Ya lo informó la Organización de la Naciones Unidas, una octava una parte de las especies del planeta están en riesgo de extinción. Distintas desgracias como la acaecida en un parque turístico de Tailandia, donde diez elefantes se precipitaron por una catarata para salvar a una cría, llevan a preguntarse si el humano es el culpable de este género de desgracias. ¿Fue culpa de las infraestructuras turísticas? La muerte de los diez elefantes en el parque nacional de Khao Yai ha generado una enorme polémica y un enorme movimiento en redes por la parte del activista medioambiental Khemthong Morat, que culpó de manera directa por Fb a las infraestructuras turísticas del parque de la muerte de los mamíferos. Curiosamente, en ese parque 8 elefantes perdieron la vida en 1992. Conforme el activista un centro de visitas del parque “se encuentra en el camino que los elefantes han utilizado para buscar comida desde tiempos inmemoriales”. Además de esto, Khemthong acusó a los guardas forestales del parque de no observar la zona y ahuyentar a los elefantes que se aproximaban a la catarata. Tras la desgracia, se ha desencadenado una encendida polémica en Tailandia, cuyo símbolo nacional es el elefante, sobre los efectos de la acción de los humanos sobre el hábitat de estos animales. Al respecto diferentes asociaciones de protección animal facilitaron datos preocupantes, unos 3000 elefantes salvajes viven hoy día en los bosques de Tailandia conminados por la creciente deforestación, en comparación con los 300 000 paquidermos que poblaban el país hace algo más de un siglo. Las consecuencias de las acciones humanas para los elefantes Mas no es la primera vez que sucede algo de este modo, otro de los casos que dio la vuelta al planeta fue el del elefante Tikiri, que murió el pasado 17 de septiembre, tras haber pasado una vida sometido al maltrato y la explotación. La necropsia descubrió Tikiri había sido maltratada ya antes de su muerte y que estaba anémica . Un poco antes de su fallecimiento una desgarradoras imágenes del elefante desmejorado en Kandy (Sri Lanka) se propagaron de forma viral haciendo saltar las alarmas y logrando que a través de las demandas de miles y miles de usuarios de Fb y Twitter Tiriki fuera retirada de las fiestas de Kandy. No solo eso, los elefantes africanos han sufrido mutaciones provocadas por la caza furtiva, existiendo en ciertas zonas africanas un 98% de hembras colmillos, una cantidad alarmante si tomamos como referencia la media del cuatro% de elefantes sin colmillos anteriormente. La directiva de La directiva de Elephant Voices, Joyce Poole, declaró al periódico británico que había visto una relación directa entre la intensidad de la caza furtiva y el porcentaje de hembras nacidas sin colmillos en ciertos rebaños que controlaba. No hay duda de que la población de elefantes se está reduciendo a un ritmo irrefrenable, salvo que hagamos algo para deternerlo. Y sí, en buena medida es responsabilidad del humano. El año pasado Elefantes sin Fronteras anunció que se habían encontrado 87 elefantes asesinados por cazadores furtivos en Botsuana (Africa). Además, el gobierno de Tanzania anunció que había perdido el 90% de su población de elefantes en los últimos 40 años y la lista roja de La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza UICN incluía al elefante asiático como uno de los más conminados del planeta. Charlamos de una especie cuya población degenera a un ritmo mareante que hace prácticamente segura su temprana extinción. El humano, con la incesante edificación, se marcha “comiendo” espacio de la tierra, haciendo un efecto catarata sobre las necesidades de esta especie animal y por ende afectando al ecosistema y al equilibrio del planeta. La progresiva desaparición de estos mamíferos ponen en riesgo la biodiversidad de las selvas tropicales y la conservación de otras condimentas.

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