El boro, el factor químico que ocupa el casillero número 5 de la tabla periódica, no aparece en estado libre en la naturaleza, se halla conjuntado con el oxígeno formando el anión borato.

El boro es un factor químico muy polivalente, lo hallamos en productos tan variados como jabones, limpiadores, enguajes bucales, gotas oftalmológicas o bien talcos para los pies.

El vidrio más resistente nunca creado
En 1887 el químico alemán Friedrich Otto Schott (1851-1935), un soñador de la ciencia, logró generar, por primera vez, el cristal más fuerte aprovechable, el vidrio borosilicato.

Fue fruto de una investigación vanguardista que se alargó a lo largo de 6 años y que, en concepto de utilidad práctica, podría equivaler al paso del carruaje de caballos al vehículo.

El vidrio borosilicato es el cristal más resistente nunca creado y tiene decenas y decenas de aplicaciones en nuestra vida diaria. Es, por servirnos de un ejemplo, el que se emplea para la fabricación de bandejas para enhornar, en la industria de la vitrocerámica o bien en la fabricación de los espéculos de los telescopios.

No obstante, para ser fieles a la realidad -si hacemos caso a Plinio el Viejo- Schott se limitó a volver a descubrir el borosilicato, puesto que su descubrimiento se había producido muchos siglos atrás.

La química era una profesión peligrosa en la Roma imperial
En el siglo uno de nuestra era un orgulloso artesano se presentó frente al emperador Tiberio, el “divino”, en su vivienda de Capri. Delante de la corte dejó caer un precioso jarro de cristal -que transportaba consigo- contra el suelo de mármol. Frente a la sorpresa de los allá citados el jarro no padeció ningún daño.

Tiberio se mostró enormemente sorprendido y de forma relajada se interesó por aquel novedoso invento. Le preguntó al extranjero si alguien más conocía el secreto de su preparación. El artesano, pensando que en aquella contestación le iba el reconocimiento y la gloria, respondió orgulloso de forma negativa.

El emperador se viró cara su guarda pretoriana y ordenó que le ejecutasen inmediatamente. Tiberio tenía de las mejores compilaciones de cristal de todo el Imperio y no podía dejar que se la arruinara aquel vidrio indestructible.

Es posible, que si el emperador no hubiera terminado de aquella forma tan poco civilizada con el artesano romano, la vasija de Portland, una de las joyas del Museo Británico, no hubiera llegado hasta nuestros días.

Esta vasija es un recipiente en forma de jarro, de principios del siglo primero de nuestra temporada, fabricado en cristal azul violáceo, con un camafeo de cristal blanco que rodea toda la vasija y en donde aparecen representados dioses y humanos.

Una mezcla de borio y sílice
De este modo el artesano, del que ignoramos su nombre, se llevó el secreto de su fabricación a el sepulcro. Conforme Plinio el objeto estaba elaborado desde martiolum, un material que tampoco nos ha llegado hasta nosotros, mas que etimológicamente ten relación con una zona de la Toscana -Maremma- en la que había enormes depósitos de atíncar.

Es realmente posible que hubiera encontrado una parte de material cerca de aguas atascadas o bien fuentes de vapor y que, al incorporarlo al vidrio, se generase el efecto referido.

El vidrio de borosilicato se compone de ácido bórico y ácido silícico. Es un material enormemente resistente al calor, con un intervalo de fusión cercano a los seiscientos setenta grados celsius. Aparte de esta característica, no cambia de color y tiene una elevada resistencia química y mecánica.

Pedro Gargantilla es médico internista del Centro de salud de El Escorial (la villa de Madrid) y autor de múltiples libros de divulgación
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Fuente: ABC.es

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