Todos y cada uno de los asistentes a la rueda de Prensa que había citado Google el pasado miércoles en su laboratorio de Computación Cuántica de Santa Bárbara (California) ya sabían de qué se iba a charlar en la sala. El gigante tecnológico puede tener muchos defectos mas no saber de qué forma llamar la atención del planeta no es uno de ellos. Harmut Neven, el directivo del laboratorio, apareció sonriente vestido con vaqueros, rodilleras de patinador y una cazadora plateada. Ni el atrezzista de «Blade Runner» lo habría hecho mejor Los convidados al acto conocían la historia. Hace unas semanas una supuesta filtración había anunciado que Google estaba a puntito de conseguir la supremacía cuántica. Que Neven apareciese de semejante guisa, con una sonrisa de oreja a oreja, quería decir que ahora iba a anunciarlo oficialmente. Supremacía cuántica: un nuevo cambio de paradigma en la historia de la computación, tal vez un salto de era afín a cuando el humano consiguió la supremacía del metal sobre la piedra o bien de lo digital sobre lo analógico… O bien tal vez no. Un duro golpe para IBM Al tiempo, en las oficinas de otro gran gigante digital, IBM, las sonrisas no abundaban. Conforme Google, su nuevo computador cuántico de 53 qbits es capaz de efectuar en 200 segundos una operación que al equipo Summit de IBM (el computador más potente del planeta) le llevaría 10.000 años. ¡Eso duele! Mas el contrataque de IBM no se hizo aguardar. La compañía anunció que los cálculos de Google no eran adecuados. El computador cuántico Sycamore de la compañía del buscador había efectuado una operación (solo una) más veloz que el Summit. Mas no 10.000 años más veloz, solo dos con cinco días. Google ha ganado una batalla mas no la guerra. La coronación de la supremacía cuántica debe aguardar. Habría que decir que a Dios gracias, pues semeja triste que la era de la computación cuántica se haya anunciado a través de una filtración en un despacho de Santa Bárbara con un técnico vestido de Mad Max. Mas más nos vale que nos vayamos preparando pues lo cuántico ha venido para quedarse. Un computador cuántico como el que ha presentado Google explota ciertas particularidades de las partículas más pequeñas de la materia. En el planeta de lo exageradamente enano (más que los protones, los electrones y los neutrones), las partículas no se rigen por las leyes de la física mecánica que domina en la materia a gran escala. Allá manda la mecánica cuántica. Y ocurren cosas extrañas, como que una partícula puede estar en 2 lugares al unísono o bien que puede encontrarse en un estado A, un estado B o bien en el los 2 estados juntos (es tal y como si el agua pudiese estar congelada y líquida al tiempo). Los ordenadores que todos empleamos, desde nuestro computador al enorme Summit de IBM, operan basados en bits de información que señalan a un electrón si puede pasar una puerta en un transistor. Algo semejante a lo que hacemos con el interruptor de casa dejando o bien no pasar la electricidad. Esa orden la reciben los ordenadores a través de un lenguaje basado en ceros y unos. El código binario nutre billones de transistores en un computador para darle trillones de instrucciones en unidades de información llamadas bits. Limitaciones físicas Si deseamos ordenadores poco a poco más potentes debemos trabajar en el tiempo o bien en el espacio. Un computador básico podría hacer exactamente la misma operación que uno muy avanzado mas requiere más tiempo. El computador es más avanzado pues sus transistores son más pequeños, y en exactamente el mismo espacio puede haber más transistores trabajando. Si bien existen ciertas restricciones físicas que impiden que los ordenadores usuales reduzcan el tamaño de sus procesadores (legiones de transistores) indefinidamente. Y es posible que estemos cerca de llegar a ese límite. Ahí es donde entra la computación cuántica. La información en los ordenadores cuánticos no se fundamenta en bits, sino más bien en qbits, y no es binaria. Los qbits aprovechan la característica de las partículas a nivel cuántico de poder estar en 3 estados diferentes (estado A, estado B y estado A y B al unísono). De forma que ahora tenemos trillones de posibilidades combinatorias más. La combinación de todas y cada una de las posibilidades que ofrecen los qbits hace que un computador de 53qbits como el Sycamore de Google ofrezca 10.000 trillones de inputs posibles.Con esa máquina, los técnicos de Google han efectuado un curioso experimento. Se trataba de solicitar al aparato que encontrara un patrón fijo en una serie inacabable de números supuestamente azarosos. Sycamore lo hizo en mucho menos tiempo que el computador más potente del planeta, el Summit de IBM. Qué grande es la diferencia ahora «casus belli» entre las 2 compañías. Pues en el tablero se juega algo más que una partida de ajedrez. Los ordenadores cuánticos están todavía lejos de poder considerarse, si desee, ordenadores. Para poder aprovechar las particularidades de la materia a nivel cuántico hay que usar ambientes muy especiales: materiales superconductores que marchan solo a temperaturas próximas al cero absoluto (-273.15 grados). Conseguir este escenario requiere ingentes sacrificios, hasta el punto de que los críticos arguyen que el computador de Google no es un computador, es solo un jalón del laboratorio, que ha empleado millones de euros en probar que es posible sostener ese ambiente físico a lo largo del tiempo preciso para hacer una operación. Mas si pretendemos que las máquinas funcionen continuamente, poco a poco más deprisa, que podamos llevarlas en el bolsillo y sean asequibles, la supremacía prosigue y va a ser siendo a lo largo de muchos años de los bits de siempre. La guerra no ha hecho más que comenzar.

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