Una de las asignaturas pendientes de la innovación en Catalunya es la trasferencia de la ciencia al mercado. El territorio tiene reputados centros de investigación de los que surge el tres% de las publicaciones científicas a escala mundial. No obstante, una gran parte de la innovación termina olvidada en el fondo del cajón. “Universidad y empresa charlan un idioma diferente, y en este país no se han esforzado mucho en entenderse”, lamenta Óscar Sala, directivo de la iniciativa público-privada The Collider. Este programa, impulsado por el fondo mVentures, de la Fundación Mobile World Capital, tiene la meta de aproximar estos 2 mundos: advierte proyectos universitarios que responden a ne­cesidades del mercado y los explota a través de la creación de startups.

Por cada proyecto, el programa invierte a fondo perdido unos 50.000 euros, que proceden de los 8 millones que mVentures recibió en el 2015 por la parte del Municipio de Barna, la Generalitat, el Estado y la Fira de Barna. Múltiples profesionales de la Mobile World Capital administraron el proyecto hasta el momento en que en el 2018 ficharon a Sala para la dirección. “No pude decir que no. Siempre y en todo momento he tenido el gen emprendedor dentro”.
Natural de Barna hace 43 años, Sala medró rodeado por la cultura del negocio familiar. Por una parte, de la familia Sala, industriales textiles de Terrassa, y por el otro, de la familia Palomés, apoderados de los laboratorios Prodesfarma (que entonces se fusionaron con Almirall). Maravillado por los primeros ordenadores, Sala estudió ingeniería informática en la UPC, mas al poco tiempo se adentró en el planeta de la compañía. Trabajó un par de años en HP y, en el 2000, entró a trabajar en servicios de banca digital de Caixabank, donde ocupó múltiples cargos durante 15 años. Mientras que, completó su capacitación con un MBA de Esade –que lo terminó de “estropear”, bromea– y en su tiempo libre, se aventuró a emprender. Siempre y en todo momento de la mano de otros asociados, lanzó Easy Mobility en el 2003, una solución para progresar el tráfico urbano, y en el 2010, creó la plataforma de visitas médicas Doctors For World. Ocupó cargos en otras startups y participó en fondos de capital peligro. Pasó asimismo por la fintech estadounidense Strands y cofundó el think tank BarcelonaQbit, experto en cuántica. Salvo este último, el resto de los proyectos propios no funcionaron, y de esta manera es como Sala aprendió que un negocio solo marcha con un equipo motivado y multidisciplinar, una lección que traslada ahora a los proyectos de The Collider.

“Para cada startup escogemos a 3 profesionales: un científico, un emprendedor con experiencia y otro más joven. Pasamos 6 meses buscando los perfiles y contamos con el apoyo de 60 grandes corporaciones del país. Hay demanda: recibimos 400 peticiones por año y elegimos diez. De estas, solo 3 o bien 4 terminan en el mercado”. Entre las startups que The Collider ha impulsado, están RheoDx, de transfusión de sangre; Pharmacelera, de i+D para farmacias, y Saalg Geomechanics, un software para constructoras. La mayor parte de los proyectos nacen del ecosistema renovador catalán, si bien el programa se esmera por atraer talento internacional.
“En la trasferencia científica y tecnológica tenemos una enorme ocasión de país. La innovación produce empleo y riqueza. Un ­euro invertido en la ciencia revierte en 30.000 euros en la economía del territorio. Exactamente el mismo euro en la universidad produce 7 millones”, asegura Sala, persuadido de que The Collider es el proyecto de su vida. Sin olvidar, claro, su mujer y sus 4 hijos, con los que comparte su tiempo libre cuando el trabajo se lo deja. La lealtad a sus valores cristianos le ha traído hasta acá. Asimismo el legado de su abuelo Joan Palomés: “Me enseñó la cultura del esmero y la ambición, precisos en nuestros días para localizar la manera de mudar la vida de las personas con el empleo de la tecnología”, concluye.

.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *