La exasesora de Pablo Iglesias Dina Bousselham ha mandado un escrito al Juzgado Central de Instrucción número seis de la Audiencia Nacional en el que se desdice de sus precedentes declaraciones y asevera ahora que la tarjeta de memoria de su móvil robado funcionaba en el instante en el que el presente vicepresidente del Gobierno se la entregó.

El escrito, al que tuvo acceso ABC, tiene sitio tras un duro auto del juez Manuel García Castellón firmado este lunes en el que que apreciaba rastros de cuando menos 2 delitos en la actuación de Pablo Iglesias en todo este tema de la tarjeta del móvil de Bousselham que se estudia en el caso Villarejo.

Uno, de revelación de secretos, por el hecho de que la preservó entre cinco y 39 meses sin decir nada a su lícita dueña sabiendo que contenía información sensible y privada. Se trata de un delito semiprivado que solo puede ser perseguido a instancia de parte, esto es, puede denunciar al que fuera su jefe o bien expresar su perdón por los hechos, de tal modo que degenere cualquier acción penal.

No ocurre necesariamente igual en el otro delito del que actúan rastros en la causa. Se trataría, como lo apuntaron la Fiscalía y el juez, de un
delito de destrucción de dispositivos electrónicos
, por el hecho de que conforme la primera declaración de Bousselham en la Audiencia Nacional en el mes de marzo del año pasado y la ampliación que ofreció el 18 de mayo, cuando al fin Iglesias le devolvió la tarjeta de memoria, estaba inútil. Las periciales han constatado que la tarjeta no es que no funcione, es que está «parcialmente quemada».

«Cuando se me entregó, funcionaba»

La defensa de Bousselham, que es exactamente la misma que la de Iglesias, ha registrado este escrito redactado en primera persona y con anhelo de aclarar en el que niega que hubiera tal daño en el dispositivo, si bien fue quien, desde el principio, puso en la pista a los estudiosos con sus declaraciones sobre el tema.

«Respecto de la meritada tarjeta Samsung 32, en la que se hallaban ficheros originalmente contenidos en mi móvil y que aporté en su día a este juzgado, debo decir que en un inicio cuando se me entregó, funcionaba», asegura ahora, sin detallar en qué momento se generó esa entrega.

Afirma saber que funcionaba por el hecho de que verificó «que en su interior estaban los contenidos» de su móvil, sustraído en un centro comercial en el mes de noviembre de 2015. «Yo misma, con el objetivo de resguardar mi amedrentad, mi vida en familia y mi relación de pareja, accedí a los elementos de naturaleza más personal y también íntimos de esta y, por este motivo, puedo señalar que en un inicio funcionaba aunque, no contrasté ni examiné su contenido», asegura ahora.

Sobre el porqué esa insistencia en aseverar que le llegó estropeada, como hizo en sus 2 comparecencias frente al juez y la Fiscalía Anticorrupción, expone que «tratando de rememorar hechos tan convulsos y problemáticos» en su vida, señaló que «nunca» pudo acceder a la tarjeta, mas matiza: «En la medida en la que jamás tuve conocimiento o bien acceso sobre la totalidad del contenido de esta».

Cuando Bousselham aportó el dispositivo en el mes de marzo del año pasado a la causa que se prosigue en la Audiencia Nacional, advirtió al juez y a los fiscales de que no había podido llegar a abrirlo. Apuntó que aun pensó en mandarla a Berlín a un servicio técnico si bien no llegó a hacerlo y se terminó olvidando de ella. En verdad, la tarjeta fue entregada en un sobre con matasellos alemán que es analizado.

Los correos al servicio técnico
El pasado 18 de mayo, convocada frente a las contradicciones en su declaración, insistió en que la tarjeta no funcionaba y para probarlo, aseveró que procuró arreglarla enviándola a un servicio técnico y aportó una serie de mails que debían sostener su tesis. No obstante, como recogen el juez y la Fiscalía Anticorrupción en sendos escritos, de esos correos electrónicos solo semeja tener algún valor probativo el primero: en el mes de febrero de 2017, su marido, Ricardo Sa Ferreira, solicitó información a una compañía de la capital española sobre «recuperar datos de una tarjeta SD» como la sustraída, sin más ni más detalles.

«Los mails no corroborarían la versión de Dina Bousselham prestada en sede judicial el pasado 18 de mayo de 2020», afirma el escrito de la Fiscalía en este punto. «No coinciden en nada», agrega el auto del juez.

En su escrito lo explica así: «Cuando volví a intentar acceder a ella, dejó de marchar, pudiendo haber quedado exactamente la misma perjudicada y es, desde ahí, cuando no funcionaba y no pude regresar a acceder, tratando de recobrar exactamente la misma por mero interés personal, anterior a ninguna cuestión judicial y ignorando lo que sería la siguiente aparición en un registro, de exactamente los mismos materiales con igual origen en mi teléfono móvil».

Cabe rememorar quesu marido tampoco mentó que la tarjeta estaba en su poder cuando el año pasado testimonió en la Audiencia Nacional. Afirmó no tener perseverancia de que hubiera recuperado nada de lo robado en 2015, y no mentó ni la existencia de la tarjeta ni que fue quien procuró repararla poniéndose en contacto con un servicio técnico.

«Me encuentro frente a una situación extraña al origen del presente procedimiento y a la realidad material del mismo», concluye Bousselham, tras rememorar que al final, sus fotografías íntimas y su información personal, «obraban en poder de terceras personas y medios de comunicación» y «algunas habían sido publicadas y otras no» mas todas y cada una procedían, conforme asevera, del hurto de su teléfono.

Fuente: ABC.es

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