con uñas y dientes que la química moderna comienza en 1.661 con la publicación de “El químico escéptico” de Robert Boyle o bien aun más adelante, en el siglo XVIII con Antoine y Marie Lavoisier.A veces deseamos clasificar lo indefinible y trazar fronteras imposibles en cosas que, verdaderamente, se desarrollan de forma progresiva y sin grandes aspavientos. De ahí que, meditar en Tapputi y Ninu como las primeras químicas es tan cierto y falso como cualquiera de las otras hipótesis. En verdad, probablemente no nos hayamos entendido, pues aunque la producción de productos cosméticos precisa de conocimientos científicos, en Mesopotamia el término “perfumes” era algo más extenso de lo que es ahora. Los perfumes que hacían Tapputi y Ninu eran substancias de buen fragancia, sí, mas con propósitos medicinales y rituales. En otras palabras: eran una parte central de las etnias mesopotámicas.

Una receta para el Rey

Al tener un papel religioso, la producción de perfumes proseguía un protocolo riguroso en el que las medidas y los tiempos jugaban un papel esencial. Flores, aceites y numerosas plantas aromatizadas eran mezcladas con precisión y reverencia. En verdad, para extraer sus esencias, Tapputi y Ninu se valían (entre otros muchos) de procedimientos químicos como la sublimación, consistente en pasar una substancia de sólida a gaseosa directamente, saltándose de este modo la fase líquida.Por suerte, una parte de una de sus recetas ha logrado llegar hasta nuestros días. En ella Tapputi nos conduce por todos y cada uno de los pasos precisos para prepararle un bálsamo al rey de Babilonia. Primero nos cuenta los ingredientes, que son: agua, flores y aceite de cálamo. Estos elemento se dejaban hervir a fin de que liberaran sus esencias, las que ascendían en forma de vapor para de forma rápida condensarse en gotas sobre las paredes de lo que seguramente era uno de los primeros alambiques de la historia. Estas gotas concentradas eran usadas como una tintura y diluidas en una mezcla de agua y alcohol de una manera afín a como se preparan ahora los perfumes. Así, los aromas eran más ligeros, refulgentes y perdurables. Aquello fue indudablemente una revolución, sobre todo viniendo de tiempos en que la única olor procedía de machacar la resina del olíbano.

Un largo camino por delante

Por aquel entonces, la mayor parte de los instrumentos que utilizaban Tapputi y Ninu se habían creado para cocinar, otra labor donde la química reinaba. No obstante, desde esta temporada el material de laboratorio comenzó a especializarse hasta volverse propio de la disciplina. La química moderna ya estaba en camino, si bien la distancia que quedaba por recorrer sería larga y estaría contaminada por la agridulce alquimia.Poco más es lo que sabemos de estas 2 figuras. En verdad, probablemente jamás llegasen a existir. Desgraciadamente, la información que tenemos de ellas es limitadísima y podría tratarse de un seudónimo, el nombre dado a una comunidad de perfumistas o bien sencillamente una fábula. No sería extraño que, antes o bien después, figuras como estas se desvanecieran en la ficción. La egipcia Merit Ptah, por ejemplo, era considerada la primera médica de la historia. Ahora se cree que pudo ser originada pro un error al confundir a dos personas: Peseshet (que practicó la medicina tiempo después) y la esposa del visir Ramosé. Del día a la noche Merit Ptah podría esfumarse, y lo mismo podría ocurrirles a Tapputi y Ninu.No obstante, existieran o bien no, es bastante seguro que en Babilonia ya había mujeres trabajando como científicas, practicando una suerte de química primitiva. Ellas jugaban un papel importante en la sanidad y en lo espiritual. Con sus procedimientos, pusieron un granito de arena más en el desarrollo de la química y, por lo tanto, del mundo que disfrutamos hoy.

QUE NO TE LA CUELEN:

Tapputi y Ninu pudieron no existir como tal. Se trata de una sospecha frecuente entre personajes antiguos de los cuales no tenemos demasiada información, como con Pitágoras o bien Hipócrates.Que nos cueste decir en qué momento comenzó precisamente una disciplina científica, no desea decir que seamos inútiles de distinguir qué es ciencia y qué no. La teoría de Ogdóada no es científica.Lo más probable es que ninguno de estos perfumes tuviese efecto alguno. Recuerda que la aromaterapia no se ha probado útil para tratar enfermedades y que la fitoterapia es poco eficiente y peligrosa. Ante cualquier inconveniente, consulta a un profesional sanitario y evita los tratamientos alternativos.La tablilla cuneiforme con la que se acostumbra a ilustrar la historia de Tapputi es realmente un documento del tres 000 a.C del periodo de Uruk III que nada debe ver con esta historia.

REFERENCIAS:

Adela Muñoz Páez & Andoni Garritz “Mujeres y química Parte I. De la antigüedad al siglo XVII” Universidad Nacional Autónoma de México (2013) Margaret Alic. “Hypatia’s heritage, a history of women in science from antiquity through the nineteenth century”. Boston, MA: Beacon Press, (1987) Print

Fuente: larazon.es

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