Si en un inicio se propuso dotar a la zona euro de un tanque pesado para defenderse en tiempos de crisis, el desgaste de las negociaciones lo deja en una pistola de pequeñísimo calibre. “No va a ser el enorme bazuca que alguna gente pensaba”, afirmó el día de ayer una alta fuente europea refiriéndose al presupuesto de la eurozona que el día de hoy deben aprobar los ministros europeos de economía en Luxemburgo. “Empezará pequeño”, agregó la fuente y después vamos a ver.
Por “alguna gente” se puede leer sencillamente la referencia al presidente francés, Emmanuel Macron, que es el promotor y gran portaestandarte de este presupuesto, y que, poquito a poco, logró sumar un apoyo relativo y nada entusiasta de la canciller alemana, Angela Merkel; mas que chocó con la oposición férrea de ciertos países del norte, con Holanda a la cabeza.

Calviño no admitirá un presupuesto de la zona euro que solo sirva para observar las reformas estructurales

España es uno de los países que sostiene una de las situaciones más ambiciosas, y que informa que no admitirá un mecanismo que no tenga una función contracíclica, que solo sirva para una vigilancia auxiliar de las reformas estructurales. “Nos opondríamos a un instrumento que no cumpliese estas condiciones. Si lo único que hace es ser un mecanismo de control de las reformas, no lo apoyaríamos”, señalaron fuentes del Ministerio de Economía. O sea, ya antes de admitir un instrumento desenfocado en sus funciones, prefieren no contar con de ninguno.

En el último mes del año, cuando se aprobó el principio de crear este presupuesto, se estableció como instrumento para prosperar la convergencia y la competitividad, mas se dejó fuera a otro objetivo, el de estabilidad, o sea, el de sostener el nivel de inversión asimismo en tiempos de crisis, cuando el país perjudicado se queda sin recursos para sostenerlo.
No se admite este propósito, se le niega aun un nombre entendible al presupuesto, que ha terminado bautizado como Instrumento Presupuestario para la Convergencia y la Competitividad (BICC), y se restringe drásticamente su montante. La financiación se realizará mediante los presupuestos de la Unión Europea, con lo que se puede proponer una cantidad de 17.000 millones de euros en siete años. Para llenarlo, ciertos países demandan agregar una financiación directa de los países miembros, mas este punto prosigue a discute. Los que, como España, desean esta vía suplementaria lo hacen pensando en favorecer el desarrollo progresivo de lo que, por el momento, va a ser un feto de presupuesto; exactamente la misma razón por la que los contrarios se oponen.

Si el presupuesto de la zona euro está complicado, mas con perspectivas de lograr algún género de acuerdo, mucho peor son las perspectivas sobre la pieza que todavía falta para llenar la Unión Bancaria, la protección de los depósitos. Del sistema europeo de garantía de depósitos (EDIS), ya solo se aspira a que no quede claramente sepultado, y que prosiga discutiéndose en los próximos meses. “Desgraciadamente, sobre este proyecto el impasse se sostiene. No se ha logrado ningún progreso tangible”, declaró el día de ayer el vicepresidente de la CE, Valdis Dombrovskis.

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