La demanda eléctrica es uno de los indicadores clave de la buena salud de cualquier economía. No hay nada más que echar una ojeada a las hemerotecas que cuantifican en gigavatios las oscilaciones en empresas y hogares. Toda vez que se apaga la luz, tremen las finanzas. Y el cortocircuito es ya un hecho. La demanda de electricidad se cae en lo que va de año a niveles de recesión. En ciertas industrias, como la automotriz, el hundimiento en los últimos 12 meses es del 11%.En 2009, año en el que la crisis financiera tumbó la economía de España, el Producto Interior Bruto se desinfló un tres,7%, un punto menos que la demanda eléctrica, que cayó un cuatro con siete% hasta los 252.660 GWh. Toda esa caída de la demanda estuvo vinculada a la actividad económica, conforme los datos registrados por Red Eléctrica De España (REE). En 2010, la actividad se recobró y si bien el Producto Interior Bruto cerró plano, la demanda se activó un tres,1%. De esa cantidad, un dos,7% correspondió al mejor comportamiento de las compañías.Desde 2011 a 2013, España entró nuevamente en barrena. A lo largo de esos años, la demanda eléctrica padeció un nuevo caiga. En 2011, el Producto Interior Bruto menguó un 0,8% y la luz padeció un retroceso del uno con nueve%. La caída de la actividad industrial tuvo la culpa en un punto porcentual. En 2012, el hundimiento económico fue del tres%. En un caso así, la depresión de la demanda eléctrica por la actividad económica (-uno con ocho%) fue aun superior a la de los hogares y a la media general (-uno con cuatro%). En 2013 llegó la tercera caída anual sucesiva. La economía volvió a caer un uno con cuatro%, bajo la demanda eléctrica, que se hundió un dos,2%, todo calculable a la actividad económica, conforme exactamente los mismos datos de REE.La restauración económica viene acompañada de la energética. Salvo una sola salvedad. En 2014, los hogares todavía no creían en la salida a la crisis. Si bien el Producto Interior Bruto terminó medrando un uno con cuatro%, la demanda eléctrica volvió a hundirse por cuarto año seguido. No obstante, el uno con uno% de retroceso (hasta los 243.174 GWh) se quedó en un –0,1% descontados los efectos de laboralidad y temperatura. O sea, teniendo presente que el invierno fue caluroso y el verano se hizo soportable, la demanda se sostuvo plana. La auténtica restauración, la que llegó desde 2015 a 2018 se tradujo en avances del tres% en el Producto Interior Bruto y en crecimientos de la demanda eléctrica. Quizás no tan atractivos como en los años del «boom» de la construcción, mas aumentos por fin.La demanda eléctrica cayó un uno con nueve% el pasado octubre, descontados los efectos de la temperatura y el calendarioAhora, con todos y cada uno de los indicadores echando el freno, la demanda eléctrica muestra nuevamente síntomas de debilidad. No obstante, estos son aun más agudos de lo aguardado, lo que puede ser un síntoma de que la desaceleración es más profunda de lo previsto. De este modo lo reflejan los datos facilitados por REE pertinentes por mes de octubre, en el que la demanda fue un 0,7% inferior al mismo mes de año precedente, hasta lograr los 21.432 GWh. En un caso así, descontados los efectos del calendario y de las temperaturas, la caída es aun superior, de un uno con nueve% con respecto a octubre de 2018. En el sistema eléctrico peninsular, la demanda de octubre bajó hasta los 20.133 GWh, un 0,8% inferior a la registrada en exactamente el mismo mes del año precedente. Si se tienen presente los efectos del calendario y las temperaturas, la caída es del dos% respecto a octubre del 2018. La demanda mensual asimismo fue inferior, en un caso así un 0,7% en términos interanuales, una caída todavía mayor (–1,8%) en términos desestacionalizados. Solo el sistema tirotear se anotó crecimientos en el mes de octubre, del tres% (hasta 490.338 MWh). Con los efectos del calendario y las temperaturas, el incremento fue del dos,5% respecto a octubre del 2018.

Diez meses cuesta abajo

Los datos de octubre firman una clara tendencia a la baja desde enero. De este modo, a lo largo de los diez primeros meses del 2019, la demanda estimada por REE alcanzó los 220.452 GWh, un uno con ocho% menos que en exactamente el mismo periodo de 2018. Dato todavía peor una vez corregida la repercusión del calendario y las temperaturas, con una caída del dos,8% con respecto a enero-octubre de 2018. La demanda peninsular, donde se concentran la mayoría de factorías, empresas y población, registra peores datos todavía. En lo que va de año, la demanda de energía eléctrica en la Península fue de 207.436 GWh, un uno con nueve% menos que en el 2018, cifra que se marcha al –3% teniendo presente las temperaturas y el calendario. La demanda sí aumenta en las islas (un 0,8% en Baleares y un 0,1% en Canarias).A tenor de estas cantidades y a menos que se dispare el gasto eléctrico en los 2 últimos meses del año, la caída de la demanda amontonada hasta octubre, de entre el uno con ocho% y el dos,8%, se halla en el rango de los 3 últimos años de crisis, en los que la economía de España volvió al lodo.Especial mención merece el campo automotriz –que representa el 10% del Producto Interior Bruto y que supone un dos,7% del gran consumo– cuya demanda eléctrica se ha hundido un 10,8% en los últimos 12 meses y un siete con dos% el mes pasado de octubre, lo que no presagia nada bueno por el peso del motor y de las industrias auxiliares en la utilización y las exportaciones.

Caídas en las industrias metalúrgica, química y papelera

Las industrias, grandes usuarios de energía, están adelantando una fuerte desaceleración. De este modo, la demanda de las metalúrgicas, que representan el 23,3% del gran consumo, se ha precipitado un 12% en los últimos 12 meses (12,5% en el mes de octubre). El de las químicas cae un cuatro con ocho% y el de las plantas papeleras cae un dos,9% (seis con siete% en el mes de octubre).

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