Estamos en el año 1910 y la moda de las mascotas de radiador empieza a extenderse. Ciertas eran verdaderas obras de arte como las del vidriero francés Lalique. Mas en otros casos se trataba de figuras de incierto gusto. Para eludir que estas últimas coronen sus vehículos, Claude Johnson que con el tiempo sería directivo de Rolls, busca una solución. Y esta le va a llegar de la mano de John Walter Edward-Scott-Montagu, hijo de uno de los vanguardistas del vehículo, el primer barón de Montagu of Beaulieu.

El aristócrata británico, dueño de la gaceta The Car, y en cuyo círculo de amigos se hallaba Hables Rolls, le presenta a Hables Sykes, un joven escultor del que es amigo y mecenas. Johnson le solicita al artista, autor del trofeo de la Copa Gordon Bennet, concebir una mascota exclusiva para la marca. Sykes ya había cincelado una figura para el Rolls Silver Ghost de Lord Montagu of Beaulieu, bautizada como The Whisperer (El susurro) El escultor, tras un viaje en aquel Rolls, había quedado impresionado por la suavidad con que se desplazaba a gran velocidad.

Por eso The Wisperer simbolizase la coalición de la velocidad y el silencio mediante la figura de una hermosa mujer que se lleva un dedo a los labios. La modelo usada por Sykes en el momento de crear su estatua no era sino más bien la secretaria y amante de Lord Montagu of Beaulieu; Eleanor Velasco Thornton.

El encargo de Claude Johnson
A Claude Johnson le agrada el trabajo efectuado por Sykes y le solicita que conciba una figura para los Rolls. Amante del arte, Johnson tenía costumbre en sus usuales estancias en la ciudad de París de visitar el Museo del Louvre donde jamás faltaba a la cita con la insigne Niké descubierta en la Isla de Samotracia, pieza maestra del periodo helenístico. De esta forma cuando efectúa el encargo a Hables Sykes, le afirma al artista; «quiero algo tan precioso como la Victoria de Samotracia. Vaya a verla»

Al fin y al postre ¿podía haber algo más natural que erigir un acrotera de inspiración griega en la cima de un radiador cuyas formas y proporciones se inspiraban en la testera de un templo heleno? Sykes se pone manos a la obra y da vida a una figura, indudablemente inspirada en la Victoria de Samotracia, mas cuyo semblante reflejaba los rasgos de Eleanor.

La primera temporada
Hables Sykes bautiza su escultura como el Spirit of Ecstasy aunque asimismo va a ser famosa como The Flying Lady. Para el escultor la pequeña diosa, con los brazos extendidos y su mirada fijada en el horizonte, era la pura expresión del vivo placer. Solamente fabricadas en el taller del artista desde el año 1911, las mascotas de esa primera temporada son efectuadas conforme la técnica tradicional de la cera perdida por eso no existiesen 2 iguales. Y cada una de esas figuras estaba firmada en su base ; «Charles Sykes, February 1911», o «Feb seis, 1911» o bien «6.2.11». Esta firma se sostuvo hasta el año 1951.

Otro detalle es el material. De 1911 a 1914 cada Spirit of Ecstasy estaba efectuado en plata mas esto suponía un atrayente para los ladrones con lo que hubo que substituir el noble material por aleaciones con menos estirpe.

Su altura original de 17,5 centímetros, se amoldará transcurrido el tiempo a cada nuevo modelo de la marca. En el año 1934, Hables Sykes efectúa una versión arrodillada de su creación, por encargo de ciertos clientes del servicio. Esta variación pretende eludir tener que virar una cuarta parte de vuelta a la Flying Lady para librar la apertura del capó del motor. Mas tras la II Guerra Mundial, la mayor parte de los usuarios de la firma británica continuarán fieles a la figura original.

Salvedades
Solamente 2 Rolls no han llevado en su origen la legendaria figura de Sykes. Uno fue el primer Phantom IV, destinado a Isabel II, que incorporaba la mascota de las reinas británicas, el San Jorge a caballo derrotando al dragón, obra del artista Edward Seago. Esta mascota es puesta en los Rolls de la flota real cuando son empleados por la Reina. El segundo caso es otro Phantom IV, en un caso así destinado a la princesa Margarita, hermana de la reina, y que llevaba la figura de un Pegaso obra de Louis Lejeune.

Y un caso muy particular. Al propio Henry Royce jamás le emocionó la Flying Lady. Incorporada en una ausencia suya de la factoría por enfermedad, su pragmatismo de ingeniero le llevó a estimar esta figura como un capricho de las tendencias… Y en los turismos que usaba para su empleo particular, era prudentemente retirada por los mecánicos.

Los nuevos tiempos
Más de un siglo tras su creación, este orgulloso símbolo continúa sobre el radiador de los Rolls si bien ya no se fabrique en el taller de Hables y John Sykes. Claro está que en este siglo de vida ha pasado por numerosas contrariedades. De esta forma en los años 70 del siglo pasado fue prohibida en Suiza por seguridad. La contestación llegó con el Silver Spirit, que adoptó por primera vez una figura retráctil para no ocasionar daños en el caso de atropello.

Mas Eleanor Velasco Thornton, la inspiradora de esta historia, jamás llegó a a conocer toda la fama de la Flying Lady. En el último mes del año de 1915 embarca al lado de Lord Montagu of Beaulieu en el «SS Persia» con rumbo a la India. El día 30, a su paso por Creta, el navío es hundido por un submarino alemán. Eleanor muere ahogada al paso que Lord Montagu va a tardar múltiples días en ser salvado. Cuando el aristócrata retorna a Londres, va a poder leer en múltiples periódicos su obituario.

Fuente: ABC.es

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