Por lo que sabemos, el Cosmos está lleno de ondas gravitatorias. Cada explosión de supernova, cada fusión de estrellas de neutrones o bien de orificios negros, aun el mismísimo Big Bang, deberían haber mandado un elevado número de ondas a través del espaciotiempo. Ondas que, en sus múltiples trayectorias, se mezclan, se cruzan y se sobreponen.

Con el paso de los eones, muchas de esas ondas se han desgastado y resultan bastante difíciles de encontrar, mas los científicos piensan que todas y cada una juntas forman una suerte de «zumbido» general que empapa el Cosmos entero. Es lo que es conocido como «fondo de ondas gravitatorias» y eso es, exactamente, lo que un equipo de estudiosos cree haber captado por vez primera.

«Resulta impresionantemente apasionante ver de qué forma brota una señal tan fuerte de los datos», asegura el astrofísico Joseph Simon, de la Universidad de Rojo en Boulder, miembro de la cooperación NANOGrav y coautor de un artículo que se publicará próximamente en The Astrophysical Journal Letters y que puede consultarse en el servidor arXiv.

«No obstante -sigue el científico- y puesto que la señal de ondas gravitatorias que buscamos engloba la duración completa de nuestras observaciones, precisamos entender esmeradamente lo que hemos captado. Lo que nos deja en un sitio bien interesante, desde el que podemos descartar seguramente ciertas fuentes de estruendo conocidas, mas lugar desde donde no podemos todavía decir si la señal es verdaderamente de ondas gravitatorias. Para eso, precisamos más datos».

Desde su publicación, hace cerca de 3 meses, el artículo ha provocado el interés de la comunidad científica, y son ya más de 80 los trabajos que lo citan. Abundantes equipos internacionales han tratado desde ese momento de confirmar, o bien de rebatir, los datos de Simon y sus colegas. Mas si al final resulta que la señal es verdaderamente lo que semeja, se abriría una puerta plenamente nueva de la astronomía de ondas gravitatorias. Una que podría revelarnos la existencia de fenómenos astrofísicos plenamente ignotos hasta el momento.

La contestación está en los púlsares
La esperanzadora señal procede de las observaciones de una clase de cadáveres estelares llamadas púlsares. Se trata de estrellas de neutrones, los espesos núcleos que quedan de estrellas que han explotado como supernovas, que viran velozmente sobre sí y que, al hacerlo, emiten «pulsos» de ondas de radio de una forma similar a como un faro giratorio emite destellos lumínicos. Si el púlsar tiene la orientación adecuada, emitirá sus pulsos en nuestra dirección, de manera que va a ser posible captarlos con nuestros telescopios.

Los destellos, uno por cada giro, se suceden a intervalos excepcionalmente precisos, tanto que los púlsares se usan para calibrar nuestros mejores y más precisos relojes atómicos. Otras utilidades pasan por sus aplicaciones en la navegación, en el estudio del medio interestelar o bien en las mediciones ultra precisas de la gravedad. Y, desde el descubrimiento de las ondas gravitatorias, los astrónomos los han estado usando asimismo para encontrarlas. Lo que es posible pues las ondas gravitatorias desfiguran el espaciotiempo conforme avanzan, como las ondas de agua desfiguran la superficie de un lago tras lanzar una piedra lo que, teóricamente, debería mudar levemente la sincronización de los «destellos» de radio emitidos por el púlsar.

Como es natural, advertir irregularidades en el ritmo de emisiones de un solo púlsar no significaría gran cosa. Mas si un montón de púlsares mostraran exactamente el mismo patrón de distorsión, eso podría ser una clara patentiza del fondo de ondas gravitatorias. Los estudiosos conocen ese patrón como «matriz de sincronización de púlsares». Y eso es, exactamente, lo que los astrónomos de NANOGrav llevan años buscando al observar minuto a minuto 45 de los púlsares más estables de la Vía Láctea, nuestra galaxia.

Hasta el instante, la ansiada señal que confirmaría el fondo de ondas gravitatorias no ha aparecido todavía, mas sí un «estruendo común», que cambia de púlsar a púlsar mas que tiene, en todos y cada uno de los casos, peculiaridades afines. En conjunto, y tras 13 años de observaciones, los estudiosos han observado alteraciones de unos pocos de cientos y cientos de nanosegundos. Se precisan, puesto que, más investigación y más datos para estar absolutamente seguros de que la señal detectada es justo lo que se procuraba. Los científicos piensan que todo podría aclararse en un par de años.

Si se logra, más adelante sería posible aun aislar de ese estruendo de fondo las ondas gravitatorias procedentes del Big Bang, lo que nos daría una herramienta poderosa para estudiar el Cosmos inmediatamente después de su creación.

Fuente: ABC.es

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