Lo que pasa en el mercado de trabajo de EE.UU. y otros países con la restauración blog post pandemia merece ser mirado detenidamente. Unos 10 millones de norteamericanos buscan empleo y la cota de desempleo en el mes de abril fue de seis,1%, un porcentaje alto para este país. No obstante, muchas empresas se quejan de que no hay trabajadores: hay ocho con uno millones de puestos vacantes, un récord histórico. Un fenómeno afín se aprecia en el R. Unido, Alemania, Noruega, Singapur y Australia.

La pandemia ha provocado un desbarajuste nuevo en el mercado de trabajo. Asistimos a un nuevo reparto de cartas y resulta conveniente fijarse en ciertos elementos que le dan forma. ‘The Washington Post’ ha hablado de «la gran reevaluación del trabajo». La Cámara de Comercio de EE.UU. ha advertido que la carencia de mano de obra afecta a las compañías «en todas y cada una de las industrias, en todos y cada uno de los estados».

Por una parte, está el impacto del subsidio de desempleo y las ayudas aprobadas por los gobiernos. En EE.UU. se cree que una ayuda extra por desempleo de 300 dólares estadounidenses semanales ha disuadido a bastantes personas que ya antes admitían trabajar por 700 dólares estadounidenses semanales. Este razonamiento cobró fuerza con los datos laborales de abril, cuando solo se crearon 266.000 trabajos mientras que los analistas aguardaban más de un millón.

Los gobernantes republicanos de 25 de los 50 estados de la Unión hicieron caso a este razonamiento que los demócratas calificaron de «ideológico» y han comenzado a abandonar a las ayudas federales que acabarán el seis de septiembre. Mike Parson, gobernante de Missouri, aseveró que «continuar con estos programas solo empeora los inconvenientes de la fuerza laboral que encaramos actualmente».

En el mes de mayo, el mercado de trabajo de EE.UU. se comportó un tanto mejor y se crearon 559.000 trabajos.

En ciertos casos los subsidios públicos contribuyen a retrasar la incorporación al trabajo

En el Reino Unido se está dando una situación similar, aunque agravada por el Brexit. Más de 1,3 millones de ciudadanos extranjeros han abandonado el país en el último año. El sector de hostelería y restauración (horeca) no ha logrado acompasar su oferta con el ritmo de normalización de la vida en el Reino Unido. Se están produciendo situaciones paradójicas. Tim Martin, fundador de cadena de pubs Wetherspoons y acérrimo partidario del Brexit, ha pedido al gobierno «algún tipo de sistema de visado preferencial para los trabajadores de la UE» para poder capear la situación.

Pero el problema no solo está en la demanda laboral, sino también en la oferta. Hostelería y restauración es el sector que más está notando la falta de mano de obra. Hay testimonios, tanto en la prensa norteamericana como en la británica, de empresarios del sector que han encontrado a sus antiguos empleados trabajando como reponedores en hipermercados. Perciben una renta similar, quizá más baja, pero sin embargo tienen un horario muchísimo menos sacrificado. En muchos casos los empresarios del sector horeca se han quedado dormidos en los niveles salariales previos a la pandemia. ‘The Guardian’ citaba recientemente el caso de Jamie Rogers, una concursante del Masterchef británico que es propietaria de un restaurante, y que ha decidido ofrecer un bono de 1.000 libras a cada trabajador que se comprometa a pasar el verano trabajando en su empresa.

Hay un sinnúmero de otros factores jugando aquí. Desde el legítimo temor a enfermar (muchos de estos trabajadores tienen perfiles de riesgo sanitario) al hecho psicológico de que la gente busca hacer con sus vidas algo diferente a lo que hacía antes de la pandemia. En algunos casos los subsidios públicos contribuyen a retrasar la reincorporación al trabajo y en otros son las decisiones personales. Este fenómeno quizá sea pasajero, pero también puede ser un indicador de un cambio más importante provocado por la pandemia en las relaciones laborales.

En las últimas décadas, la participación de la renta de los trabajadores en la tarta de los beneficios ha menguado. Hay muchas razones detrás de este fenómeno: la desaparición de determinados empleos bien pagados por la evolución del tejido productivo, la pérdida del poder de negociación de los trabajadores, la desnaturalización de los sindicatos (más preocupados de defender a los trabajadores que conservan su empleo que aquellos que lo pierden), el impacto de la robotización, la deslocalización de empresas hacia países con mano de obra más barata…

¿Podrían ser estos desajustes entre la oferta y la demanda en el mercado laboral una señal de que se va a producir un cambio de fondo en la economía? Que la fuerza laboral de China lleva 10 años disminuyendo y eso ha hecho que los salarios allí aumenten ya es conocido. Todo Occidente, además, presenta problemas de envejecimiento y baja natalidad. El Covid-19 ha acelerado otras tendencias como el teletrabajo y ha detenido la globalización, además de plantear cuestiones profundas sobre la vida y el trabajo. Hay quienes piensan que estas fuerzas podrían restaurar el poder de negociación de los trabajadores y contribuir a una subida salarial. Un alza que tendría un impacto inmediato en la inflación.

Reforma en España

Yolanda Díaz ha anunciado una reforma para reducir los contratos temporales. Las personas que hayan ocupado un mismo puesto durante dos años, en un periodo de 30 meses, encadenando contratos temporales, adquirirán inmediatamente la condición de fijos. Aunque faltan detalles por conocer, la decisión supone así una pérdida de flexibilidad, si bien si se acompañase de otras medidas, como la introducción de la llamada ‘mochila austriaca’, andaría en la dirección del ‘contrato único’ que planteó en 2013 el Manifiesto de los 100 economistas.

Fuente: ABC.es

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