héroe donde se apagó su luz

Publicado el Por Marina S.


Lloraba al acabar el encuentro Sergio Llull, despojado al fin de todas sus cadenas. Una liberación que llegaba, además, en el mismo lugar donde cuatro años antes se había roto la rodilla. Cuatro temporadas de pesadilla para él, pues nunca había llegado a ser el mismo de antaño, aunque siempre había mantenido las ganas el derroche. Ese que rescató ayer al
Real Madrid cuando perdía por 19 puntos y que le permitió convertirse en
campeón de la Supercopa por cuarta temporada consecutiva. Un título que endulza el sabor amargo de la campaña anterior y que marca el camino para los blancos, felices por haber recuperado para la causa a uno de sus líderes.

El propio Llull reconocía que habían sido «años difíciles para él». Tanto, que se había acostumbrado a convivir con el dolor y las dudas. Con las lesiones. Porque tras dejar atrás aquella rotura de ligamentos solo unos meses después de haber caído en el Santigo Martín de Tenerife, comenzó para el balear un calvario de dolencias asociadas que no le habían permitido volver a brillar.

Había dejado Llull en este tiempo chispazos de su calidad, pero siempre alejado de la continuidad que le había hecho ser el mejor jugador de Europa, por el que suspiraron las franquicias de la NBA. Puede que
el de la Supercopa (MVP merced a sus 24 puntos ante el Barcelona) sea uno más, pero sería el más brillante de todos. El que ilumina la senda para volver a ser el líder que un día fue. Lo necesita el Madrid, ávido de referencias tras la marcha de Doncic y Campazzo a la NBA.

En el mismo parquet donde caía roto de dolor en 2017 lloraba ayer de emoción el balear. «Tras las semifinales había discutido con mi mujer porque estaba enfadado al no haber jugado bien. Por eso hoy, tras ganar, me he acordado de ella, de mi familia y de toda la gente del equipo, que no se ve, y que me han ayudado para estar aquí de nuevo», reconocía el balear, siempre generoso en su discurso.

Hace dos años, sumido aún en las dudas,
reconocía en ABC que le faltaba aún un tiempo para ser el de antes. Su actuación en la final de la Supercopa le da la razón, pero tiene por delante el trabajo más complicado de todos, el de alargar este momento en el tiempo. «Han sido años difíciles y me he emocionado. Nada más acabar el partido se me han desatado las emociones porque me tuve que operar de la rodilla, he sufrido muchas lesiones musculares y jugar un partido importante así, hacerlo bien y ayudar al equipo ha sido muy, muy emotivo. De ahí esa alegría y esas emociones que no se pueden controlar», explicaba el balear, autor de dos triples consecutivos al final del tercer cuarto que permitieron al Real Madrid creer en la remontada.

En estos años, Llull ha vivido un calvario en la sombra. Despojado de los galones por su intermitente aparición en la pista, nunca dejó de trabajar para dejar atrás las lesiones. Los consejos de su amigo Ricky Rubio, uno de los que sabe bien lo que es volver de una grave lesión de rodilla, le ayudaron a mirar con optimismo al futuro, aunque han sido sus amigos y su familia (fue papá por segunda vez hace un año) los que le han servido de refugio en estos años de calvario. También la música, que siempre ha sido un pilar para él, ha cumplido un efecto balsámico en los peores momentos. «Los últimos años han sido difíciles, sí, pero a mí lo que me gusta es jugar al baloncesto y disfrutar». Disfrutar como lo hizo el domingo ante el Barcelona, en una Supercopa de recuerdo para él que le devuelve al centro de los focos. Una redención en toda regla. Lágrimas de alegría con forma de título.




Fuente: ABC.es .

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