La contaminación llega al aula



No, no estamos atacando el inconveniente de la polución de raíz. la capital de España Central o bien el Área Metropolitana de Barna no son la panacea. Y no, tampoco se está resguardando a los colectivos más frágiles. La OMS (OMS) alertó hace unos meses que a nivel global poníamos a una generación entera bajo riesgo de tener un factor intelectual menor por la polución atmosférica. Respirar aire polucionado afecta de forma trágica al desarrollo del pequeño. En el caso de los menores, no solo pasan más tiempo al aire libre, sino la polución tiene un impacto a nivel del desarrollo cognitivo y del sistema inquieto de los más débiles debido a que sus cerebros y sus órganos están en desarrollo hasta el periodo de la adolescencia. Y, no obstante, el 93% de los menores de 15 años respira aire polucionado a nivel del mundo. Tal es con lo que la Agencia Europea de Medio Entorno (AEMA) notificó el primer día de la semana del proyecto CleanAir@School, cuyo objetivo es controlar la calidad del aire en las escuelas europeas con un doble objetivo: que los pequeños aprendan sobre polución y los efectos en la salud, y que los progenitores puedan caer en la cuenta de de qué manera el transporte por carretera afecta a la calidad del aire y, por consiguiente, a la salud de sus hijos con el fin último de que opten por dejar el vehículo aparcado. Los diésel Mas esa polución no está solo en el exterior, sino llega al sala, tal como ha probado el proyecto dirigido por Jordi Sunyer, del ISGlobal. Y, curiosamente, la polución del aire interior de las salas puede ser superior a la del patio. Bien lo sabe Xavier Querol, estudioso del CSIC. «En nuestro conjunto medimos el óxido de ázoe (NO2), las partículas en suspensión (PM) dos con cinco, las ultrafinas PM 0,1 y el carbono negro –que equivale en nuestras urbes al hollín que emiten los diésel– en 39 escuelas: 37 en Barna y 2 en Sant Cugat, que es una zona bastante residencial». Midieron los focos de emisión internos (lo que emiten los materiales y las fuentes de su interior, lo que se infiltra del exterior y los productos de las reacciones entre el interior y el exterior) y la polución del aire exterior. Asimismo hicieron el análisis químico de los filtros de PM dos con cinco. Los resultados de este proyecto charlan por sí solos: en los patios de las escuelas el aire tenía una concentración de NO2 superior en el fondo urbano, la nube de polución medida en estaciones distanciadas del tráfico. De este modo, «mientras la concentración de NO2 en Barna en un fondo urbano es de 41 microgramos por metro cúbico, el nivel en los patios de las escuelas es superior: 48», precisa Querol. «Para que te hagas una idea –prosigue–, en una estación de mucho tráfico puede estar en 100 y en un fondo urbano, como sería por poner un ejemplo la Casa de Campo o bien El Retiro en la capital de España, en 30». «Este dato –el de 48– es elevado, mas el inconveniente es que muchos institutos están rodeados de tráfico. En el sala, en cambio, este rango baja a 30, si bien prosigue siendo elevado. El origen es solo exterior. La conclusión es que el 62% de NO2 se infiltra a las aulas». De este modo, en el caso de carbono negro, el hollín de los diésel, se infiltra en el sala el 84%, puesto que en el patio hay uno con cuatro microgramos por metro cúbico y en el sala uno con dos, al tiempo que en el fondo urbano hay uno con tres, especifica. Reacción con fuentes internas En lo que se refiere a las ultrafinas que son tan pequeñas como una pelota con respecto al diámetro de un campo de fúbol y que emiten los diésel viejos, «en el patio se registraron 23.000 microgramos y en el sala 15.000 (igual que en el fondo urbano). Esto es, se infiltra el 65%, si bien en el sala asimismo puede haber fuentes internas», precisa Querol en referencia a las partículas que se generan en la atmosfera por reacciones químicas de gases como pasa con los limpiasuelos con fragancia a pino, limón, etc. Ahora bien, «vimos que por las tardes había picos de ultrafinas mas era meridianamente cuando se aplicaban los limpiasuelos, pues son substancias que emiten