Nubarrones de recesión se ciernen sobre la economía alemana, una inquietante señal para el conjunto de Europa, que transita la desaceleración, palabra que pronto puede quedarse corta. El PIB de Alemania, primera economía del continente, se contrajo en el segundo trimestre del actual año un 0,1% con respecto al primero, conforme datos temporales que la Oficina Federal de Estadística (Destatis) propagó el día de ayer. En el primer trimestre había crecido un 0,4%, tras haber sorteado por los pelos otro amago de recesión técnica –definida como 2 trimestres sucesivos de descenso del PIB– en el último trimestre del 2018.
Este ir y venir del peligro, siempre y en todo momento con cifras al máximo, confirma el frenazo de la economía de Alemania, mortificada en sus exportaciones por la guerra comercial entre Estados Unidos y China, por el proteccionismo de Trump –que está poniendo en el punto de atención la industria automovilística europea–, y por el Brexit, cuya nueva data de ejecución, el 31 de octubre, acrecienta la inseguridad general amontonada por la posible salida salvaje de R. Unido de la Unión Europea.

Un mal dato en el tercer trimestre, algo que no se descarta, implicará la entrada en recesión técnica

“El comercio exterior frenó la evolución del desarrollo económico, pues las exportaciones recularon más que las importaciones frente al trimestre anterior”, resumió Destatis en un comunicado. La demanda interna de familias y empresas, y el gasto público, repuntaron entre abril y junio, mas no lo bastante para compensar el parón del ámbito exterior y la industria. Asimismo hubo más inversiones, aunque no fue el caso de la construcción, que entre enero y marzo había impulsado el desarrollo general merced a un invierno inusualmente temperado. Tras estos datos temporales, Destatis publicará información más ajustada el próximo 27 de agosto, mas absolutamente nadie en Berlín espera un vuelco que dé alegrías, y ciertos observadores temen una nueva contracción en el tercer trimestre.

Por este motivo, se levantan voces demandando al Gobierno de gran alianza de conservadores y socialdemócratas de la canciller Angela Merkel un plan de estímulos. De este modo, en contestación a la evidente caída de las exportaciones, ya la semana pasada la Federación de la Industria Alemana (BDI) emplazó al Estado a gastar más. Su director, Joachim Lang, apuntó el nueve de agosto en un comunicado que “el Estado debería situar sus prioridades de manera rápida en alentar la inversión y la innovación”, y adujo que en el tesoro público “hay todavía margen para gastos auxiliares, con lo que el superávit existente debería destinarse a inversión”. Asimismo Claus Michelsen, responsable del departamento de Política Económica del Instituto Alemán de Investigación Económica (DIW) de Berlín, consideró el día de ayer que “el Estado debería gastar más, por servirnos de un ejemplo en proyectos para el cambio energético y la movilidad, en el campo de la digitalización, y en el mercado inmobiliario”.

Ciertas voces llaman al Estado a gastar más para alentar la economía, mas Merkel no lo prevé

Mas el martes, la canciller Merkel ya afirmó que la alianza de Gobierno sostiene su apuesta por el déficit cero en las cuentas públicas, y el día de ayer su viceportavoz insistió en que el Gobierno no ve “necesidad de nuevas medidas de estabilización de la economía”. El Ministerio de Economía, cogido entre 2 fuegos, trató de adaptar, como es su costumbre. El ministro de Economía, el democristiano Peter Altmaier, vio el mal dato del Producto Interior Bruto como “una llamada de alerta”, mas asimismo estimó que la recesión es eludible. “Estamos en una fase de debilidad económica, mas aún no en una recesión; podemos evitarla si tomamos las medidas adecuadas”, declaró en Bild. La previsión del Ministerio es cerrar el año con un avance de apenas el 0,5%.
“El dato del Producto Interior Bruto claramente marca el fin de una década dorada para la economía alemana”, aseveró Carsten Brzeski, economista jefe de ING Alemania. Conforme este especialista, pese al desarrollo en 35 de los últimos 40 trimestres, realmente desde el tercer trimestre del 2018 la economía alemana se encuentra de hecho atascada, con un desarrollo trimestral medio del 0%. La década dorada (en puridad han sido 9 años) se materializó merced a reformas estructurales anteriores, a estímulos fiscales, y a la política expansiva del BCE al lado de una relativa debilidad del euro. Mas si bien ciertos de esos factores persisten, todo señala que a la economía ya no le bastan para contrarrestar la pelea EE.UU.-China, el proteccionismo de Trump o bien el Brexit.

La situación alemana no anima al optimismo en el resto del continente. Locomotora europea y termómetro de lo que puede venir en el resto de países, una marcha errante incidiría más en la desaceleración europea. Los datos de Eurostat confirmaron el día de ayer la abulia en la eurozona, con un desarrollo del Producto Interior Bruto de apenas el 0,2% en el segundo trimestre con respecto al precedente, la mitad que en el comienzo del año. La escena se calca en el conjunto de los 28, donde además de esto el R. Unido recula un 0,2%, primera contracción desde el 2012, y Suecia un 0,1%. De su parte, la producción industrial volvió a registrar caídas en el mes de junio, del uno con seis%. Los nubarrones el día de hoy se posan sobre Alemania, mas el viento puede llevarlos a toda Europa.

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