Los pulpos son maestros del camuflaje, las sepias se comunican mudando de color y los calamares tratan su piel como un folio en blanco sobre el que plasman todo género de fugaces patrones. Son animales de forma profunda visuales y dependen de los colores para comunicarse entre ellos y con su ambiente. No obstante, por paradójico que parezca, no estamos seguros de que sean capaces de ver en color.En nuestros ojos la luz entra mediante la pupila y atraviesa en plena obscuridad una serie de estructuras encargadas de hacer que todos esos rayos coincidan sobre una pequeña una parte del fondo de nuestro ojo. Allá se halla la retina, compuesta por una enorme cantidad de células encargadas de advertir esta luz y convertirla en la información eléctrica que nuestro cerebro interpretará. En lo que se refiere a la percepción del color, la clave no es otra que que nuestra retina tiene 3 géneros de células encargadas de distinguir los colores. Unas advierten la luz roja, otras la verde y unas terceras la luz azul. Combinando las 3 logramos toda la extensa gama de colores que somos capaces de percibir. En verdad, las pantallas de nuestros móviles marchan igual, sumando pequeños pixeles colorados, verdes o bien azules hasta formar una imagen a todo color. No obstante, la retina de los pulpos, calamares y sepias no es de esta forma, pues en ella no hay células expertas en advertir colores.Entonces ¿De qué manera posiblemente los cefalópodos se disfracen con tantos colores si son daltónicos? Cuando los pulpos se mimetizan con el ambiente saben qué color imitar, aun tratándose de objetos que no han visto. ¿Por qué razón iban las sepias a trasmitir sus emociones con colores cuando sus congéneres no pueden verlo? La contestación prosigue siendo un misterio, sin embargo, hay una posible explicación más relacionada con la física que con la biología.

La evolución de los ojos

Nuestros ojos y los de los cefalópodos evolucionaron de forma independiente, mas los dos prosiguieron ciertos pasos en común. Al comienzo de la evolución las células sensibles a la luz estaban en la superficie de la piel, bombardeadas por claridad procedente de todas y cada una direcciones. Con el paso de miles y miles de generaciones fueron hundiéndose, escondiéndose en cámaras oscuras como nuestros globos oculares, acotando el ángulo en que la luz podía llegar a ellas y mejorando el enfoque. En verdad, esta estrategia de enfoque es tan útil que si usas lentes puedes probarla ahora. Haz un pequeño orificio redondo en un papel, quítate las lentes, cierra un ojo y mira a través del folio. Vas a ver como todo gana definición.Pero esto no era todo, pues a medio camino entre el exterior del ojo y la retina se formó el cristalino. Una lente con forma de lenteja capaz de desviar estos rayos de luz, haciendo que se concentren sobre un mismo punto de la retina mejorando aún más la agudeza visual.El iris fue la próxima revolución, contrayéndose para supervisar el tamaño de la pupila y por ende regulando cuánta luz se proyectaba en el fondo de los globos oculares, sobre la retina. No obstante, la pupila de la mayor parte de los cefalópodos tiene formas de fantasía alejadísimas de esta redondez. Siluetas inquietantes, que, lejos de ser redondas como las nuestras, semejan un mal recorte de papel, irregulares y fláccidas. Unas pupilas inútiles de enfocar, una condena a vivir en un planeta diluido. Mas ¿por qué razón? La naturaleza no se esmera en balde y semeja más fácil formar pupilas redondas que darles ese complejo contorno ¿Quizás podrían estar sacrificando la agudeza visual a cambio de algo más valioso?

Un arcoíris en el ojo

Hace un par de años, una investigación conjunto entre las universidades de Berkeley y Harvard sugirió que estas pupilas irregulares estarían fortaleciendo un fenómeno llamado “aberración cromática”. Esta podría estar ayudando a los cefalópodos a ver en color incluso no teniendo receptores listos para ello.La luz blanca que nos llega es una mezcla de colores que, al atravesar una lente (como las gotas de lluvia) se apartan en un arco iris, se refractan. Esto ocurre pues no todos y cada uno de los colores se ven desviados con exactamente el mismo ángulo y, por ende, algo que sabemos desde tiempos de Newton y sus prismas de vidrio. Este efecto es muy usual en telescopios refractores y cámaras de fotografías, cuyas imágenes semejan tener halos de diferentes colores rodeando los objetos, como esotéricas auras.Eso es precisamente lo que pasa con nuestro cristalino, cuando vemos un objeto no podemos enfocar sus colores al unísono, si hacemos que su luz roja se concentre en nuestra retina, su luz verde y azul se diluirá un tanto. Afortunadamente, la diferencia es casi inapreciable en nuestro caso, pues nuestra pupila, tan redonda , ayuda a que los rayos de luz entren paralelos entre sí. Los calamares en cambio lo tienen mucho más difícil.

Capas sobre capas de colores

La pupila rasgada de los cefalópodos no está abierta en su centro, como es nuestro caso, con lo que toda la luz que llega al cristalino lo hace en ángulo, fortaleciendo la aberración cromática. Ahora si tratamos de centrarnos en la luz roja de un objeto vamos a ver que el resto de los colores quedan bastante desenfocados, y esta es la clave. Acortando o bien extendiendo la distancia focal (distancia entre la lente y el punto donde se concentra la luz) los cefalópodos podrían llegar a ver separadamente todos y cada uno de los colores en los que se descompone una imagen. Podemos imaginarlo como múltiples versiones sobrepuestas del mismo objeto, una mostrando solo sus tonos colorados, otra sus tonos verdes y de esta forma para cada color que sean capaces de enfocar.Por supuesto, todo esto no es una certidumbre, mas es la mejor explicación con la que contamos. En verdad es bastante sólida y ha podido ser testeada con simulaciones informáticas. En todo caso, de ser de esta forma, podríamos explicar muchas cosas, unir extrañas piezas que hasta el momento habían continuado sueltas sobre el tapete. La manera de la pupila de los pulpos, la enigmática ausencia de receptores del color, la suma importancia que los colores tienen en su comportamiento, todo semeja justificarse en esta hipótesis de las aberraciones cromáticas.Aunque hay algo aún más sorprendente, y es meditar en la belleza de la solución y en de qué forma tras cada ojo de cada cefalópodo se oculta un arco iris sin el que su vida sería una triste escala de grises.

QUE NO TE LA CUELEN:

Aun no ha sido demostrado que este modelo corresponda a la realidad. No obstante, no solo explica la visión en color de los cefalópodos, sino encaja con todo cuanto ya sabíamos sobre ellos.Toda lente, incluyendo el cristalino de nuestros ojos, genera cierta aberración cromática. La diferencia está en que en nuestro caso las distancias focales cambian menos.No todos y cada uno de los cefalópodos carecen de receptores para el color. Hay una salvedad, el calamar luciérnaga (Watasenia scintillans) tiene 3 géneros de receptores capaces de distinguir tonos entre el azul y el verde.

REFERENCIAS (MLA):

Alexander L. Stubbs and Christopher W. Stubb. “Spectral discrimination in color blind animals vía chromatic aberration and pupil shape”. PNAS., 113.29 (2016): 8206–8211Wen-Sung Chung “Comparisons of visual capabilities in modern Cephalopods from shallow water to deep sea.” PhD dissertation. Queensland Brain Institute, University of Queensland, St. Lucia, QLD, Australia. (2014)

Fuente: larazon.es

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