compuestos orgánicos volátiles y eso reacciona con el ozono que se infiltra de fuera y produce muchas partículas ultrafinas, mas claro, se limpia por la tarde cuando no hay pequeños y se ventila». Esto es, que de eso no nos debemos preocupar. En conclusión: «En los patios de los institutos el nivel de NO2, de PM 0,1 y el carbono negro era superior al registrado en una estación de calidad del aire de fondo. Eso se debe a que los institutos están muy cercanos al tráfico al tiempo que la estación de calidad del aire de fondo no tanto». Mas si hay un dato que llama en especial la atención es el de las PM 2,5: «En el patio había 29 microgramos y en el interior, en el sala, 37. Nos sorprendió que fuera más alto dentro pues dentro del sala la concentración de este contaminante se duplica con respecto a la calidad del aire de fondo urbano en Barcelona: 17». El motivo de ese incremento… los areneros. Como teníamos los análisis químicos nos percatamos de que cuando los niveles de PM2,5 eran altísimos era pues había mucha materia mineral: arcillas, cuarzos, carbonatos. Vimos que eso se generaba en los institutos que tenían un patio de juego con arena. Eso se debe a que la arena, si bien es más gruesa que el PM2,5, se marcha haciendo finísima al pisarla los pequeños a lo largo de años si no se cambia. Generan un efecto de molino que hace finísimo ese polvo mineral y, tras jugar, lo metían en las salas. Después asimismo había en el interior células orgánicas (piel, pelo), aparte de la polución que se infiltraba. «Una cosa que me llamó mucho la atención es que de los los 39 institutos, había 5 clases que tenían más carbono negro dentro que en el patio. Me afirmé esto no puede ser pues si es el hollín del diésel no habría de ser más alto. Examinando en detalle esas 5 salas vimos que daban a calles con mucho tráfico o bien a salidas de circunvalaciones. En cambio, el patio estaba más distanciado del tráfico». «Necesita mejorar» «Lo esencial es separar los institutos del tráfico, de ahí que en Inglaterra se han hecho reglas a fin de que los nuevos centros se edifiquen a más de 100 metros de vías con mucho tráfico», explica Querol. Un caso que asimismo comparte Juan Bárcena, de Ecologistas en Acción. En verdad, hace unos años, esta Organización no Gubernamental publicó una investigación elaborado en la capital de España que concluía que «casi un 40% de los centros de educación presentan una exposición alarmante a la polución atmosférica al encontrarse a menos de 100 metros de vías con una Intensidad media diaria (IMD) de 10.000 automóviles. Un nueve% se halla en una situación realmente preocupante al estar a menos de 100 metros de vías con una IMD de 40.000 automóviles. También, asimismo se puede estimar una situación grave que el nueve% de los institutos ubicados a menos de 200 metros de vías de altísima intensidad con un IMD de 80.000 vehículos/día». Aunque este estudio se hizo ya antes de la capital de España Central, asimismo es verdad que no tuvieron presente las vías de acceso a la capital de España ni la M40, ni el ozono troposférico y, además de esto, la capital de España Central no cobija exactamente todos y cada uno de los institutos en su interior. En lo que se refiere a los centros escolares ya construidos, «la solución es reducir el tráfico de sus aledaños, y no solo de los institutos, asimismo de los centros de atención sanitaria, los parques infantiles, etc. «También se puede decantarse por poner barreras verdes (árboles a fin de que retengan más la polución y de paso el estruendos), si bien lo más viable y preciso es reducir el número de coches», afirma Querol. Otra cosa que se puede hacer es utilizar productos con escasas emisiones de materiales volátiles, como en pinturas, embarnices, etc. En este campo existen muchos productos certificados a este respecto. En suma, los más frágiles respiran aire polucionado y la única solución a la espera de la implantación del vehículo eléctrico es separar el foco de polución de ellos. Esa habría de ser la prioridad para todos y cada uno de los municipios.

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