Guillermo del Toro es lo que los americanos llamarían «a tough act to follow», o sea, un personaje al que pocos se atreverían a tomarle el relevo. Precisamente por eso los autores de la nueva «Hellboy» comenzaron por recortar toda relación con los grabes del directivo mexicano. Lo han dejado claro: no se trata de una continuación de la trilogía que Del Toro dejó inconclusa, sino más bien de un filme absolutamente independiente de los suyos. Un «reboot», afirman. Vuelve el monstruo colorado de mal carácter, mas con una carga de crisis existencial y terror bastante más marcadas. ¿Que las comparaciones con las películas protagonizadas por Ron Perlman son ineludibles? Sí, mas para reducirlas a su mínima expresión los productores escogieron una historia que ni tan siquiera se había escrito cuando Del Toro empezó a rodar la segunda entrega de su versión de Hellboy. Mike Mignola publicó la primera una parte de la miniserie «Hellboy: The Wild Hunt» en el último mes del año de 2008 (meses una vez que se estrenara «El ejército dorado»), y en ella cuenta el viaje de su protagonista a R. Unido para participar en la caza de gigantes del Club Osiris. Allá, en la mitad de traiciones y rencuentros con una vieja amiga, Hellboy descubre más detalles de su nacimiento y de su destino como destructor del planeta. «Habían pasado diez años desde la última (película de Del Toro) y no daba la sensación de que fuera a venir ninguna más, con lo que pensamos: “Vamos a hacerlo, mas en un tono más obscuro y con el factor del antihéroe, o sea, que Hellboy se discuta entre el bien y el mal”», explica David Harbour, que encarna al diablo protagonista. La verdad es que hubo mucho misterio en torno a si Del Toro acabaría o bien no lo que, de entrada, ha debido ser una trilogía. Mignola ha dicho que el mexicano se negó a dirigirla y que Perlman, por su parte, no deseó trabajar con otro directivo. De esta manera, no quedó más antídoto que arrancar con una historia absolutamente diferente, con un abanico nuevo y, sobre todo, con un directivo cuyo estilo fuera tan personal y marcado como el de Del Toro. Cruenta y brutal El escogido fue Neil Marshall, que se ha experto en grabes de terror como «El descenso» y «Dog Soldiers» y ha empleado esa experiencia para «oscurecer» a Hellboy. Tanto, que en USA la clasificaron como «R», o sea, para adultos. Harbour describe el estilo de Marshall como el de «un directivo de terror independiente, tosco, y lo digo en el buen sentido, en frente de las fantasías de gran presupuesto de Del Toro. La nuestra se recrea en su calidad de película de tipo B, recuerda un tanto a los thrillers de terror de hombres lobos o bien de Frankenstein. Es cruenta, brutal y terrorífica. Y esa fue la única forma de que me interesase hacerla». Harbour explica que otros 2 factores le persuadieron de encarnar a Hellboy: deseaba aprovechar el éxito que los grabes de superhéroes están cosechando en la taquilla, y deseaba explorar la crisis de identidad del personaje, que lucha contra su genética diabólica para humanizarse. Con respecto a lo primero, el intérprete afirma: «El cine moderno está dominado por los grandes estrenos de superhéroes y deseaba ser parte de esa charla, mas deseaba hacerlo desde mi punto de vista. Yo no soy un Capitán América ni un Superman, soy más difícil, más extraño y también irritable, un tanto paria. Y creo que la voz de los marginados –de aquellos que se hallan en pelea con sus resoluciones y su identidad– ha de ser una voz esencial en este cosmos mitológico. En verdad, tenemos ahora una suerte de panteón de grandes dioses en el que justamente falta Hades, señor del inframundo, una figura infernal que no encaja del todo». Harbour confiesa que a lo largo de años fracasó en el planeta del cine, hasta el momento en que el éxito empezó a llegarle con cuenta gotas cuando tenía más de cuarenta años. Y lo agradece, puesto que asevera que, en caso contrario, «me habría tomado demasiado de verdad a mí. Ahora, además de esto, puedo escoger las narrativas que me interesan», como «Stranger Things», que lo disparó verdaderamente a la fama hace 3 años en su papel de policía de pueblo pequeño. Y ahora este pseudo-superhéroe por el que siente debilidad. «Para mí, lo más atractivo del personaje es que es huérfano y viene a este planeta destinado a provocar el apocalipsis. Mas lo bonito es que es un niño: es Hell-boy. Por tanto, se discute con esta idea de que, si es un monstruo, ha debido de ser asesinado solamente nacer. Mas su padre adoptivo ve algo singular en él y le salva», explica el actor. Agrega que «el padre le llama hermoso múltiples veces a lo largo de la película, y habla realmente bien de él generalmente, mas Hellboy no comprende el término del amor. Y eso me chifla, la idea de que un simple acto de amor le resulta ininteligible pues viene de un planeta de barbarie». Mas no todo es atrocidad y monstruos apocalípticos. El propio sarcasmo de Hellboy asimismo está presente para recortar los instantes más intensos, cuando entre premoniciones, brujas y la relevancia de «salvar al mundo» el filme se toma demasiado de verdad a sí mismo. Y si bien podría parecer que este género de «humor macarra» es consecuencia de la moda impuesta en Hollywood por películas como «Deadpool» y «Guardianes de la Galaxia», realmente a Hellboy siempre y en todo momento lo ha definido su manía de emplear el chiste y las palabrotas para eliminar hierro a cualquier tema demasiado pesado, algo que se traslada al tono del filme de Marshall, como ocurrió asimismo en los de Del Toro, mucho antes que se pusiese de tendencia la fórmula antihéroe-sarcástico de la que hacen alarde Deadpool, Peter Quill y hasta Iron Man. Un traje casero Muy en sintonía con su personaje, Harbour se echa a reír al charlar de su adiestramiento físico para interpretarle y de si ha continuado con la rutina de gimnasio tras el rodaje: «No hago ejercicio. Odio esa jodida mierda», asevera. No obstante, superó esa inquina provisionalmente pues «estoy presto a hacer cualquier cosa que me acerque a la sicología de los personajes que interpreto. Si bien el cuerpo que se ve en pantalla no es el mío –es un traje– sí debí ir al gimnasio, sobre todo a levantar pesas, lo que estimula la hormona del desarrollo y hace que liberes testosterona. La testosterona, por su parte, puede volverte más violento (risas). Eso fue entretenido, jugar con los químicos de mi cuerpo. Además de esto, la preparación física me asistió con las escenas de acción». Asimismo asevera que de todos y cada uno de los músculos, los que más adiestró fueron los de las mejillas. «Las tengo exageradamente fuertes, lo mismo que la frente», bromea. Esa «fortaleza» es consecuencia de un traje casero hecho de equipamento de deporte que se edificó para poder ensayar el papel con exactamente la misma sensación de llevar encima una gran cantidad de maquillaje, como los cuernos que le medran a Hellboy en la frente. «Al principio fue muy complicado. No me dejaban maquillarme para ensayar pues es muy costoso, y fue bastante difícil aprender a supervisar las expresiones y trasmitir emoción con el maquillaje». El filme obsequia al espectador una escena poscréditos –una carta de la baraja del cosmos Marvel–, con lo que deja claro que, siempre que la taquilla acompañe, va a haber secuela. El planeta de Mignola es extenso y aún no han aparecido personajes clave como Abe Sapien, mejor amigo de Hellboy, con lo que Marshall va a poder proseguir haciéndole la competencia a Del Toro. Quizás, en contraste al mexicano, extienda la historia hasta conformar una trilogía.

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